Jurídico 


La fe pública judicial: de los Escribanos a los Letrados de la Administración de Justicia

Ciento cuarenta y cinco años. Si, como es previsible, se aprueba en las próximas semanas el Proyecto de Ley Orgánica para la modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial (PLOMLOPJ), habrán pasado ciento cuarenta y cinco años desde la primera vez que en nuestro ordenamiento jurídico asomó la denominación de Secretario para identificar a los fedatarios judiciales. La LOPJ de 15 de septiembre de 1870, consagró su Título IX a la figura de los Secretarios Judiciales, refundiendo los antiguos Relatores y Escribanos de Cámara, y suprimiendo la antigua denominación de Escribanos de Actuaciones para sustituirlos por la de Secretarios de los Juzgados municipales, de los Juzgados de Instrucción, de Tribunales de Partido, de Salas de Justicia de las Audiencias, de gobierno de las Audiencias, de las Salas de justicia del Tribunal Supremo y de gobierno del Tribunal Supremo.

La fe pública judicial, una historia plurinominal

La fe pública judicial, una historia plurinominal

En efecto, el PLOMLOPJ, en su Exposición de Motivos justifica la sustitución de la centenaria denominación por la de Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia, en una demanda histórica del colectivo, que consideraba que aquel apelativo conducía a equívocos sobre la función realmente desempeñada, argumento que no obstante fue reiteradamente enmendado durante la tramitación parlamentaria por el Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA: La Izquierda Plural, al no considerar adecuadamente motivado el empeño por imponer el nuevo nombre, interesando que, en caso de cambiarse, sería más razonable que el título fuera el de Directores Procesales de la Administración de Justicia, en consonancia con la tradición italiana de identificarle como dirigente amministrativo dell’ufficio giudiziario.

En este sentido, y si en puridad se hubiere pretendido guardar fidelidad a la tradición procesal española, resultan tan poco apropiados al Cuerpo las denominaciones de Letrado como la de Director Procesal, cohonestándose mucho mejor con la usanza del Cuerpo apelaciones como actuario, figura encargada de redactar las actas públicas y  las resoluciones judiciales en la época romana, y denominación por cierto que fue propuesta en una enmienda al Proyecto de LOPJ de 19 de septiembre de 1984, defendida el Grupo Centrista, y que no prosperó por la oposición del Consejo General del Poder Judicial, del Ministro de Justicia y del Grupo Parlamentario Socialista.

También se podría argüir la figura del refrendario o canciller, tributarios ambos del derecho germánico, y encargados de la custodia de los documentos reales ante estrados, o la del fiel, que según el Fuero Viejo de Castilla, tenía funciones de fe pública y podía recibir declaraciones y juramento a los testigos del pleito, para ulteriormente «soltar» la fieldad,  refiriéndole al Alcalde lo que le dijeran los testigos para juzgar esta prueba. Sin embargo, será el término escribano el más empleado para este menester, figura añeja y nuclear en nuestra historia procesal y ya presente tanto en el Fuero Juzgo como en el Fuero Real, y a quien se encomendaba la documentación y custodia de las notas de las cartas así como la dación de fe de la prueba recibida. En las Partidas de Alfonso X, el escribano era nombrado por el rey y su intervención en el proceso afectaba a la validez del mismo porque eran los únicos que ostentaban la fe pública tanto judicial como extrajudicial,  encargándose asimismo de la llevanza de los Registros. La Nueva Recopilación confirma esta ambivalencia fedataria, distinguiendo entre notarios mayores, relatores de los Concejos y de las Audiencias, escribanos de Cámara de Audiencia y de Chancillería, ampliándose las denominaciones en la Novísima Recopilación con los Notarios Mayores, los Relatores, los Escribanos de Cámara, de las Audiencias, de las Chancillerías, de los Alcaldes, del Consejo, del Crimen, del Reino, de los Hijosdalgos, y los de Número. Hay que decir no obstante, que  el escribano era en verdad un asistente de otra persona con funciones de documentación, que no concuerda por tanto con las funciones procesales actuales de los fedatarios judiciales, y que arrastra sobre él la mácula de la servidumbre.

Escribano público

Escribano público

Como dijimos al inicio, la LOPJ de 15 de septiembre de 1870, dispensó su Título IX a la figura de los Secretarios judiciales, desde la perspectiva de que el secretario es la persona a quien se confía algún secreto, encargado de la correspondencia, de dar fe de los acuerdos y de autorizar los documentos de una oficina o corporación. Esta denominación sin embargo, sólo estuvo en vigor cinco años, hasta que por Real Decreto de 12 de junio de 1875 se volvió a recuperar la apelación de Escribanos de Actuaciones, manteniéndose esta adjetivación hasta el esencial Real Decreto de 1 de junio de 1911, que vuelve a emplear el nombre de Secretario judicial para referirse a los Escribanos de Actuaciones de los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción, “Por ser el nombre con que los denominaba la Ley Orgánica del Poder Judicial, y por ser indudablemente el más apropiado a las funciones que desempeñan, se establece que en lo sucesivo se llamará Secretarios Judiciales a los actuales Escribanos, y con las dos bases de la oposición por la categoría de entrada y título de Abogado, mejora notablemente la organización de este Cuerpo y se pone término a las distintas procedencias que hoy figuran en el mismo.” dotando al Secretariado judicial de naturaleza de Cuerpo independiente, imponiendo su ingreso por oposición entre licenciados en Derecho con las mismas condiciones exigidas para ser Juez, atribuyéndoles funciones de fe pública judicial, dación de cuenta y de regulación de las costas, para el desempeño de las cuales se les reconoce por vez primera el carácter de autoridad, que sin embargo fue revocada por Decreto de 8 de diciembre de 1937, verdadero inicio de la progresiva postergación del Cuerpo.  No en vano, la Ley de 23 de diciembre de 1947 y su Reglamento de 26 de diciembre de 1948, es un indisimulado ataque a la fe pública judicial, al sistema de retribución por arancel que fue durante mas de cien años la gran envidia de la Carrera Judicial y al sistema de selección que permitía un turno de acceso de los Oficiales sin el título de licenciados en Derecho, considerando a los Secretarios Judiciales como “auxiliares” del Tribunal. Finalmente, la Ley de 23 de diciembre de 1953 y sus Reglamentos de 2 de julio de 1954 y de 2 de mayo de 1968 aunque les reconoce carácter técnico y el depósito de la fe pública judicial, dice de ellos que «asisten» a los Jueces y Tribunales. Si a ello se une la involución semántica y social de su significado, confundiéndole con la figura del secretario particular del Juez y desdibujándose su carácter de institución independiente, con carácter de autoridad y sometida solo al imperio de la Ley, es razonable comprender el reconcomio  de generaciones de juristas que, como poco, se sintieron claramente  infrautilizados.

Y es que si se atiende a la tradición talmúdica, el nombre, además de su valor designativo, tenía otro simbólico, tanto o más importante. El nombre no es la mera designación arbitraria o una yuxtaposición de sonidos, sino que nos proporciona la naturaleza, la esencia, la historia de quien es designado con él. Isaac viene a significar algo así como “aquel con el que Dios reirá”, muy apropiado teniendo en cuenta la irrisoria posibilidad de que fuese engendrado por una mujer de la edad de Sarah. Nótese que la tercera acepción del lema «nombre» del DRAE dice: fama, opinión, reputación o crédito.

Por todo ello, y parafraseando a Wilde, no desdeñemos la importancia de llamarse Letrado, pero tampoco ignoremos que lo realmente cardinal es, antes, ahora y siempre, rentabilizar, potenciar y dignificar el trabajo de un Cuerpo Superior de juristas altamente cualificados, injusta y absurdamente relegados durante décadas a roles para los que no habían sido llamados. ¿Galgos o podencos? Dame competencias y llámame tonto…

Vía| Raúl C. Cancio

Imágenes| Fe Pública, Escribano

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