Historia 


La esperanza de vida en la Historia

Ancianidad y sabiduria, buenas compañeras

Ancianidad y sabiduria, buenas compañeras

En este aspecto hemos mejorado… y para bien. La raza humana, con el transcurrir de los siglos, ha evolucionado notablemente en cuanto a longevidad. Ya desde el paleolítico y hasta hace bien poco en términos relativos, la edad media de fallecimiento rondaba la treintena de años. En ocasiones se suele decir que a un romano, un godo o un cruzado, se les consideraban casi ancianos al alcanzar los 35 años de vida. Este hecho no es cierto del todo, ya que la relatividad de las estadísticas nos puede llevar a confusiones.

Un individuo de 43 años que viviese en el año 1.147 es tan “viejo” biológicamente hablando como uno de nuestros días. La diferencia real radica en la edad media. La verdadera prueba de fuego en tiempos pretéritos radicaba en sobrevivir a los primeros años de nuestra existencia; la elevadísima tasa de mortalidad infantil y juvenil así lo demuestra. La mayoría de historiadores se inclinan por la teoría de que más del 25% de los infantes no sobrepasaba la edad de cinco años.

Mención importante merece el capítulo de las enfermedades. Lesiones, accidentes, heridas de guerra… provocaban infecciones con funestos finales hasta que un tal Alexander Fleming descubrió la penicilina en el siglo XX. Si un simple resfriado podía acarrear un serio problema, que no decir de una gripe, sarampión, viruela, sifilis, etc.

Y la Higiene, esa palabra de la que algunos huyen y que dependiendo del contexto cultural y civilizacional ocupa un diferente escalafón de prioridad en las sociedades antiguas. De las termas públicas romanas y los baños árabes como ejemplo de salubridad, pasamos al polo contrapuesto; las grandes urbes que se comenzaron a definir tras las reformas agrícolas y feudales no eran buen ejemplo de limpieza. Hacinamientos humanos conviviendo con excrementos y roedores eran caldo de cultivo ideal para enfermedades y, por ende, una menor esperanza de vida.

Termas romanas

Termas romanas

La falta de Censos y cifras fiables respecto a ciertas épocas puede dejar albergar algunas dudas. Cuando las primeras sociedades agrícolas comenzaron a formarse hace miles de años y dejamos atrás las Cuevas, la convivencia con el ganado y las aves también tenía efectos negativos. Pese a todo, el mito de que “los antiguos” no se lavaban no deja de ser una exageración arrogante, muy típica de nuestro ego y vanidad.

La humanidad ha evolucionado tecnológicamente y la medicina ha avanzado a pasos agigantados con el transcurrir de los años. ¿A quién debemos que podamos disfrutar de una mejor calidad de vida y longevidad? Sin duda a personas que entregaron su existencia por nosotros. Las noches de desvelo de Florence Nithingale, Ramón y Cajal, Karl Landsteiner, Gertrude B. Elio y todos aquellos que entregaron su vida a la medicina bien merecen nuestro agradecimiento.

En colaboración con | Historias de nuestra historia

Imágenes | Onda cero y fotoimages.org

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