Historia 


La guillotina no llegó a todos

Uno de los episodios más negros de la historia de la Revolución Francesa es el periodo denominado como “Terror”. Es la época de Robespierre y su Comité de Salvación Pública. Se trata de una época marcada por la guillotina. Durante los meses de junio y julio de 1794, justo antes de que el incorruptible Robespierre probara su propia y amarga medicina, unas 1.400 personas fueron liquidadas en París, bajo la letal guillotina. ¿Cuántas mentes ilustres desaparecieron durante la cruel etapa? Decenas de personas con gran futuro, murieron víctimas de la ideología, sin aportar todo lo que podrían haber aportado.

Marc Isambard Brunel fue uno de los que tuvieron la suerte de salir del país poco antes de que la guillotina empezara a imponer su ley. A pesar de la imposición paterna de ingresar en el seminario (concretamente en el de Rouen), pudo seguir estudiando navegación y matemáticas, sus verdaderas pasiones. En el mencionado seminario contó con la protección del erudito Dulague, hombre de ciencias de la zona.

En 1786, nuestro protagonista pudo navegar hasta el Caribe. Allí, el día a día sería su segundo gran maestro. Tenemos poca información sobre sus peripecias por tierras ultramarinas, pero seguro que su estancia fuera de Francia le sirvió para adquirir nuevos conocimientos y pulir los que ya tenía. Volvió a casa en 1792.

Los primeros meses de 1793 presentaron una nueva pasión al joven Brunel. Llegó a casa una muchacha inglesa llamada Sophia, para aprender francés, de parte de un hermano mayor suyo. Las dos familias tenían vínculos por sus negocios navales. Inevitablemente, entre Brunel y Sophia surgió algo especial. Los mayores de la casa veían con buenos ojos la unión entre los dos, pensando que sería algo temporal. Los dos jóvenes se encariñaban cada vez más y los mayores llegaron a advertir a Brunel. Los ingleses no eran bien vistos en Francia, especialmente en aquellos días. Eran los peores días de la Revolución Francesa, el hostil verano de 1793 ya había empezado. El ministro de la Marina, Gaspard Monge, facilitó una escapatoria a Marc, permitiéndole abandonar el país, el 7 de julio de 1793. Anecdóticamente, el barco que sacó del infierno a Brunel, trasladándolo a Estados Unidos, se llamaba “Liberty”.

M. I. Brunel

M. I. Brunel

Una vez desembarcó en Nueva York, un nueva vida empezó para Brunel. Fue contratado para proyectos de canales en el interior del país. Además, elaboró diseños para edificios, que muchos quedaron en el papel, pero algunos se materializaron (por ejemplo: Teatro Park de Nueva York. Desaparecido en 1821 por un incendio). Por poco tiempo, desempeñó el cargo de Ingeniero Jefe de Nueva York. De esta forma pudo conocer personalidades ilustres, como Alexander Hamilton, cercano a George Washington.

A principios de 1799, Marc I. Brunel decidió acabar su etapa dorada en Estados Unidos. Se podría pensar que lo tenía todo, pero no era así. Le faltaba el amor de su querida Sophia. Sin el factor melancólico e irrefrenable de volver a ver a su amada inglesa, no se entiende el abandono del Nuevo Mundo. Atravesó el Atlántico, en dirección opuesta a la que navegó seis años antes.

Sophia pudo salir de Francia, estableciéndose en Londres. Seguramente contactó con nuestro joven ingeniero, para hablar de su reencuentro. Después de llegar a Falmouth, respirando por primera vez aire británico, pudo ver al anhelado amor, para ponerse a trabajar poco después. En abril ya tenía su primera patente. Un artilugio llamado polígrafo, para copiar documentos. El amor no despistó a Brunel. Todo lo contrario, lo estimuló. En 1801 obtuvo la segunda patente, sobre poleas para barcos. No solo ideó el artefacto, también la máquina que debía producir las poleas. La fabricación en serie de las poleas fue la recompensa a muchos años de trabajo.

En 1807, Sophia y Marc compraron una casa en Londres, concretamente en Chelsea, frente al Támesis. Al mismo tiempo que sus poleas eran suministradas a la marina inglesa, montó una serrería en Battersea. Las sierras funcionaban a través de una máquina de vapor (la que creó James Watt en 1769). Brunel quería obtener trozos de madera para sus poleas, en el menor tiempo posible y abaratando costes. Lo consiguió.

En el puerto de Portsmouth, el día que llegaban los residuos de las tropas expulsadas de España, Brunel tuvo una genial idea. La imagen decadente que ofrecían las tropas inglesas se acentuaba al ver lo poco protegidos que tenían los pies. Los soldados estaban descalzos, con los pies rodeados por trapos o, en el peor de los casos heridos y mutilados. Marc pudo diseccionar un par de botas de las que llevaban aquellos soldados. Estupefacto, comprobó la pésima calidad del calzado del ejército inglés. Decidió abrir una fábrica de calzado para el ejército.

La leyenda dice que hubo regimientos ingleses, en la famosa batalla de Waterloo, que estaban equipados con los nuevas y reforzadas botas de la fábrica de Brunel. La guerra fue muy suculenta para nuestro protagonista, pero al terminar, en 1815, empezaron los problemas económicos para sus negocios. Las ideas seguían brotando de su mente, pero los presupuestos nunca llegaban, de igual forma su realización.

Batalla de Waterloo, por William Sadler

El 18 de mayo de 1821, Brunel y su mujer fueron encarcelados, por sus cuantiosas deudas. Su privación de libertad no fue muy prolongada. El gobierno inglés (a petición del duque de Wellington) aclaró el problema económico del ingeniero. Hubo rumores sobre la marcha de Brunel (y por lo tanto de sus ideas) a Rusia. El zar Alexander pagaría sus deudas, a cambio de atar a su imperio el ingeniero. Los ingleses no titubearon y arreglaron los problemas de Brunel.

El año 1825 fue muy importante para Marc, se empezó un proyecto faraónico: la construcción de un túnel bajo el Támesis. Los puentes habrían resultado un impedimento al intenso tráfico fluvial, por lo tanto, un túnel era la solución. Las obras se pararon, sin finalizar el proyecto, en 1828. El túnel fue recuperado posteriormente, para paso de peatones y de ferrocarriles.

La salud de Brunel se fue debilitando. Sufrió varios infartos (1842 y 1845). Terminó apagándose el día 12 de diciembre de 1849. Tuvo dificultades después de su vuelta a Europa, claro está; pero pudo escapar de la guillotina, para desarrollar una vida mejor en Estados Unidos y posteriormente, consolidarse como hombre de ciencia.
Más información| WEIGNTMAN, Gavin, Los revolucionarios industriales. La creación del mundo moderno (1776-1914). Ariel. 2008. Barcelona.

Imágenes | Retrato Brunel, Waterloo.

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