Jurídico 


La hipoteca naval y privilegios marítimos

A pesar de que lo más frecuente en el tráfico jurídico, y sobre todo, lo más frecuente para la mayoría de las personas es hablar de la hipoteca inmobiliaria, también es posible gravar con una garantía hipotecaria un buque o una aeronave.

En España desde 1893, año en que se publica la Ley de Hipoteca Naval. Como sabemos, recientemente derogada por la Ley de Navegación Marítima 14/2014.

No vamos a desentrañar las características de dicho negocio, simplemente podemos decir que entraña una serie de dificultades mayores que la hipoteca sobre un bien inmueble. Así, en éstos, la hipoteca ha jugado un papel fundamental en el fomento del crédito dada su posibilidad de valoración en el largo plazo, cosa que en el caso de los buques -sobre todo los de recreo- se hace más complicado puesto que su “vida útil” es menor, lo que conllevará operaciones de más corta duración. La publicidad se conseguirá en este caso con su inscripción en el Registro de Bienes Muebles, y gozará de las ventajas consiguientes que otorga la inscripción registral -que para el acreedor son muchas, aunque en el caso de la hipoteca sobre buque menos que en la de los inmuebles- por los denominados privilegios marítimos.

Y es aquí donde queremos llegar, son clásicas las disputas doctrinales sobre el valor de la inscripción, su necesidad de reforzarla como medio de fomento del crédito territorial y la necesidad de conseguir la mayor publicidad posible, para que los operadores jurídicos cuenten con información sobre el estado de los bienes y sus cargas. Información que en el caso de sistemas como el español, van a evitar gastos que en otros ordenamientos son ocasionados por esa necesidad de obtener información, articulada frecuentemente a través de las denominadas “due diligence”. Por eso, en el caso de la hipoteca de buque, hay que tener en cuenta que el derecho del acreedor -a instar la ejecución en el caso de impago del dicho crédito hipotecario- se va a ver mermado por los llamados privilegios marítimos. 

La Ley de Navegación Marítima remite al Convenio sobre privilegios marítimos e hipoteca naval de 1993 que en su artículo 4 señala los siguientes:

a) los créditos por los sueldos y otras cantidades debidos al capitán, los oficiales y demás miembros de la dotación del buque.
b) los créditos por causa de muerte o lesiones corporales sobrevenidas, en tierra o en el agua, en relación directa con la explotación del buque.
c) los créditos por la recompensa pagadera por el salvamento del buque.
d) los créditos por derechos de puerto, de canal y de otras vías navegables y practicaje.
e) los créditos nacidos de culpa extracontractual por razón de la pérdida o el daño materiales causados.derecho6

La característica de estos privilegios es que gravan el buque,  sin necesidad de publicidad registral, y le siguen a pesar del cambio de propiedad, matrícula o pabellón gozando de preferencia sobre las hipotecas y demás cargas y gravámenes inscritos, cualquiera que sea la fecha de su inscripción. Es decir, que en estos supuestos todos los efectos de la inscripción se esfuman, y como no constan registralmente son imposibles de conocer. Esta regulación –remisión- de los privilegios marítimos se suman a una fraccionada regulación en materia de derecho de preferencia, que se halla desparramado por todos los cuerpos del ordenamiento jurídico.

Además, otras especialidades de la hipoteca naval es la acción va a prescribir en el plazo de 3 años para el acreedor que pretenda instar la ejecución y que se puede inscribir en documento privado, sin necesidad e otorgar escritura notarial.

Vía NyR

Imagen QAH

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