Filosofía, Reflexiones 


La educación política (III): ¿Por qué es tan educativo el contexto político?

A familia, 1925.Tarsila do Amaral, (Brasil, 1886-1973)

El contexto social de aprendizaje en que se viva educa o, por supuesto, maleduca. Pero es lo que más educa. Aprendemos a veces por nosotros mismos, sí; formalmente aprendemos en la escuela y nuestros padres nos orientan conscientemente hacia lo mejor que saben, es cierto. Pero lo que más educa sin apenas darnos cuenta es el contexto, los modelos sociales e individuales que nos circundan. Y no lo que dicen que hacen o lo que nos dicen que debemos hacer, sino lo que de hecho muestran, a veces, a pesar suyo. Sobre todo cuando son muchos los que muestran lo mismo. Cuando predominan ciertas conductas habituales. Tan habituales, que se vuelven normales. Y nuestros políticos no se sustraen a esta realidad educativa. “Educa la tribu entera”, le gusta recordarnos José Antonio Marina.

¿Os habéis fijado en lo semejantes que son, en el modo de conducirse, nuestros políticos profesionales? La razón estaría en el contexto habitual en que se mueven. Aquello que más abunda y que es lo que más presiona, sabiéndolo o sin saberlo. Funciona frecuentemente un mecanismo social de “selección natural”: cuando predomina un determinado conglomerado de usos y costumbres, aquel que no encaja bien del todo, o no se adentra, o se aleja poco después de él; y si no, los demás se encargarán de hacerle la vida imposible para que se vaya. Así, los que quedan, claro, acaban pareciéndose demasiado. Ocurre en todo tipo de grupos, también dentro de un partido político, y más si los que están llevan juntos mucho tiempo, haciendo lo mismo: política al uso. La política es eso, dicen. Pero, habría que decir: eso es lo que hay; lo que no significa que siempre haya sido así, ni tampoco que siempre vaya a ser así. Aquello que se construye socialmente, socialmente puede reconstruirse y reorientarse.

De ese modo se va gestando la corrupción política, pongamos por caso. Lo frecuente, se vuelve habitual, lo habitual, normal. Y lo normal, política y moralmente aceptable. Vayamos al fondo: la política es un medio para un fin, que es la realización de lo mejor para y por la comunidad de ciudadanos. Sin embargo, la costumbre es que la política se haya convertido en un fin en sí misma, y los ciudadanos simples medios para justificar el poder político; la oportunidad para favorecer mis intereses y de los míos (mis allegados sociales y económicos). Se pervierte así la política y se corrompe la vida pública. Poco a poco, con aparente normalidad…

Pero todo podría ser diferente. No sabemos si nuestros políticos profesionales se dan cuenta de que, puesto que principalmente se educa con el ejemplo reproducido socialmente, ellos son un factor crucial de la educación cívica de nuestros jóvenes, y de la sociedad en general. Aquello que la escuela trata de inculcar por la mañana queda deshecho por la noche, a la hora de las noticias del día. ¿De qué nos vale educar a los jóvenes para ser buenos ciudadanos si nuestros políticos suelen estar tan mal educados? La educación política ha de comenzar por aquellos que obtengan cargos públicos o los detenten. Los propios partidos políticos deberían promover esto internamente y servir de filtro. Como pensaba acertadamente Hans Jonas, el poder requiere de una gran responsabilidad, puesto que sus decisiones afectan a muchos y su conducta constituye un ejemplo para todos. ¿Eres consecuente? Si no, no te dediques a la política. Producirías un gran daño.

 

Más información| El gobierno del pueblo

Imagen| A familia, Tarsila do Amaral

En QAH| La educación política (II): ¿Qué podemos aprender de la República platónica? La educación política (I): ¿Cualquiera puede ser un político? Es la corrupción la causa de la decepción del ciudadano ante la política?

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