Cultura y Sociedad, Historia, Patrimonio 


La Historia entre las piedras: leyendo el Patrimonio.

El acelerado mundo en el que vivimos ha provocado que las obras arquitectónicas que hoy en día se realizan, sean obras casi efímeras  temporales y con una fecha de caducidad.

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Marcas de navaja para cortar paloduz en el paramento de la Parroquia mozárabe de las Santas Justa y Rufina. Toledo.

Pero este aspecto no ha sido siempre así. Para demostrarlo solo nos tenemos que dar una vuelta por el casco antiguo de una ciudad, y observar los edificios que se mantienen en píe. Estos aguantan el paso del tiempo con dignidad, se adaptan y son sostenibles. Son obras con materiales de primera calidad, bien construidos y solo necesitan la ayuda de pequeñas restauraciones para seguir su paso por la historia.

Todos los edificios nos “hablan”, tienen una historia impregnada en sus cimientos, escrita en sus paramentos y que se nos desvela solo si aprendemos a mirar. Son arquitecturas que han acompañado a grandes personajes de la historia, a momentos de cambios sociales, políticos, económicos y culturales, pero también a personas anónimas que han dejado su marca en algo perenne que no desaparecerá con el paso de los siglos.

Ejemplos son las marcas de cantería en los edificios medievales, aunque hay leyendas entorno a ellas, lo único que es cierto es que son huellas realizadas por operarios anónimos, dejando constancia de su mano en edificios que fueron realizados para mantenerse en píe hasta el Juicio Final. También las marcas de apoyos de andamios, vigas, y material de construcción queda patente en los muros, son arañazos que se observan y se pueden tocar.

También se puede observar el cambio del culto litúrgico, como en las iglesias visigodas, con subdivisión de canceles del recinto, que hoy no ser conservan, pero si podemos ver los huecos en los muros donde serían encajados, evitando que los fieles viesen el momento de la consagración. O como el cambio de religión afecta a un templo, cuyo paradigma lo vemos en la Catedral de Córdoba, un edificio totalmente integrado en la sala de oración de la Mezquita de Córdoba o la Mezquita del Cristo de la Luz en Toledo.

Los edificios religiosos son los que mejor han conservado esos cambios estructurales, de ornamentación, ampliaciones,…siempre para cubrir las necesidades de la comunidad del momento, como podemos observar en los muros, se ven arcos ciegos, puertas cegadas, esculturas partidas utilizadas como material de relleno de los muros, marcas de cuadros pasados de moda que han desaparecido de su lugar original y en su lugar hay otros más acordes al momento,… hay mil y una señales que podemos descifrar, pero para ello hay que jugar a veces con la imaginación.

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Firma de Bécquer en el Convento de San Clemente el Real, Toledo, 1857.

No solo hechos históricos se desvelan en los muros de los edificios, si no que podemos ver hechos cotidianos, como son la huella de los cántaros en las fuentes, las marcas de la navaja del vendedor de paloduz en la piedra de los muros de las iglesias, argollas donde ataban a los animales,…incluso hay lugar para el vandalismo, como ejemplo curioso es el grafito de Gustavo Adolfo Bécquer en Toledo, en el convento de San Clemente el Real en Toledo, donde realizó una pintada sobre el entablamento de la portada.

No solo el arte pictórico y escultórico nos hablan de historias reales y leyendas, sino que se puede leer en los edificios, da igual el carácter o la función que desempeñen en estos momentos, porque esa mole arquitectónica siempre  nos va a dar claves para disfrutar del pasado y leerlo, como si fuese un libro abierto, nosotros mismos, sin necesidad de saber idiomas ni culturas, solo hay que aprender a mirar y, sobre todo, a observar.

 

Vía| Sobre el paso del tiempo de los edificios. 

Más información| AROCA, R., Historia secreta de Madrid y sus edificios. Espasa.BAIXAS, J.I., “El tiempo” en ARQ, nº 59, Santiago mar, 2005.

Imágenes| Marcas de la venta de paloduzGraffiti de Bécquer.

 

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