Historia 

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La esposa de Amadeo de Saboya y el pueblo español


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Entre 1868 y 1874, España vivió un período dramático y exaltado, que es el denominado “Sexenio Democrático”. Esto fue debido a que la situación política era muy compleja, que se iniciara con una crisis económica que aceleró la caída del trono de Isabel II. Ese periodo comprende tres etapas, de las cuales, sólo nos vamos a referir al reinado de Amadeo I de Saboya.

La firma del Pacto de Ostende, en esta ciudad belga el 16 de agosto de 1866, que justificó el pronunciamiento contra la monarquía, hizo extenderse el levantamiento por todo el país. Se crearon Juntas  Provinciales que asumieron el poder. Tras la Batalla de Alcolea, con la victoria de las fuerzas sublevadas, Isabel II tiene que abandonar España. Se forma un gobierno provisional presidido por el general Serrano, con la colaboración del general Prim y el almirante Topete.

Mediante elecciones, tras convocatoria de Cortes Constituyentes, en las que se votó por sufragio universal masculino, triunfaron los partidos que defendían la monarquía como forma de gobierno. En la Constitución de 1869 se recogerá de esa manera, obligando así al nuevo gobierno a buscar un nuevo monarca.

Será como entre a formar parte de nuestra historia Amadeo de Saboya, duque de Aosta y segundo hijo del rey de Italia, Víctor Manuel II. Fue elegido  rey de España, siendo el primer intento en nuestro país de poner en práctica un gobierno de monarquía parlamentaria. El resultado fue un fracaso, llegando a durar solo dos años, dándose varias razones como posibles causas, en las que no entraremos en este artículo.

María Victoria dal Pozzo, la rosa de Turín

Cuando llegó a España, Amadeo de Saboya estaba casado con María Victoria dal Pozzo, IV princesa de La Cisterna y de Belriguardo. Este personaje es en quien nos vamos a centrar, y en su función como reina consorte. A causa de que en el breve reinado de su esposo ella se mantuvo casi en la sombra, no es conocida la obra que llevó a cabo.

Nació en el seno de una antigua familia aristocrática por parte paterna y, por la parte materna estaba emparentada con los Grimaldi, de Mónaco. Contó con una formación muy completa, hablando seis idiomas y con una extensa cultura. Pronto quedará huérfana de padre, en 1848, causa por la que su madre perderá el juicio. Al poco tiempo también fallecerá su única hermana de tifus, agravando más el desequilibrio de la madre de María Victoria. Ello fue causa del rigor y silencio en el que vivió nuestra protagonista hasta su boda con el príncipe Amadeo, I duque de Aosta. En Italia le llamaban “La rosa de Turín”.

Ambos contraen matrimonio en Turín en 1867, pero cuando su marido ocupa el trono de España ella permanecerá en Italia. Su llegada a tierras hispanas, un 17 de marzo de 1871, en el puerto de Alicante, y dos meses después que su marido, produjo mucha mejor impresión que la de su consorte entre los políticos españoles. A éstos les sorprendió que la soberana les saludara en correcto castellano, y algunos, como Victor Balaguer, escribieron:

“(…) y la conversación instructiva y amena, e inspira su presencia, al par que el más profundo respeto, la más afectuosa simpatía.  Aunque todos hemos oído hablar las grandes cualidades que la adornan, la realidad supera nuestras esperanzas…”

Como hemos comentado antes, la reina María Victoria es una figura desconocida en nuestra historia. Hay que destacar su comportamiento ejemplar, sus gustos sobrios y su discreción, además de sus numerosas obras  de caridad, que apoyó con su propia fortuna. Dejó evidencia de su personalidad en la manera de organizar su vida cotidiana: tuvo reuniones con intelectuales, obreros y mujeres del pueblo; ocupó sólo una parte del palacio real para evitar despilfarros, no usaba distintivos que acreditaran su rango, y ella misma se encargó del cuidado de sus hijos. Todo esto fue criticado y tergiversado, tanto por parte de la nobleza como del clero español, que la apodaban “La loca del Vaticano”. Quizá una de las causas del desconocimiento de su figura sea el acoso y el desprecio que sufrió por parte de dichos sectores y, sin embargo, el pueblo llano la defendía,  sobre todo debido a sus políticas a favor de los pobres. No en vano las clases bajas la llamaron “La Virtuosa”. Hasta ese momento, ninguna reina de España había recalado en las necesidades de las mujeres sin recursos.

Asilo de las lavanderas

Intentó aliviar en lo posible las desgracias del pueblo, razón por la que llevó a cabo  numerosas obras sociales, entre las que  destacan la fundación del “Asilo de lavanderas”, que sería la primera guardería infantil de este país; un hospicio para los ciegos; creó una “casa para los hijos de las operarias de la fábrica de tabacos”; instituyó un hospicio para niños pobres de Madrid, Valencia, Alicante, Barcelona y Tarragona, y fundó “la sopa económica”. Y a esto se unen los donativos que entregaba, de su propia fortuna, para socorrer a las familias pobres. Para realizar todo ello, contó con la colaboración de la escritora Concepción Arenal, que recibía giros de dinero, incluso una vez que la reina se había marchado de España, para continuar sus obras sociales. La ciudad de Madrid además debe, tanto a ella como a su esposo, el Instituto Oftalmológico y el Museo Arqueológico.

Como muestra de los desplantes de la nobleza y el clero, se produjo una de las revueltas más curiosas de nuestra historia, organizada por la princesa rusa Sofía Troubtzkoy, esposa del Duque de Sesto, José Osorio y Silva, que era grande de España, un político y militar que jugó un papel destacado en la Restauración, además su fortuna estuvo a disposición de la familia Real en el exilio, fue consejero y mentor de Alfonso XII, y alcalde y gobernador civil de Madrid. Consiguió el apoyo de la nobleza española a su causa, la llamada “Revuelta de las Mantillas”. En la biografía de Amadeo de Saboya, escrita por Gigi Speroni, se detalla el hecho:

 “(…) pocos días después de su llegada, el entusiasmo de María Victoria halla justificadas razones para enfriarse. Mientras camina con su esposo por el Paseo del Prado, ve que muchas damas llevan unas curiosas y altas mantillas. Los típicos mantos de blondas y encajes que las mujeres españolas llevan en la cabeza, dejándolas caer sobre los hombros, se ven adornados con lirios y margaritas (…). Pero gracias a Dragonetti (consejero y amigo de Amadeo I) se entera de la verdad. Aquellas mantillas son una provocación: el lirio es la flor favorita de la depuesta Isabel II, y Margarita es el nombre de la esposa de Don Carlos, duque de Madrid, pretendiente al trono de España.

Los defensores del gobierno y de Amadeo están hartos de aquella constante y cotidiana ostentación de las aristócratas damas isabelinas y carlistas, y (…) piensan en dejarlas en ridículo. Según parece, la idea fue de Ruiz Zorrilla, llevada a cabo por un partidario de Amadeo de Saboya, Felipe Ducazcal, quién contrató el servicio de algunas prostitutas y las disfrazó de nobles damas, proporcionándoles las famosas mantillas adornadas con flores.

Así, a las cuatro y media de la tarde del 23 de marzo, aparecieron en el Paseo del Pardo algunos carruajes con aquellas señoras que, vistiendo llamativos trajes, saludaban dignamente a los viandantes como si fueran grandes damas (…)”.

Las damas y caballeros alfonsinos y carlistas, ofendidos ante el ridículo al que fueron sometidos, solicitaron la presencia de la policía para disolver el desfile de las prostitutas. Insultos, amenazas y empujones fue como terminó dicha revuelta. Lo que quedó claro es que las clases bajas de la sociedad fueron las que respondieron a la afrenta contra la reina.

Entrada al Real Museo por la parte del Jardín Botánico

Tras la caída de la monarquía, partió al exilio desde Portugal, al poco de dar a luz a su último hijo, nacido en Madrid. Falleció en la Villa Dufour, en San Remo, debido a la tuberculosis, a sus 29 años. El epitafio de su sepulcro reza:

En prueba de respetuoso cariño a la memoria de doña María Victoria, las lavanderas de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Tarragona, a tan virtuosa Señora”.

Hay personas que han quedado en el olvido en las páginas de la Historia, debido al torrente de acontecimientos en los que se vieron envueltos, pero los hechos dejan constancia para que puedan ser reconocidos en algún momento.

Vía|Gallardo, C.: “La Reina de las Lavanderas”, ed. La esfera de los libros, 2012.

Speroni, G.: “Amadeo de Saboya”, ed. Juventud, 1989.

Casalegno, C. : “Maria Vittoria, Il sogno di una principessa in un regno di fuoco”, ed. Effata Editrice, 2003.

Fernández Almagro, M.: “Historia política de la España contemporánea 1868-1885” ,ed. Alianza, 1972.

Pérez Galdos, B.: ” Episodios Nacionales, 43/ cuarta serie. Amadeo I”, ed. Alianza, 2007.
Más información|María Victoria dal Pozzo
Imagen|María Victoria dal Pozzo ; Asilo de las lavanderas ; Paseo del Prado en el siglo XIX
En QAH| Amadeo I de Saboya, el rey que llegó por mar

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