Historia 


La esclavitud en Mesopotamia

«Uno de los primeros efectos de la expansión de la civilización fue la deshumanización de sus miembros». Esto escribe S. Bertman para referirse a un fenómeno que no escapa de ninguno de los grandes imperios y culturas de la Antigüedad: la esclavitud.

El esclavo en Mesopotamia era esencialmente una propiedad material. Si un esclavo es herido o atacado, dice el Código de Hammurabi, es su dueño el que debe ser compensado por los daños, y no el propio esclavo. Y como toda buena propiedad, estaban marcados con el nombre de sus dueños con una marca a hierro candente en la mano y un mechón largo de cabello en la cabeza. Si a un esclavo se le ocurría escaparse y tenía la mala fortuna de ser encontrado, el castigo podía alcanzar grados muy altos de severidad. De la misma manera, si alguien ayudaba a un esclavo a huir, su castigo en caso de ser descubiertos sería directamente la muerte. Si un barbero se atrevía a cortar ese mechón de pelo que señalaba a los esclavos, se le cortaría la mano y la persona que lo contrató para ello sería empalado a la puerta de su hogar para advertir a otros que se cuidaran de hacer lo mismo.

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Fragmento de “los relieves de Lachish” representando a los cautivos (Judith Dekel)

Con el auge de los imperios, la causa principal de esclavitud fue la guerra y sus prisioneros, pero no se trató de la única. Las deudas podían llevar a un hombre a perder su libertad a modo de pago, o incluso a vender a su mujer o alguno de sus hijos para saldarlas o escapar de la ruina económica. El caso más llamativo de esta compra y venta de personas, nos cuenta Bertman, queda como testimonio en la impresión de las pisadas de un niño en arcilla, vestigio arqueológico datado en 1200 AEC; a lo largo de las pisadas del pequeño hay una inscripción en cuneiforme con la impronta de un sello: es la factura de esclavitud del niño. Como otras causas, uno podía ser vendido en castigo por haber cometido un crimen o incluso ser secuestrado para entrar en el mercado de esclavos de otra región.

Normalmente los esclavos eran empleados en las tareas domésticas o de labranza, pero muchos de ellos se convertían en asistentes para los sacerdotes de los templos. Según Stephen Bertman, en Babilonia, hacia el primer milenio AEC, cada casa privada tendría alrededor de dos o tres esclavos. Muchos maestros instruían a sus esclavos en sus labores, que podían abarcar desde la metalurgia al tejido, la joyería o la carpintería; algunos de ellos incluso podían adentrarse en el mundo de los negocios. Un esclavo mesopotámico tenía la oportunidad de ahorrar pequeñas cantidades de dinero, alquilar una propiedad pequeña o, si la situación le era muy favorable, comprar esclavos para sí mismo.

Pero en última instancia, un esclavo y todas sus pertenencias eran propiedad de su amo, y aunque el Código de Hammurabi establece que se podía comprar la libertad, queda en el tintero si alguno de ellos finalmente lo consiguió.

 

Vía | Bertman, S., Handbook to life in Ancient Mesopotamia, Nueva York, Facts on File, 2003. Mark, J., «Daily Life in Ancient Mesopotamia», Ancient History Encyclopedia. Last modified April 15, 2014. http://www.ancient.eu /article/680/.

Imágenes | Relieve de Lachish

En QAH| Civilización: la estructura social en Mesopotamia; Códigos legislativos en la Antigüedad 

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