Historia 


La Guerra Civil española (1936-1939)

INTRODUCCIÓN

La guerra civil española (1936-1939) es uno de los peores conflictos bélicos que ha sufrido nuestro país a lo largo de la Historia, y no solo por el número de víctimas o territorios arrasados, sino por la crudeza y virulencia de una guerra que enfrentó a miembros de un mismo país, y que se libró mucho más allá del campo de batalla, en las casas y en los pueblos de cada región de la geografía española. En las siguientes entradas vamos a ver una breve Historia de esta contienda, no ahondando tanto en las batallas, sino más bien en los grandes enfrentamientos civiles o ideológicos.

Fotografía de la Guerra civil española en territorio aragonés

Fotografía de la Guerra civil española en territorio aragonés

ANTECEDENTES

Hay que partir de la base de que nada de lo que pasaba a principios de 1936 parecía conducir indudablemente a una guerra civil en España. El principal reto al que se enfrentó Alfonso XIII en su reinado (1902-1931), durante la mayor parte del primer tercio del siglo XX, fue hacer frente a dos Españas completamente diferentes: la España atrasada, con una mentalidad colectiva con reminiscencias del Antiguo Régimen y una economía estancada; y la España en vías de modernización, con un lento pero sin pausa crecimiento económico y un notable auge demográfico (sobre todo en las zonas que contaban con un modelo capitalista protegido por el Estado, como Madrid, Cataluña, o Asturias). La llegada de los republicanos al poder, sobre todo en su primer bienio de gobierno (1931-1933), supuso uno de los mayores periodos de cambio y conflicto, logros democráticos y conquistas sociales de la Historia contemporánea española, por lo que pronto cometió uno de sus mayores errores: ganarse rápidamente muchos y poderosos enemigos en el país. A lo largo de los años de la República, el fascismo y el comunismo apenas tenían arraigo en el país, por lo que antes de 1936 ninguno de los dos movimientos tenía capacidad para poder desestabilizar el régimen republicano. También me gustaría destacar que la II República española fue la única república de su tiempo que se desmanteló a través de una guerra civil, conflicto que se inició por el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio.

Fotografía del rey Alfonso XIII en 1930

Fotografía del rey Alfonso XIII en 1930

EL GOLPE Y LOS PRIMEROS MOMENTOS DE LA GUERRA

El plan a ejecutar por los golpistas, dirigidos en un primer momento por el general Emilio Mola, era declarar el Estado de guerra en todo el país y sustituir a todas las autoridades civiles posibles por jefes militares afines a la sublevación. Sin embargo, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 fracasó. Entre las razones de este golpe fallido están la falta de apoyos del bando sublevado entre los altos mandos del Ejército, lo que no hizo posible controlar todas las grandes regiones de la geografía española; y la resistencia de los propios gobiernos civiles republicanos, que contaron con la autorización del presidente del Gobierno, José Giral, para repartir armas entre los militantes obreros y partidarios de la República en regiones tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia o San Sebastián.

Ya desde los primeros meses de la guerra, el bando de los sublevados contó con mayores apoyos internacionales que el legítimo y democrático régimen republicano. Tras la inesperada muerte del coronel Sanjurjo en un accidente de vuelo dos días después del golpe, los sublevados van a conseguir la ayuda de las potencias fascistas europeas, mientras que la República no contó ni contará a lo largo de la guerra con el apoyo económico o militar de las grandes potencias democráticas, la Francia socialista de León Blum y la Gran Bretaña conservadora de Stanley Baldwin. Grosso modo, los motivos por los que éstas llevaron a cabo su política no intervencionista en el conflicto español fueron dos: por un lado, no querían apoyar al gobierno republicano por miedo a que se produjera en España una radicalización de la República que desembocara en una revolución comunista apoyada por los bolcheviques soviéticos; y por otro lado, no querían luchar abiertamente contra un aliado del fascismo como el bando sublevado para no romper la política de apaciguamiento que llevaban a cabo con respecto a Alemania desde la llegada al poder de Hitler en 1933.

Fotografía del General Sanjurjo en 1932

Fotografía del General Sanjurjo en 1932

Estos primeros meses de la guerra, entre julio y noviembre de 1936, significaron el mayor periodo de represión y política del terror en ambos bandos. Solo en estos meses, cada bando se afanó en realizar una radical eliminación de los representantes políticos o culturales del otro bando. De este modo, víctimas muy conocidas de la represión franquista como Federico García Lorca, o de la represión republicana, como José Antonio Primo de Rivera, se sumaron a las más de 150 000 personas que fueron ejecutadas, 100 000 por los sublevados y 50 000 por los republicanos. Esta fase de terror anárquico, de todo tipo de ejecuciones sin procedimientos judiciales previos, fue cambiando entre los republicanos a partir del mes de noviembre, a medida que se fueron estabilizando los frentes de la lucha y se fue disciplinando a las tropas. Entonces, se crearon en casi todas las provincias republicanas tribunales especiales de excepción para condenas por rebelión y contra la Seguridad del Estado, un primer paso para volver a una legalidad plena que no volvería hasta principios de 1937. Por otra parte, el paso del terror anárquico al terror organizado tardó más en producirse entre los sublevados, no imponiéndose hasta otoño de 1937.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| CARR, Raymond (2006): España 1808-1975. Editorial Ariel Historia, Barcelona; CASANOVA, Julián (2013): España partida en dos : breve historia de la Guerra Civil española. Editorial Crítica, Barcelona.

Imagen| Guerra civil en Aragón; Alfonso XIII en 1930; General Sanjurjo en 1932

En QAH| Política exterior de España durante el siglo XX (II); Las fotografías de la Guerra Civil española: Robert Capa

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