Filosofía, Reflexiones 


La educación política (I): ¿Cualquiera puede ser un político?

 

La respuesta es obvia desde la época de Pericles, aunque haya sido a menudo olvidado a lo largo de la historia: todos somos políticos por nuestra sola pertenencia al cuerpo social. Ahora bien, no todo el mundo está igual de preparado para dedicarse a la política. Esto es otra cosa. La experiencia política del pueblo, durante todos estos años de democracia, ha mostrado que una tarea de tanta envergadura, cuyas acciones nos afectan a todos nosotros, de tanta responsabilidad, no puede estar en manos dcualquiera. No puede ser que el pueblo vote a candidatos de los que sabe tan poco, sólo porque van en una lista propuesta por un determinado partido político. No puede ser que los políticos sean, según aparece recurrentemente en las encuestas, uno de los principales problemas de nuestra vida social.

Los excesivos casos de corrupción, el alejamiento entre la política y la ciudadanía, la indignación del pueblo por la desviación de los fines propios de la política, convertida en fin en sí misma y no un medio para el bien común…; por todo ello, es imprescindible un replanteamiento de quién puede ser un político y en qué condiciones. Es necesaria una nueva educación política. Proponemos para la discusión estas tres condiciones:

a) En lugar de la habitual “selección natural” de los que se dedican a la política, que conduce a que muchos de nuestros políticos estén cortados con el mismo patrón, sería el pueblo, de alguna manera que habría que establecer entre todos, el que decidiera quién puede estar en la política profesional y de qué modo. El político habría de estar bien formado o habría de poseer experiencia contrastada tomando decisiones, pero —y esto es muy importante— dejándole un período de prueba, a ver si se distingue por su “amor a la ciudad”. Ya me entendéis. Es crucial en estos tiempos que tengamos a los mejores en la política.

b) Puede también resultar de vital importancia para nosotros (todos nosotros) que el paso por la política profesional estuviese delimitado temporalmente. Entras en la política, pues te ha encargado el pueblo alguna tarea, y transcurrido un período determinado (cinco, ocho, diez años máximo, esto también habría que decidirlo democráticamente, como toda regla del juego común), dejas la política con el mismo patrimonio que tenías antes; y si piensas de otro modo, no debes dedicarte a la política. Hay muchos que podrían hacerlo mejor que tú.

c) Ya que quieres ser un político, persona pública al servicio de la comunidad, el pueblo ha de saber de ti: toda tu vida pública, también todo tu currículo oculto para que luego no haya sorpresas, qué dicen de ti los que te conocen —si los has beneficiado o perjudicado con tus decisiones— y, además, cómo estás de ética: ¿Has superado el nivel tres de desarrollo moral, según Kohlberg , pongamos por caso?

Y ahora es vuestro turno…

 

Más información| El gobierno del pueblo

Imagen|Portada edición original del libro de Stéphane Hessel

En QAH| Cafés filosóficos (I): ¿Por qué asistir a un café filosófico?, ¿Es la corrupción la causa de la decepción del ciudadano ante la política?

RELACIONADOS