Historia 


La Guerra en las Trincheras

El poco aire que permanecía, viejo, y ácido
con humo de obuses y el olor de hombres
que habían vivido allí años, y que dejaron su maldición
en aquel lugar, si no sus cadáveres…

Wilfred Owen, El Vigía.

Con la llegada del invierno y el final de la Primera Batalla de Ypres, se produjo en todo el frente occidental un estancamiento. Ambos bandos se enterraron en profundas trincheras que corrían paralelas, desde el Canal de la Mancha hasta la frontera Suiza. A partir de este momento se pone fin a la fase de la guerra conocida como guerra de movimientos, y empieza una nueva y completamente distinta, la guerra de posiciones o guerra de trincheras.

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Soldados británicos en una trinchera durante la batalla del Somme

Pero antes de proseguir debemos saber qué es una trinchera. La definición que nos da la Rae es: “Zanja defensiva que permite disparar a cubierto del enemigo.” Y así es básicamente; pero las trincheras pueden ser desde pequeñas y simples zanjas excavadas sobre el suelo y que cubren al soldado parte del cuerpo, hasta verdaderas obras de ingeniería, con zanjas de varios metros de profundidad, revestidas de madera o cemento, con nichos o estancias donde refugiarse, y parapetos para abrir fuego.

Sistema de trincheras

Con el estancamiento del frente occidental, ambos bandos se lanzaron a la construcción de una línea de trincheras para proteger sus líneas del frente. Fueron verdaderas obras de ingeniería, solo visibles en su totalidad desde el aire.

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Representación de un sistema de trincheras

Aunque existen algunas diferencias entre las trincheras de un bando y otro, vamos a explicar en líneas generales y comunes como eran estas trincheras. Inicialmente fueron simples zanjas excavadas en el suelo, pero con el paso del tiempo estas fueron ampliándose y mejorándose. Las trincheras se construían en zigzag o en forma almenada (semejándose a las almenaras de los castillos), para evitar el fuego en enfilada y la conquista de la trinchera una vez el enemigo se hubiera internado en algún sector.

En su frente, había un intrincado sistema de alambre de espino, para dificultar el paso al enemigo. Con la tierra extraída de la trinchera, solían construirse parapetos en la parte posterior, para protegerse de la metralla de las bombas. A este parapeto los franceses le dieron el nombre de parados.

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Diagrama de construcción de una trinchera extraído de un manual de infantería británico.

A lo largo de las zanjas se excavaban desde pequeños abrigos individuales donde dormían los soldados, hasta verdaderas habitaciones donde los soldados podían dormir, comer o jugar a las cartas. Había puestos para vigías y centinelas, para tiradores, y emplazamientos para las ametralladoras.

Estos sistemas defensivos estaban compuestos por tres trincheras que corrían paralelas, y comunicadas entre sí por pequeñas trincheras de comunicación. La trinchera de primera línea o de frente, era la más peligrosa. Por lo general, los soldados pasaban una semana en la línea de frente, para ser sustituidos luego por los hombres de la segunda trinchera, o trinchera de apoyo. Los hombres de la primera línea se retiraban a través de las trincheras de comunicación a la tercera línea o trinchera de reserva, ocupando los soldados que se encontraban en ella la trinchera de apoyo.

La vida en las trincheras

Las noticias de primera mano, extraídas de las cartas, diarios y libros escritos por los excombatientes, son la mejor manera de conocer cómo era la vida en las trincheras. El escritor y combatiente alemán Ernst Jünger, nos dejó en su libro Tempestades de acero, información sobre cómo era el día a día en las zanjas.

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Trincheras inglesas (izquierda) y alemanas (derecha) en un sector del frente en 1917

Salvo en momentos determinados, cuando se llevaban a cabo las grandes ofensivas como Verdún o el Somme, la vida en las trincheras era bastante monótona. Los soldados de la primera línea pasaban el día metidos en la trinchera, procurando no asomar la cabeza para servir de blanco a un francotirador enemigo. Aprovechaban las horas del día para dormir y descansar, comer, leer el correo o jugar a las cartas con sus compañeros. Durante la noche la actividad en la trinchera se volvía más frenética. Se aprovechaba la oscuridad para reparar las alambradas dañadas por los bombardeos, los cables telefónicos, y en ocasiones se llevaban a cabo patrullas para inspeccionar lo que hacía el enemigo o intentar capturar a algún soldado enemigo. A pesar de la monotonía, los soldados debían estar siempre alerta ante los más que posibles bombardeos enemigos y ante los temidos ataques de gas.

Pero los soldados del otro bando no eran los únicos enemigos contra quien los soldados debían hacer frente. Las pulgas, piojos y ratas, especialmente estas últimas, proliferaban en las trincheras.

Las enfermedades también eran algo habitual. La higiene no hacia acto de presencia en el frente, y como relatan muchos combatientes, el hedor llegaba a ser insoportable. La escasa higiene, acompañada de la putrefacción de los cadáveres que yacían en tierra de nadie facilitó la propagación de enfermedades como el cólera, el tifus, la disentería o el temido “pie de trinchera”.

Nueva guerra, nuevas armas

Este modo nuevo de guerra, requirió de estrategias nuevas y armamento diseñado específicamente para este tipo de combates. La artillería jugó un papel fundamental. Los antiguos cañones que disparaban en trayectorias rectas resultaban ineficaces, por lo que fueron sustituidos por obuses y morteros, cuyos proyectiles, al realizar una trayectoria con un ángulo mayor, podían impactar en el interior de las trincheras. Una de los proyectiles más usado fueron los temidos shrapnel, con una carga de pólvora y esferas metálicas en su interior que explotaban en el aire, antes de tocar tierra, y causaban una mortífera lluvia de metralla.

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Mazas fabricadas por los soldados para ser usadas en la lucha en las trincheras.

Los propios soldados desarrollaron nuevas armas para mejorar el combate, conocidas como armas de trincheras. Los largos fusiles con las bayonetas caladas no resultaban fáciles de usar en los estrechos huecos de las trincheras, por lo que los soldados se fabricaron armas que pudieran ser usadas fácilmente en los combates cuerpo a cuerpo, como mazas, que podían ir desde simples varas de hierro, a palos de madera a los que se le añadían clavos, alambre de espino, o las carcasas vacías de las granadas. También se recurría al uso de palas, puños americanos, navajas y cuchillos.

Pero la guerra de trincheras también dio un fuerte impulso a la tecnología; se necesitaban nuevas estrategias y nuevas armas para intentar romper ese punto de estancamiento. El avión consiguió un mayor protagonismo, lo generales no tardaron en darse cuenta de su utilidad para observar los movimientos y las trincheras del enemigo. Aparecieron nuevas armas, como el lanzallamas y el tanque, y nuevos modos de combatir, como las tácticas usadas por los alemanes durante su ofensiva en la primavera de 1918 que les permitió romper las líneas enemigas.

En colaboración con QAH|La Gran Guerra: Sangre, Barro y Trincheras.

Vía| Jünger, Ernst: Tempestades de Acero. Editorial Tusquets, 2005; adictos-a-la-historia.

Imagen|El Somme, sistema de trincheras, diagrama, trincheras 1917, mazas.

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