Salud y Deporte 


La gripe y el resfriado: Mitos de invierno

El invierno es una de las estaciones más queridas y odiadas, a partes iguales, por la población general y las personas; tradicionalmente está asociado a las festividades navideñas, los regalos, y los encuentros familiares y sociales, así como el inicio del nuevo año y una amalgama de promesas y esperanzas en la vida futura. Sin embargo, también es la época donde aparece con más frecuencia una de las pandemias globales más importantes en nuestro medio: la gripe.

Prácticamente, y estadísticamente, es casi imposible que alguien desconozca esta enfermedad, ya sea por propia experiencia o por relación directa en familiares, amigos o compañeros de cualquier ámbito relativamente cercanos físicamente. Igualmente, también ha tenido notoria importancia histórica, ya sea la lejana Gripe Española de inicios de siglo XX o la más cercana y mediática Gripe A o H1N1. Sea como fuere, a pesar de su genérica escasa mortalidad, aunque alta morbilidad y transmisibilidad, la gripe sigue teniendo un halo de confusa mística a su alrededor, rodeándose todos los inviernos de mitos urbanos, chamanismos populares o consideraciones de lo más variopintas, algunas fruto del empirismo existencial y otras del imaginario o desinformación colectivo.

Hoy, vamos a romper algunos de esos mitos.

Primeramente, es necesario hacer hincapié en que la gripe y el catarro o resfriado común no son el mismo ente patológico, aunque pueden tener sintomatología similar. La gripe es una enfermedad producida por el Virus Influenzae o Influenzavirus, de la familia de los Orthomyxoviridae (que son virus de ARN de relativo tamaño), mientras que el resfriado común es causado por el Rhinovirus (más de 200 tipos), de la familia de los Picornaviridae (codificados en un genoma de ARN de muy pequeño tamaño); ésto quiere decir, que ambas enfermedades son diametralmente distintas y están producidas por diferentes familias de virus, o lo que es lo mismo, sus síntomas se parecen (aunque no son los mismos) pero sus causantes no.

Son relativamente sencillas de diferenciar por un médico experimentado ya que la gripe se caracteriza por una sintomatología más severa y de más duración (una semana), que incluye dolor muscular, cansancio/astenia importante, tos irritativa, fiebre, y puede incluir náuseas, vómitos o inestabilidad gastrointestinal (diarrea), las complicaciones son frecuentes en aquellos pacientes con patología de base respiratoria, y suelen necesitar ingreso hospitalario o al menos observación.

Por otra parte, el resfriado común suele afectar más a la zona de vías respiratorias altas, con congestión nasal, secreción nasal o rinorrea y estornudos, dolor de cabeza, pero que reviste escasa gravedad y de escasa duración (3-4 días). Raramente es motivo de complicaciones que exijan ingreso hospitalario o tratamiento más allá del propio de los síntomas.

Resumiendo someramente: fiebre y dolor muscular, gripe; mucosidad y estornudos, resfriado.

Uno de los mitos más extendidos es que un catarro que no se cura bien o persiste acaba en gripe. No existe ninguna evidencia científica que afirme esto, los síntomas de un resfriado suelen desaparecer a los pocos días de forma autónoma y generalmente sin necesidad de tratamiento. En el caso de que persistan, o aparezcan nuevos síntomas tendríamos que pensar en otra patología o comorbilidad como una pneumonía, bronquitis, o una gripe asociada. Sin embargo, la propia gripe sí suele asociar otras infecciones por su mecanismo patológico, pidiendo aparecer infecciones bacterianas que generen una pneumonía o una descompensación respiratoria.

Probablemente el mito más hiriente para la comunidad médica es el muy extendido que los antibióticos curan la gripe. Por definición un antibiótico es un fármaco que afecta a bacterias, y como decíamos antes la gripe está causada por un virus. Los virus no son bacterias; luego un antibiótico nunca curará una gripe, además de no estar indicado. Otra cosa es que una gripe conlleve asociada una infección bacteriana como una faringitis o una pneumonía, en cuyo caso sí estaría bien indicado, pero para el tratamiento bacteriano no para la propia gripe. Por otro lado, existen muchos fármacos concretos que pueden hacer frente a los síntomas, pero funcionan para mejorar el padecimiento no para curar la causa de la enfermedad.

A colación de la controversia sobre las vacunas, que dicho sea de paso no está demostrado que causen autismo ni ninguna patología similar más allá de las afirmaciones perniciosas de algunos pseudocientíficos y tertulianos televisivos. La vacuna contra la gripe no asegura al 100% no contraer la enfermedad, ya que los virus y especialmente el de la gripe muta con mucha facilidad a lo largo del año y además tiene muchas cepas, lo que explica que podamos padecer varios episodios de gripe a pesar de tener cumplimentado el calendario vacunal. Por lo general, la vacuna protege frente a los subtipos o cepas de la temporada previa, y tienen una efectividad de entre el 40-60%, sin embargo, es más que aconsejable que los pacientes y población de riesgo (ancianos, niños, patología respiratoria, embarazadas) se vacunen.

Llegados a este punto, comienzas las medias verdades o mitos con dudosa evidencia. Uno de los más habituales es que la vitamina C cura el resfriado, reduce su incidencia y previene su aparición. Si bien no se ha demostrado que ésto sea cierto, lo que es innegable es que alimentarse de forma adecuada conlleva un mejor estado físico y fisiológico frente a adversidades patológicas ya sea gripe o resfriado, recortando generalmente los tiempos de recuperación y la sintomatología.

Tampoco es cierto que enfermamos por tener las “defensas bajas”, una persona perfectamente sana puede enfermar, pero un paciente inmunodeprimido tiene muchas más posibilidades de hacerlo.

Otro de los mitos más frecuentes es que salir a la calle con el pelo mojado o húmedo en invierno nos hace agriparnos o resfriarnos. Sigue sin existir evidencia a este respecto, no se afirma que los virus tengan más virulencia o transmisibilidad en aire frío aunque podrían tener correlación con otras bacterianas (pneumococo) como la pneumonía. Sin embargo, el frío puede provocar congestión nasal y rinorrea, síntomas típicos del resfriado, sin necesidad de que intervenga el propio patógeno.

Los deportistas se encontrarán aquí con un mito paradójico: no hay que hacer ejercicio cuando se tiene gripe o resfriado. En parte es cierto ya que la gripe provoca debilidad muscular y problemas respiratorios y el ejercicio podría complicar el cuadro, sin embargo, en pacientes sanos y habituados al deporte frecuente verán que realizando ejercicio físico los síntomas del resfriado pueden mejorar, no así los de la gripe, y por lo general el deporte previene la aparición.

Un mito muy extendido y especialmente peligroso para los niños y los ancianos es que es necesario taparse en exceso para combatir la fiebre de la gripe o resfriado. Ésto no sólo no es cierto, sino que es potencialmente dañino ya que los infantes y los ancianos pueden deshidratarse con mayor facilidad por la sudoración y no tienen los mecanismos compensatorios tan desarrollados, como la sed o la concentración de la orina. Además, taparse excesivamente provoca que se transpire más por aumento de la temperatura corporal. Asimismo, se crea un efecto paradójico, al cubrirse mucho, el sudor se enfría sobre la piel y la humedece, disminuyendo la sensación térmica.

Frente a los mitos de cara a la recuperación, es muy importante ventilar las estancias donde hay o ha habido gente enferma y mantener una temperatura óptima donde no haya una excesiva sequedad ambiental ya que provoca irritación de las vías respiratorias y por lo tanto más tos. Por eso el mito de que no hay que abrir las ventanas es simplemente falso. La dieta como el consumo de lácteos no influye en la gripe o el resfriado (salvo si se tiene gastroenteritis asociada); y para terminar romper una lanza a favor del mito empírico de las abuelas de que el caldo de pollo y la sopa ayudan en la recuperación. Existen varias investigaciones que sugieren que el caldo de pollo y la sopa realizados con ingredientes de calidad poseen vitaminas y nutrientes que tienen efectos antiinflamatorios naturales, que favorecen la liberación de mucosidades y que además al ser líquido tibio favorece la rehidratación y la buena temperatura corporal. Si además se añaden condimentos como la zanahoria, el ajo, la cebolla o el perejil, los efectos podrían ser mejores.

Para terminar, apuntar que las medidas concretas para la prevención y disminución de los síntomas son:

Extremar las medidas de higiene, lavarse las manos, ventilar la casa, evitar contacto con pacientes incubadores, usar pañuelos de papel y un solo uso, taparse la boca al toser o estornudar para evitar contagios y a poder ser con pañuelos desechables; los pañuelos textiles no son recomendables por favorecer la acumulación de secreciones y contenido infeccioso.

Estar bien hidratado, ya sea con agua, caldos o zumos.

Vacunarse, ya que este año las cepas más frecuentes son la AH1 y AH3, que son conocidas de la temporada pasada y por lo tanto la efectividad es mayor del 60%.

Descansar, fundamental.

Tratar los síntomas con antitérmicos, analgésicos, antiinflamatorios, antitusígenos, mucolíticos. Actualmente existen combinados farmacológicos con varios principios activos lo que facilita su toma y afecta a varios síntomas a la vez.

No estar en contacto físico con personas que presentan fase aguda o si nosotros la presentamos para evitar contagios. La distancia a partir de la cual no hay transmisión del germen es entre 1.5 y 2 metros (las gotas de Flügge, que portan los virus al toser o estornudar, rara vez alcanzan más allá de los 2 metros, aunque salen despedidas a gran velocidad); especialmente cuidado de compartir instrumentos o utensilios donde pueda haber resto de secreciones nasales o salivales, e.g. cubiertos o vasos. Naturalmente se incluye compartir lugares muy concurridos y donde la transmisibilidad es potencialmente alta, como el colegio, oficina, ascensor o locales sociales, etc; así como cuestiones afectivas como besarse.

Abstinencia de alcohol o tabaco, aconsejable en pacientes sanos y especialmente en aquellos con gripe o resfriado; particularmente el tabaco pues irrita aún más las vías respiratorias y facilita la sobreinfección bacteriana al afectar al epitelio respiratorio y sus mecanismos defensivos frente a invasión infecciosa.

 

 

Vía|Servicio de Epidemiología HUCA, Servicio de Neumología HUCA.

Imagen|Gripe, RyGTto

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