Filosofía, Reflexiones 


La educación política (II): ¿Qué podemos aprender de la República platónica?

 

Volver al pasado no es siempre pura nostalgia. Volver al pasado, ni mucho menos, es huir del momento presente. Si la finalidad es el aprendizaje, si actualizamos lo pasado en nosotros. Y si es algo clásico, mejor que mejor. Karl Popper declaró a Platón enemigo público de la sociedad abierta, liberal y democrática. Olvidó que los clásicos no están ahí para seguirlos al pie de la letra, ni tampoco para que nos sirvan de pantalla de nuestros propios fantasmas. Han sobrevivido en razón de su utilidad, para entresacar lo más granado que nos puedan aportar a nosotros que estamos leyéndolos, a nosotros que estamos pensándolos. Repensar los clásicos una y otra vez. Platón provenía de una familia aristocrática, no era partidario de la demagogia democrática ni del igualitarismo, pero tomaba partido muy claramente por la ciudadanía, por la educación política.

Platón

¿Quién debe gobernar? ¿Quién ha de dirigir el destino sociopolítico de la “ciudad”? En su diseño utópico de una sociedad justa cada uno debiera realizar aquellas tareas comunitarias para las que esté mejor preparado, perfeccionadas sus cualidades naturales mediante la educación. En especial, nos dice Platón, orientando de un modo adecuado la educación de los mejores, pues no hay mayor mal que el que pueden desplegar los más capaces; mayor corrupción que la corrupción de los mejores. Si todos contribuyen dando lo mejor de sí mismos habría, entonces, armonía y habría bienestar social (un marco adecuado para el desarrollo integral del individuo, pues no es separable lo social de lo individual). Han de gobernar, por consiguiente, los que estén mejor preparados para ello. Algunos no serían aptos de ninguna manera. Ni los educandos o carentes de formación todavía, ni los malvados, porque, aún siendo inteligentes, no dirigen sus capacidades hacia el bien común sino todo lo contrario, ni tampoco los “filósofos puros”, preparados, pero inexpertos para lidiar con las dificultades de las cosas mundanas. Por ello, los futuros gobernantes completan su formación a través de un período de prácticas (¡durante quince años!), donde serán puestos a prueba “para ver si se van a mantener firmes cuando se intente arrastrarles en todas direcciones o si se moverán algo” (República, VII).

Y sigue diciéndonos Platón en su Politeia o diálogo sobre la justicia: “Lo cierto es que el Estado en el que menos anhelan gobernar quienes han de hacerlo es forzosamente el mejor y el más alejado de disensiones, y lo contrario cabe decir del que tenga gobernantes contrarios a esto” (Ibíd.). Una condición básica habrían, entonces, de satisfacer nuestros políticos de hoy, aquellos que el pueblo decida que son aptos para gobernar los asuntos públicos durante un período limitado de tiempo: han de gobernar quienes menos anhelan gobernar. Una cualidad política mínima exigible, que necesitaría demostrarse fehacientemente. Así el pueblo podría tener, al menos, un poco de confianza en que se gobierna por compromiso y deber hacia la comunidad, por “amor a la ciudad”, y no por el deseo de poder, un deseo de poder satisfacer los intereses propios o los de sus allegados personales, políticos o económicos. Una buena lección antigua para nosotros los de ahora, ¿no te parece?

 

Más información| El gobierno del pueblo

Imagen| Detalle de La escuela de Atenas

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