Neurociencia 


La estimulación cognitiva como una vía para la prevención de la desigualdad social

Las situaciones de desigualdad social se extienden a lo largo de todo el planeta afectando a personas de todas las edades, expresando de diferente forma e influido por múltiples factores, entre las que se puede mencionar la alimentación, la carga genética hereditaria, los estilos de personalidad, sin embargo en el presente trabajo se pone el foco de atención en el estatus socioeconómico  de los niños y su influencia sobre el mantenimiento de la desigualdad social.

Este tema se ha estudiado desde una perspectiva social pero  no conseguía una visión holística del problema por ello se necesitaba la integración de conocimientos provenientes de otras disciplinas. Desde esta perspectiva, la neuropsicología toma prestado el término de estatus socioeconómico (SES, por sus siglas en inglés), que se refiere a la suma de bienes materiales y características no económicas como prestigio social y educación (Hackman y Farah ,2008). Y de igual forma aporta otros términos como es el de plasticidad cerebral, referido a la capacidad de regeneración funcional y estructural como consecuencia de una estimulación ambiental.

Los ambientes de crianza modulan las modificaciones estructurales y funcionales del cerebro a muchos niveles como a nivel molecular, genético, celular, redes neurales, y comportamientos individuales y sociales (Lipina y Segretin, 2015).

Construyendo el cerebro

Se ha encontrado cambios en los lóbulos parietales, frontales, corteza entorrinal, hipocampo y cerebelo en estudios con ratones y primates no humanos que habían sido expuestos a un ambiente rico en estimulación sensorial, motora y social en comparación con los sujetos expuestos a ambientes de deprivación (Lipinia y Posner, 2012).  En estudios con ratones, se ha podido ver como la exposición de estos roedores a ambientes enriquecidos incrementaba el crecimiento de espinas dendríticas en el córtex sensorial y motor, aumentando en el 3-4 mes de un 30% de espinas dendríticas a un 40 %, confirmando estudios previos. También se ha observado este aumento en las arborizaciones dendríticas en células del hipocampo ( Hirase y Shinohara, 2014). Hay que señalar la relación entre el hipocampo y funciones como el aprendizaje y la memoria, que se verán alteradas.

Sin embargo, los cambios que se han encontrado no son únicamente estructurales o funcionales, sino que hay una modificación epigenética encontrándose modificaciones en la metilización de BDFN (un factor de crecimiento neuronal) en el córtex prefrontal, y la hipermetilación del ADN que genera un déficit a largo plazo en la expresión del gen. Estos cambios se ha encontrado asociados a niños cuyos cuidadores eran maltratadores (Lipira y Posner, 2012). Se ha observado mayores tasas de BDFN en el córtex e hipocampo en ratas tras un contexto de estimulación enriquecida ( Hirase y Shinohara, 2014), así como cambios en el nivel de receptores de corticoides en el hipocampo, mejoras en la transcripción de factores de crecimiento neuronal, etc. asociados a cuidados de una madre rata objetivado en mayores tasas de  lametazos y cuidados (Lipira y Posner, 2012).

Los ambientes de bajo SES suelen tener unos niveles de estrés, tanto físicos como psíquicos, elevados y cuando el estrés es de tipo crónico genera cambios a nivel de hipocampo, concretamente acortando las dendritas, pérdida de espinas sinápticas, y supresión de la neurogenesis en el giro dentado (Lipira y Posner, 2012).

Todos estos cambios funcionales, anatómicos, epigenéticos en las áreas y regiones cerebrales mencionados se traducen en una desventaja a nivel de rendimiento en pruebas que evalúan memoria, atención, funciones ejecutivas, etc. Se ha encontrado que a medida que aumentan las conexiones sinápticas, el crecimiento dendrítico y el aumento epigenético con ambientes enriquecidos hay una mejora en la memoria y el aprendizaje ( Hirase y Shinohara, 2014).

En la evaluación por funciones cognitivas, se ha comparado a niños de bajo SES, medio SES y alto SES mediante paradigmas que incluyen tareas que valoran las redes atencionales y la función ejecutiva. Se ha encontrado que los niños del grupo “bajo SES” cometían más errores relacionados con la incapacidad de inhibir el impulso, con memoria de trabajo visual, errores de atención y de estrategias de búsqueda (Lipina y Posner, 2012). Además, en tareas del estilo de escucha dicótica en las que se les presentaban a dos grupos de diferente SES historias por los dos oídos de forma simultánea mientras se registraban los EPR’s, se encontró que la tasa del recuerdo era la misma, sin embargo mostraban una onda de respuesta significativamente más amplia para no prestar atención al oído indebido, lo que indica un mayor esfuerzo en la supresión de estímulos distractores (Hackmann y Farah, 2008).  Otra función cognitiva que ha sido investigada debido a su importancia para el desarrollo es el lenguaje, y a los problemas específicos de lenguaje que se pueden derivar de no desarrollar adecuadamente esta función. Está ya establecido que desde que los niños nacen son capaces de distinguir multitud de fonemas, de su lengua natal y de cualquier otro idioma, y que la capacidad de mantener esa discriminación repercutirá en una mayor eficiencia en tareas de leer y escribir. En contextos de SES bajos no es habitual encontrar una riqueza alta de estimulación lingüística, y ello predice mayores dificultades de aprendizaje (Lipina y Posner, 2012). Se ha encontrado una relación directa que indica que a mayor estatus socioeconómico hay un mayor grado de especialización hemisférica en el área de Broca, sugiriendo que la maduración de esta área está mediatizada por la complejidad del ambiente lingüístico en el que se desarrolle (Lipina y Posner, 2012).

El ambiente lingüístico correlaciona con la especialización hemisférica en el área de Broca

El ambiente lingüístico correlaciona con la especialización hemisférica en el área de Broca.

Con esta breve pero ilustrativa revisión se puede concluir que los niños que se desarrollan en SES bajos tienen alteraciones cerebrales que conllevan déficits cognitivos, especialmente en la inhibición de estímulos, el lenguaje, la atención y memoria.

En diferentes programas de intervención de funciones cognitivas como la atención, la memoria o las habilidades sociocognitivas (p.g. resolución de conflictos) se ha encontrado una mejora significativas en estas habilidades tras un programa de rehabilitación por ordenador que incluía también el contexto familiar y escolar, en niños de 7 a 9 años, sin embargo cuanto más mayores eran los niños más variabilidad en los resultados se encontró (Ison, 2010).

La pobreza es una situación de  deprivación en la que coexisten multitud de factores que interactúan y tienen consecuencias negativas entre las que destaca el  impacto en el desarrollo afectivo, cognitivo y social de estos niño, por tanto es conveniente plantearse la desventaja cognitiva que arrastran estos niños para enfrentarse al ambiente. Dichas capacidades dependen de la  interacción entre los procesos madurativos y las posibilidades de aprendizaje del contexto social, y las experiencias negativas facilitarán la conformación de esquemas disfuncionales, los cuales pueden dar origen a conductas de riesgo para la salud (Ison, 2010).

Destacar que en  las intervenciones no se ha comprobado su durabilidad tras un largo periodo de tiempo para comprobar si realmente son eficaces o no, por tanto es necesario realizar estudios longitudinales que comprueben si el cambio cognitivo observado se mantiene en el tiempo, y si esos cambios están asociados en aumentos de calidad de la vida. Así como tratar de diferenciar los diferentes aspectos que pueden estar afectando los resultados, ya que también se ha comprobado la importancia de los déficits nutricionales sobre el desarrollo.

Considero que el foco de actuación hay que hacerlo a todos los niveles, cambiando las políticas educativas y sociales, instruyendo a los profesores a trabajar con este colectivo, atendiendo de una forma más individualiza y a una corta edad. Es necesario que las dinámicas de trabajo se perpetúen en el tiempo para que los niños internalicen los procesos evolutivos  y se conviertan en parte de sus logros evolutivos. De esta forma se conseguirá que, a nivel cognitivo, tengan las mismas o similares posibilidades (sin olvidar las diferencias individuales) para desenvolverse en el contexto. Es una opción para salir del ciclo actual en el que es habitual que los niños cuyos padres tiene un trabajo de peores condiciones, con peor formación, menos ingresos, peor cuidado en la infancia acaben viviendo en las mismas condiciones y trasladándoselas a sus progenitores.

Vía|  Hackman, D. A., & Farah, M. J. (2009). Socioeconomic status and the developing brain. Trends in cognitive sciences13(2), 65-73.

Hirase, H., & Shinohara, Y. (2014). Transformation of cortical and hippocampal neural circuit by environmental enrichment. Neuroscience280, 282-298.

Lipina, S. J., & Posner, M. I. (2012). The impact of poverty on the development of brain networks. Frontiers in human neuroscience6.

Lipina, S. J., & Segretin, M. (2015). Strengths and weakness of neuroscientific investigations of childhood poverty: Future directions. Name: Frontiers in Human Neuroscience9, 53.

Ison, M. S. (2010). Propuesta de intervención para estimular funciones socio-cognitivas en escolares argentinos en condiciones de vulnerabilidad social. E. Saforcada, M. Mañas & E. Aldarondo (Comp.), Neurociencias, salud y bienestar comunitario, 111-127.

RELACIONADOS