Cultura y Sociedad, Historia 


La evolución del tanque: La Batalla de Cambrai

JFC Fuller

Quién no se acuerda de la famosa escena del tanque persiguiendo a nuestro héroe en “Indiana Jones y la última cruzada” (USA: Steven Spielberg, 1989). Cuando con trece años vi la película recuerdo lo extraño que me pareció semejante aparato. Aquello no se parecía en nada al M-48A5 al que yo me había montado durante una exhibición de las Fuerzas Armadas en Valencia. Mucho más tarde supe que aquella enorme máquina era una copia de un Mark IV inglés: una bestia de 28 toneladas armada con dos cañones laterales de 6 libras y cuatro ametralladoras, que sólo era capaz de avanzar a unos 6 km/h durante 56 kilómetros.

Las prestaciones pueden parecer hoy ridículas; sin embargo, durante la batalla de Cambrai, estas lentas máquinas de pésima maniobrabilidad y limitada visibilidad, tremendamente incómodas para los tripulantes y de sufrir fallos mecánicos constantes, fueron capaces de atravesar el espacio que mediaba entre las trincheras aliadas y las de los alemanes, (zona de muerte o “killing zone”), y de crear agujeros en sus defensas.

El tanque como innovación tecnológica tenía una baja aceptación entre armas de tanta tradición como la caballería y la infantería. Su integración en los manuales de táctica de infantería-artillería y la cooperación tanque-infantería iba a ser algo tremendamente complejo y de difícil solución. Pocos en lo alto del mando británico sabían que hacer con ellos, y tan solo unos pocos, como los generales J.E. Capper y H.V. Elles, director general del Cuerpo de Tanques y comandante en jefe del mismo respectivamente, así como el teniente coronel J.F.C. Fuller, en el estado mayor de dicho cuerpo,  soñaban con un ataque decisivo de tanques.

La batalla de Cambrai es conocida como la primera gran ofensiva de tanques. El ataque tenía que ser por sorpresa, por lo que la artillería de cobertura no podría calibrar sus piezas para no descubrir la ofensiva. La idea era neutralizar, en vez de destruir, la artillería enemiga y sus posiciones (la 54 División, que para suerte de los atacantes contaba con pocas unidades de artillería de campaña, y explica porque únicamente 65 de los 360 tanques recibieran un impacto directo durante el primer día). La cooperación entre infantería, artillería y tanques era vital, y para mejorarla se entrenó sin descanso durante dos semanas. Así y todo, hubo generales que no supieron, o pudieron, seguir las instrucciones de cooperación, y acabaron por debilitar la ofensiva. Dos claros ejemplos de esto fueron, por ejemplo, negarse a crear una reserva de tanques; y ordenar una distancia entre los tanques y la infantería de entre 150 y 200 metros, en vez de ir la infantería en línea pegada detrás del tanque. También hubo confusión cuando, por ejemplo, un tanque se rompía y la infantería que iba detrás empezaba a buscar otro tanque para continuar avanzando. Y que decir cuando el avance había ido tan lejos que se quedaban sin cobertura artillera. O cuando la ausencia de comunicación hizo que la caballería no supiese a que sector dirigirse.

Finalmente Cambrai no pudo tomarse, pero las lecciones que se aprendieron en esta batalla serían fundamentales para conseguir que el tanque fuese capaz de extraer todo su potencial en Amiens.

 

En colaboración con QAH| Historia Militar

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