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La historia de la Cirugía: Una ciencia antigua

La Cirugía, o lo que los griegos llamaban el arte de curar con las manos (del griego antiguo cheir o jeir y ergon, literalmente trabajo con las manos) ha llegado a convertirse en nuestro siglo en una ciencia avanzada que permite casi la realización de intervenciones que en otros tiempos consideraríamos utópicas o de ficción lovecraftiana. Sin embargo, aunque la petulancia y la soberbia médico-quirúrgica actual nos hace creer que en el siglo XXI se ha avanzado exponencialmente en técnicas e instrumentos, y para ser justo así ha sido en cierto modo, olvidamos que muchas de las formas de operar, teorías, técnicas e instrumental provienen de las privilegiadas mentes de los cirujanos de las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, y por ello merecen, como mínimo, nuestro respeto.

Cirujano griego curando una herida incisa

Cirujano griego curando una herida incisa

Si hacemos un breve compendio de técnicas o etiologías desde el principio de los tiempos, nos encontraremos con que al principio de la historia cualquiera que socorriera a un compañero en medio de una peligrosa cacería (contra felino dientes de sable, mamut, échenle imaginación) actuaba genuinamente como cirujano. Esto es evidente ya que las potenciales lesiones que podían sufrir nuestros antepasados iban desde dentelladas hasta cornadas, pasando por un amplio abanico de traumatismos de diferente índole y gravedad. Los más habituales, como es lógico, eran las heridas abiertas con exposición de partes profundas como huesos, las amputaciones traumáticas de miembros y las hemorragias externas o internar profusas. Con total seguridad, y así lo afirman pruebas arqueológicas y antropológicas, aquellos poco evolucionados hombres trataron estos traumas intentado contener la desanguinación y estabilizando las roturas óseas, incluso hay restos que indican que se llegaron a realizar suturas sobre heridas abiertas. Todo ello desde un punto de vista claramente empírico y cuya labor solía ser supervisada por la experiencia de los ancianos de la tribu en cuestión. Tenemos que esperar hasta la Edad Antigua con la hegemonía cultural griega para encontrar a verdaderos cirujanos traumatológicos, con conocimientos suficientes para reducir fracturas, lesiones vasculares y contusiones toracoabdominales, y curiosamente fue durante las Guerras Médicas (nada que ver con la Medicina, fueron sucesivas guerras entre los estados griegos y los medos persas, de ahí el hombre “médicas”), cuando se alcanzó más alto nivel de optimización de las lesiones donde llegaron a tratarse con relativo éxito las heridas profundas por flechas, lanzas y espadas.

La Humanidad avanzó durante casi dos milenios, o incluso más, sin que la cirugía apenas sufriera una evolución lo suficientemente significativa para tenerla en cuenta, ya en las Guerras Napoleónicas los cirujanos seguían tratando el mismo tipo de heridas incisocontusas que sus antecesores compañeros de profesión. Huelga decir que durante todo este tiempo casi la totalidad de los escasos avances técnicos vinieron de la mano de lo que actualmente llamaríamos medicina o cirugía militar (en tiempo de guerras y aplicadas a combatientes, decía Hipócrates: “la guerra es la mejor escuela del cirujano”), pues no fue casi hasta el siglo XX que las técnicas quirúrgicas se comenzaron a aplicar sobre enfermedades civiles. También conviene destacar para evitar posibles confusiones que sí hubo intentos de intervención sobre enfermedades no traumáticas (podríamos considerar las sangrías que se realizaban como una de ellas). Volviendo a los tiempos de Napoleón, los cirujanos ingleses y franceses (en muchos casos navales) comenzaron a abrir las cavidades corporales generalmente con la intención de extraer balas, esquirlas de metralla o reparar con ligaduras los vasos sanguíneos lesionados, cosa que anteriormente no se realizaba. Destacó entre ellos el Barón de Larrey, cirujano favorito de Napoleón, quien diseñó el primer protocolo de tratamiento de los traumatismos quirúrgicos y fue de los primeros en tratar a ambos bandos en las batallas, considerando que la medicina debe ser un concepto neutral y a favor de la humanidad en general; además, ideó el transporte en ambulancia de heridos en el campo de batalla e instauró el triaje como forma de clasificación y selección de los pacientes evaluando su necesidad de atención y supervivencia, cosa que aún se usa hoy en día en casos de emergencias y desastres.

Dominique-Jean de Larrey en Borodino atendiendo a unos heridos

Dominique-Jean de Larrey en Borodino atendiendo a unos heridos

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando la cirugía se convirtió en una ciencia al alza que además comenzó a considerarse como milagrosa por lo que los cirujanos adquirieron un status casi de dioses, debido a la obra de milagros médicos. Ello hizo a su vez que su servicio fuera buscado por ricos comerciantes, nobles y reyes, que buscaban un resquicio de esperanza con el que agarrarse a la vida, todo ello quintuplicó los honorarios de los profesionales quirúrgicos creando una nueva clase estamentaria dominante y privilegiada dentro de los hospitales: el cirujano especialista. Además, se puentearon dos de los tres principales y tradicionales complicaciones de la cirugía: la infección, el dolor y la hemorragia. Pero como se dice, a grandes males, grandes remedios: antisepsia y asepsia, anestesia y hemostasia con transfusión.

 

Continúa…

Vía|Historia de la Medicina, Fundamentos de Cirugía, Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo

Imagen|Cirujano, Larrey

En QAH|La edad de oro de la Cirugía

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