Economía y Empresa 


La equivalencia ricardiana o porqué el gasto público debe contenerse

En los años 30, John Maynard Keynes, quizás el economista más famoso de todo el siglo XX, explicó que en momentos de recesión o depresión el gobierno de una nación tenía el poder, y la obligación, de ejecutar una expansión del gasto público para compensar la caída de la demanda. Por supuesto, su argumento tenía todas las reservas posibles, y él mismo así lo indicaba. Esta expansión del gasto público debía hacerse en condiciones muy particulares y en un entorno de depresión del resto de las partidas de demandas: consumo, inversión y sector exterior.

A Keynes se le mal interpretó, y durante más de 30 años, las “políticas keynesianas” se apoderaron de la política económica mundial. Su coexistencia con un entorno macroeconómico estable, especialmente debido a la confianza que instauró el patrón dólar de Bretton Woods y a la apertura comercial auspiciada por el GATT generaron una euforia sobre este tipo de políticas. No obstante, la llegada de los setenta con la desaparición de Bretton Woods y de una crisis muy diferente a las anteriores (de oferta), invalidaron las técnicas “keynesianas”relegando a su paradigma a una posición secundaria.

Con la “Gran Recesión” de 2008-2009 se volvió a invocar a Keynes como solución a los grandes males de la economía. Sin embargo,  los países abrumados por el exceso de endeudamiento en el que estaban incurriendo rápidamente echaron el freno y propusieron una reducción inmediata del gasto público. Esta pérdida de confianza en Keynes se basa en teorías económicas que argumentan que  todo gasto público actual implicará en el futuro una subida de impuestos, por lo que el saldo del mismo a largo plazo es cero, e incluso en algunos casos negativo.

Esta idea proviene de una concepción de la economía que se basa en las llamadas “expectativas racionales”. El argumento es muy sencillo: Al aumentar el gobierno el gasto público modifica los patrones de consumo e inversión de las familias y empresas. Esto es así porque ambas suponen que en el medio y largo plazo el gobierno deberá subir los impuestos para compensar el exceso de gasto. Según esta visión, el comportamiento de los individuos en una economía no es trasversal o contemporáneo a los hechos a los que responde, sino que la respuestas de los agentes se trasladan en el tiempo. Así, si hoy aumentamos el gasto mañana caerá el consumo y la inversión  se ahorrará para poder pagar los impuestos que estarán por venir. Es más, aunque las familias y empresas adquieran los bonos, la riqueza neta de éstas ante las subidas de impuestos no necesariamente deberá ser positiva.

Sólo en el caso de un crecimiento económico sostenido y perdurable puede hacer que el saldo final del gasto público sea positivo. El corolario a esta última afirmación es que dependiendo en qué te gastes el dinero de la deuda el saldo final del incremento del gasto público será más o menos positivo, o negativo.

Esta teoría se denomina Equivalencia Ricardiana, en honor a su primer padre intelectual, el economista del siglo XIX David Ricardo. Su desarrollo por R. Barro en “Are Government Bonds Net Wealth?” [Son riqueza neta los bonos del gobierno?] en el Journal of Political Economy (Vol. 82, No. 6. (Nov. – Dec., 1974), pp. 1095-1117)  la modernizó en los términos del nuevo pensamiento económico post-keynesiano.

 

Vía| R. Barro “Are Government Bonds Net Wealth?

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En QAH| ¿Qué es el New Deal?Políticas de demanda y oferta, La Relevancia del sector público en la actual crisis financiera, Explicación de la política económica keynesiana para combatir el desempleo y la inflación, ¿ Qué es la velocidad de circulación del dinero?

 

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