Historia 


La España de los pronunciamientos

Fernando VII

Es bastante aceptado que la España contemporánea nace en 1808 tras la invasión napoleónica. A partir de este momento, aquel país que años atrás había sido potencia, tuvo que iniciar una necesaria reestructuración. Pero no sería fácil. Había que reconstruir un país marcado por la guerra pero también un país en el que durante el conflicto cientos de personas habían trabajado en Cádiz para redactar una constitución que antes o después debía conducir a los españoles a la ansiada modernidad.

Así pues, con el fin de la contienda y el regreso de Fernando VII, España se dirimía entre iniciar el cambio o mantenerse al sistema que le había conducido a la debacle. Y esa forzosa vuelta al absolutismo generó recelos entre una parte de la sociedad y especialmente entre algunos militares, cuya importancia a lo largo del siglo XIX es notoria.

Desde 1814 en que regresase a España el ‘rey felón’, no hubo año hasta 1820, en que algún destacado militar no se pronunciase con la idea de derrocarlo e instaurar el Liberalismo. Espoz y Mina en Pamplona, Díaz-Porlier en La Coruña o Lacy en Cataluña son algunos de estos ejemplos infructuosos previos al pronunciamiento de Rafael de Riego en Cabezas de san Juan. Sin embargo, este movimiento, que sirvió entre otras cosas para devolver a los españoles la constitución de 1812 hasta que los cien mil hijos de San Luis ayudaron a Fernando VII a restaurar el absolutismo, no es excesivamente significativo del papel que alcanzarían a tener los militares en la política española una vez se entró en el reinado de Isabel II.

La inestabilidad política en España aumentó en 1833. Carlos María Isidro había presenciado tres años atrás el nacimiento de una niña que iba a llevarse por delante sus aspiraciones de reinar pero no sus ganas por hacerlo. Así, con el manifiesto de Abrantes iba a evidenciar dicho anhelo dando además comienzo a la primera guerra carlista. En esta guerra iba a nacer un nuevo héroe militar, Baldomero Espartero, con quien se iniciaría la época de ‘Los Espadones’. Espartero había vencido a los Carlistas firmando la paz en Vergara en 1839 y un año después asumía la regencia del país tras el exilio de María Cristina de Borbón. Pero tan solo tres años bastaron para demostrar que la injerencia militar no había dado el resultado esperado. Su falta de habilidad política y su forma de resolver el problema de la industria textil catalana terminaron con su regencia.

Espartero

Desde ese momento los distintos partidos políticos tendieron a rodearse de los espadones con la intención de lograr la alternancia en el gobierno. Pero precisamente la política moderada que se adoptó en la primera década de reinado efectivo de Isabel II, con la que se buscaba entre otros motivos aislarse de los movimientos revolucionarios que en 1848 se habían dado en Europa, motivó que en 1854, O’Donell y Dulce lideraran el pronunciamiento militar conocido como ‘Vicalvarada’ al que se uniría el ya nombrado Espartero y cuyas pretensiones plasmó Cánovas del Castillo en el Manifiesto de Manzanares. Apenas un mes después del comienzo de este movimiento, Espartero y O’Donell proclamaban en Madrid el triunfo de la revolución formándose un nuevo gobierno de corte progresista.

Pero esta etapa duró poco, desde 1856 la vuelta al moderantismo fue gradual, la Unión Liberal alternaba el poder con los progresistas y moderados hasta que en 1863 la marginación a los progresistas fue cada vez mayor obligándoles a recurrir a los pronunciamientos militares como vía para reclamar su posición en el gobierno. De esta manera, en 1866 se producirán las sublevaciones del general Prim en Villarejo de Salvanés con la que pretendía obligar a la reina a que nombrase un gobierno del partido progresista y la sublevación del cuartel de San Gil, de cuya organización se encargó el propio general Prim desde el exilio. Y aunque estos movimientos no llegaron a triunfar supusieron un cambio en las aspiraciones de los sublevados. Hasta el momento se buscaba cambiar el gobierno, desde entonces el foco se centraba en la reina.

Prim, Serrano y Topete

Y en este devenir de los acontecimientos llegamos a 1868, el año en que el general Topete, junto con Serrano y Prim, ambos unidos en el deseo firmado en Ostende de acabar con la dinastía que estaba en el poder, se pronunciaban en Septiembre en la llamada ‘La Gloriosa’. Una revolución en toda regla que acabó con los borbones fuera del país hasta que precisamente otro militar, el general Martínez Campos se pronunciase en Sagunto restaurando la monarquía Borbónica.

El siglo XIX se cerró con casi dos centenares de pronunciamientos militares, tres guerras civiles y varios conflictos internacionales que evidencian lo convulso de esta centuria marcada por el deseo de desarrollo y renovación para el país.

Vía| Cepeda Gómez, José. Los pronunciamientos en la España del siglo XIX. Arco, Madrid, 1999

Más información| Pronunciamientos

Imagen|Fernando VII, Espartero,

En QAH|  El enigmático y conspirador asesinato del general Prim, El duque de Montpensier, intrigas para desbancar a Isabel II del trono español,

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