Historia 


La Española y el contrabando: las Devastaciones de Osorio

La isla de La Española, que actualmente comparten Haití y la República Dominicana, fue en época colonial un punto clave en cuanto a importancia económica y geopolítica de la Isla en el Caribe. Desde la llegada de Colón a sus tierras y durante las primeras décadas del XVI puede hablarse de que fue la puerta de entrada a América, hasta que el protagonismo de tales títulos fue copado por el avance de los conquistadores en el Continente americano. Sin embargo, a lo largo de los siglos XVI y XVII, sobre todo, la Isla destacó por un desarrollo socioeconómico particular, que le llevó a cambiar la economía y a adaptar todo esfuerzo posible a la lucha contra un enemigo sin parangón en cuanto a los intereses de la Corona española en La Española: el contrabando.

La Española en un mapa del siglo XVI

La Española en un mapa del siglo XVI

La primera orientación económica de la nueva colonia se enfocó a la obtención de oro, abundante en forma de oro de aluvión. El descubrimiento de minas en la cuenca del Río Haina en 1496 daría pie al desarrollo de la franja sur de la Isla con la aparición de Santo Domingo, que se configuraría como capital y puerto principal. Sin embargo, en la segunda-tercera década vio el agotamiento de las fuentes auríferas y la escasa productividad de otros bienes, que dio pie a la reorientación de la economía isleña, afianzando a partir de ese momento un panorama socioeconómico basado en las plantaciones (tabaco y azúcar principalmente) y en la ganadería. Las plantaciones, sobre todo azucareras, dieron pie a un potente desarrollo de la franja sur, que por la cercanía de Santo Domingo daba pie a la presencia de capitalistas con suficientes fondos para el impulso de estos sistemas de producción. El azúcar permitió el desarrollo de puertos importantes en el sur y en las bandas occidentales y orientales de La Española, con nombres como Puerto Real, Puerto Plata, Azua, La Yaguana, etc. De igual manera, los valles centrales serían el lugar donde se desarrollaría una potente industria ganadera enfocada a la venta de carnes y sobre todo a la exportación de cueros, altamente demandados en la Europa del momento.

Sin embargo, a mediados del XVI crecía la presencia colonial española en Centroamérica y Suramérica, trasladando los ejes de navegación hacia otros puertos con la introducción de las Flotas de Indias, y provocando en La Española un efecto nocivo en la sociedad y la economía, ante una paulatina despoblación (hacia otras partes de América y el Caribe) y un encarecimiento y desprotección de las rutas de importación-exportación. La doctrina de mare clausum de la Corona tampoco ayudaba a una salida rápida y legal, puesto que esta cerraba los puertos de todos sus territorios al comercio con potencias extranjeras, dejando el monopolio a la Península a través de Sevilla.

Galeón español, siglos XVI-XVII. Icono de la Flota de Indias y el comercio colonial

Galeón español, siglos XVI-XVII. Icono de la Flota de Indias y el comercio colonial

Esta situación llamó la atención de una serie de emprendedores ingleses, holandeses y franceses, que vieron pronto lo beneficioso de la situación, viendo una isla llena de productos de valor y de productores y comerciantes que buscan dar salida a sus productos. Así, se empezó a desarrollar una ferviente actividad por parte de contrabandistas extranjeros que pronto se vieron amparados por la propia población isleña, que veía con buenos ojos los altos precios ofrecidos por sus cueros, azúcares y otros productos de la colonia en comparación por los que llegaban de la Península. A su vez, tenían una oferta más amplia de productos llegados de Europa a buenos precios. Al beneficio económico de las gentes de la Isla, se le unió la carencia de una red de acción marítima por parte de la Corona, que enfocada a la defensa de los puertos más importantes y de la Flota de Indias, había dejado en La Española unos pocos navíos concentrados en el sur. Esto daría pie al desarrollo de la franja norte como centro del contrabando en la Isla, ayudados por la orografía isleña, que separa a través de las cordilleras Septentrionales y Central la franja norte del resto de la Isla. El contrabando caracterizó así a La Española durante el siglo XVI, siendo prácticamente inútiles las distintas iniciativas de la Corona para paliarlo a lo largo del siglo, debido a las causas anteriores, y a la complicidad de las autoridades locales, que veían también beneficio en dichas actividades. La economía de la isla se resintió también, al preferir los ganaderos mandar su producción a los puertos de la banda norte y la banda occidental en lugar de a Santo Domingo y la franja sur, llegándose a producir en ocasiones carestías de carne y otros productos.

A principios del XVII, la Corona envió a Santo Domingo a Antonio de Osorio, el cual intentó igualmente ejercer un mayor control sobre la Isla, de manera que pudiera lograr paliar a los contrabandistas mediante la combinación de una red de vigilancia en las poblaciones afectadas que permitiese mandar patrullas para atacar a los traficantes extranjeros. En 1605 sin embargo, Osorio ponía en marcha las órdenes llegadas desde la Península y firmadas por Felipe III: había que despoblar la franja norte de la Isla para cortar de raíz el contrabando. El razonamiento era sencillo a la par que extremo, puesto que si no había gentes con quien tratar, no habría contrabandistas. Así, entre 1605 y 1606 se despoblaron los puertos de La Yaguana, Monte Cristi, Bayajá y Puerto Plata, trasladándose junto a los habitantes de las zonas rurales de esas regiones a la franja sur, donde se reubicaron, creándose también dos núcleos grandes: Bayaguana y Monte Plata. Junto a la migración de la población se llevó a cabo la quema de ganado y tierras para asegurar el aniquilamiento del contrabando en la región. Igualmente se recurrió a la fuerza militar para evitar rebeliones y asegurar el buen curso del proceso.

Esto permitió la disminución del contrabando en La Española hasta cotas de práctica desaparición, dejando la franja norte despoblada durante mucho tiempo. También dio pie a una estabilización del comercio entre la Isla y la Península, sin lograr un pleno auge durante el siglo XVII. Sin embargo, la carencia de control en aquellas regiones permitió el desarrollo del filibusterismo cerca de la Isla, instalándose los protagonistas de dicha etapa en la que será la isla pirata por antonomasia hasta el siglo XVIII y el auge de Nassau: Isla Tortuga.

 

Vía | MOYA PONS, F., Historia colonial de Santo Domingo, Santiago, Universidad Católica Madre y Maestra, 1977

CASSÁ, R., Historia social y económica de la República Dominicana, tomo 1, Santo Domingo, Editora Buho, 1987

Imágen | Mapa de La Española, Galeón español,

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