Cultura y Sociedad 


La grandeza intelectual Austro-húngara

Desde que Max Weber publicara, hacia principios del siglo XX, su ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo se asentó con mucho éxito intelectual su tesis según la cual el desarrollo económico y social estaría sustentado por el protestantismo y reñido con el catolicismo.

 

Sin embargo, un siglo después Rodney Stark replicó la tesis weberiana con un libro, The victory of Reason , en el que demostraba cumplidamente que fue en las católicas repúblicas de Venecia, Génova, Florencia, Milán donde nació y se vertebró institucionalmente el capitalismo para más tarde implantarse en los países protestantes.

Rodney Stark
The Victory of Reason

 

En un orden puramente intelectual, la católica Austria de entreguerras contemporánea de Weber, recién descompuesto el Imperio Austro-Húngaro tras la primera y mientras asistía impertérrita y pacíficamente  a la invasión nazi en vísperas de la segunda, albergó una enorme e inaudita cantidad de genios en casi todos los órdenes de nuestra cultura: filosofía, ciencia, medicina, economía, literatura, música, artes plásticas, etc como quizás nunca aconteció en lugar alguno; con la salvedad de la Ilustración –más dispersa en el espacio y el tiempo–  que se desplegó un siglo antes por las islas británicas, Francia y Alemania.

 

Dos enormes filósofos, Ludwig Witgenstein y Karl Popper, iluminaron con sus brillantes y diversas aportaciones intelectuales nuestra civilización,  junto con muchos otros, mientras que Moritz Schlick fundaba el Círculo de Viena para la concepción científica del mundo – positivismo lógico –que dio paso al cultivo de la filosofía analítica y la epistemología.

 

El atizador de Wittgenstein

Para conocer y entender aquél brillante tiempo filosófico nada mejor que leer un singular y muy  atractivo libro: El atizador de Wittgenstein. En torno a una anécdota acontecida en un seminario celebrado en la universidad de  Cambridge, siendo ponente Popper, al que asistió Wittgenstein –además de Bertrand Rusell entre otro filósofos- los autores David J. Edmonds y John A. Eidinow describen aquél tiempo y la vida y pensamiento de los gigantes austriacos con un rigor, un ritmo y un interés extraordinarios.

 

En el ámbito de la ciencia bastaría señalar  los premios Nóbel de física o química recibidos por seis científicos austriacos de aquél tiempo: Fritz Pregl (1923), Richard Zsigmondy (1925), Erwin Schrödinger (1933), Richard Khun (1938), Victor Frank Hess (1936)  y Wolfgang E. Pauli (1945); a los que  habría que añadir investigadores extraordinarios como: Ludwig Boltzman (termodinámica), Heinz von Forster (cibernética), Leise Meitner (fisión nuclear), Paul Eisler (circuito impreso), Marietta Blau (física de partículas), Otto R. Frisch (detonación bomba atómica),….

 

Aquella Austria fue también  la patria de otros ocho premios Nóbel de medicina: Robert Bárány (1914), Julius Wagner-Jauregg (1927), Karl Landsteiner (1930), Otto Loewi (1936), Carl F. Cori y su esposa Gerty (1947)  y Karl R. Von Frish y Konrad Lorenz (1973); y también de Sigmund Freud neurólogo padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.

 

Fiedrich Hayek

La Escuela Austriaca de economía, de muy amplia resonancia y prestigio intelectual nació en la Viena de entreguerras de la mano Carl Menger y Ludwig Von Misses, mientras que en 1974 Fiedrich Hayek recibía el premio Nóbel de economía. Además fue el tiempo también de otro grande de la economía, Joseph A. Schumpeter, cuyo magisterio sobre el análisis económico y su genial descubrimiento de la destrucción  creativa siguen teniendo una extraordinaria vigencia doctrinal. La ciencia del “management” también es debida a un austriaco de entonces: PeterF. Druker.

 

En el ámbito literario, es  impresionante la lista de escritores de alto nivel de aquél tiempo: Rainer Mª Rilke, Frank Kafka, Stefan Zweig, Karl Krauss, Robert Musil, Joseph Roth, Hermann Broch, Frank Ergel, ….

 

¿Y qué decir de la música? Johannes Brahms, Anton Dvorack,  Leos Janacek, Gustav Mahler, Bela Bartok, Alban Berg, Anton Weber, Alexander Zemlinsky y Arnold Schömberg, a los que habría que añadir el entonces niño Herbert von Karajan, son una brillante muestra del desvaneciente imperio austro-húngaro.

 

La pintura austriaca de entreguerras sobresalió a través de Gustav Klimt, Oscar Kokocha, Max Kurzweil y Egon Schiele, mientras que la arquitectura de la época de Otto Wagner, Joseph Hoffmann y Adolf Loos alcanzaba también un gran nivel.

 

Para cerrar el “círculo intelectual” de aquella excepcional Austria hay que contar con Ernst Gombrich, seguramente el mejor historiador del arte de todos los tiempos.

 

Nunca antes y es muy difícil que después se ha dado en ningún lugar del espacio y de la historia una concentración de talento humano como el que amparó aquella Viena que tras dejar de ser capital de un imperio resultó sepultada por una desastrosa ola de sinrazón que desarraigó de allí y para siempre toda aquella irrepetible generación intelectual; ¿sin igual en la historia?.

 

 

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
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Imágenes| The Victory of ReasonEl atizador de WittgensteinFiedrich Hayek y portada artículo

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