Salud y Deporte 


La Educación Física en edad escolar (I)

A pesar de que la Educación Física es una asignatura obligatoria y consolidada en el currículum de Educación Primaria, resulta más que evidente que no goza de una buena valoración por parte de la sociedad en general y de la Administración, de los propios compañeros de profesión y de un gran número de padres y madres en particular. Tanto es así que esta falta de prestigio y estatus se hacen patentes con la escasez de horas destinadas al área de Educación Física en los centros educativos españoles. Sin embargo, son cada vez más las investigaciones científicas que evidencian los múltiples beneficios de la actividad física y el deporte en edades tempranas.

Educación Física

El papel de la Educación Física escolar sigue siendo secundario.

Desde el propio sistema educativo se ha considerado que asignaturas como lengua y matemáticas, preocupadas por desarrollar el intelecto del niño, son superiores al resto de áreas de conocimiento. En este sentido, Sáenz-López (1999) manifiesta que esta visión tradicional de considerar la escuela como institución para desarrollar las capacidades intelectuales, junto con la falsa creencia de considerar la Educación Física como medio para practicar actividades físicas sin ningún tipo de implicación cognitiva, pueden ser algunas de las principales causas de su bajo estatus. Asimismo, una idea demasiado generalizada es la de considerar el ejercicio físico como un medio indispensable para mejorar la salud de la población desde un mero punto de vista físico-fisiológico. No obstante, a pesar de su indiscutible repercusión en este sentido, el reconocimiento de los efectos beneficiosos del ejercicio sobre aspectos sociales, psicológicos y cognitivos, es un hecho cada vez más evidente y constatado por la ciencia.

Beneficios fisiológicos

Existe una clara evidencia científica de que la práctica regular de actividad física contribuye a incrementar la esperanza de vida y la calidad de vida, así como a prevenir ciertas enfermedades comunes en la actualidad (insuficiencia cardiaca, arteriosclerosis, hipertensión arterial, accidentes cerebrobasculares, obesidad, diabetes tipo II, cáncer de colon, etc.) (Mendoza, 2014). Además, el ejercicio implica importantes beneficios para el aparato locomotor y puede repercutir muy positivamente en la rehabilitación de diversas enfermedades crónicas como las enfermedades coronarias, la hipertensión, la diabetes o las enfermedades obstructivas pulmonares.

Por otro lado, Carrasco y Torres (2000) sugieren que el ejercicio físico en edades tempranas favorece una mayor mineralización de los huesos, lo que posibilita un mayor crecimiento y desarrollo óseo y contribuye a prevenir el riesgo de padecer osteoporosis en la madurez. Asimismo, enfermedades cada vez más frecuentes entre la población infantil como el sobrepeso y la obesidad pueden ser contrarrestadas por su práctica habitual, además de por una dieta sana y equilibrada. Según la Organización Mundial de la Salud, el sedentarismo es una importante causa de enfermedades crónicas y de mortalidad precoz en países desarrollados, por lo que una vida físicamente activa nos protegería de los riesgos asociados a un estilo de vida sedentario.

Beneficios sociales

Cada vez existen menos dudas acerca del elevado potencial socializador del deporte. Para Gutiérrez (1995) el sistema educativo (la escuela) en general y la Educación Física en particular, juegan un papel fundamental en el proceso de socialización del niño. Según este autor, la práctica físico-deportiva puede favorecer el aprendizaje de los roles del individuo y de las reglas sociales, así como la adquisición de una serie de valores personales y sociales esenciales en la formación de la personalidad y de las habilidades sociales de los más pequeños: participación de todos, respeto a los demás, cooperación, solidaridad, relación social, amistad, pertenencia a un grupo, competitividad, trabajo en equipo, expresión de sentimientos, responsabilidad social, convivencia, lucha por la igualdad, compañerismo, justicia, preocupación por los demás, cohesión de grupo.

Todos estos valores culturales, las actitudes sociales y los comportamientos individuales y colectivos adquiridos a través de la práctica deportiva pueden ser extrapolados a otros ámbitos de la vida como el familiar o el laboral (Ramírez, Vinaccia y Suárez, 2004). Sin embargo, no debemos caer en el error de considerar que el deporte, por sí mismo, es generador de valores sociales. En este sentido, Giménez (2003) nos advierte de que un planteamiento inadecuado del deporte puede llegar a ser muy perjudicial para los más jóvenes. Por tanto, para garantizar una Educación Física de calidad y un proceso de socialización más efectivo, el deporte deberá ser planteado desde un diseño pedagógico adecuado donde el docente promueva aquellos valores que contribuyan a fraguar la personalidad de sus alumnos y a favorecer las relaciones sociales con los demás.

Beneficios psicológicos

Numerosos estudios concluyen que el ejercicio físico practicado de forma regular repercute positivamente en el bienestar psicológico de la población. Así, Márquez (1995) afirma que su práctica habitual favorece un aumento de la autoconfianza, sensación de bienestar y mejora del funcionamiento intelectual, además de suponer una herramienta imprescindible para el tratamiento de trastornos psicológicos como la depresión, el estrés o la ansiedad. Asimismo, el ejercicio físico puede resultar de gran utilidad a la hora de prevenir enfermedades mentales, trastornos de personalidad, estrés laboral o académico, falta de habilidades sociales, etc. (Ramírez, Vinaccia y Suárez, 2004).

Por otro lado, Sonstroem (1984), citado por Ramírez, Vinaccia y Suárez (2004), sostiene que la participación en un deporte o en un ejercicio físico contribuye considerablemente en la construcción de una autoestima más vigorosa, especialmente en personas con un autoconcepto bajo, y de una auto-imagen positiva de sí mismo entre las mujeres. Márquez (1995) destaca otros beneficios psicológicos asociados a la práctica de actividad física: cambios positivos en las autopercepciones y bienestar, cambios positivos en los estados emocionales, alivio de la tensión, mayor autocontrol, incremento de la energía y la habilidad para enfrentarse a la vida cotidiana, desarrollo de estrategias de enfrentamiento positivas, ayuda a superar la timidez.

Beneficios cognitivos

Cerebro-Universidad-Illinois

Actividad cerebral en estado de reposo y tras 20 minutos de actividad física.

Diversos estudios muestran una estrecha interrelación en la infancia entre la actividad física y el desarrollo cognitivo. Según Stone (1965), citado por Ramírez, Vinaccia y Suárez (2004), los niños que realizan una actividad física de manera sistemática gozan de mejores procesos cognitivos que los niños con un estilo de vida sedentario. Parece ser que con el ejercicio continuado se libera una gran cantidad de sustancias que regulan cambios estructurales y funcionales en el cerebro y modifican la acción de diversos neurotransmisores en el sistema nervioso central, lo que contribuye a conservar en mejores condiciones su función cognitiva (Roig, 2012). Diferentes autores sugieren también que el ejercicio físico en edades precoces estimula el aprendizaje, la memoria y la concentración, además de asegurar una buena salud cognitiva en etapas posteriores de la vida. Por otro lado, la acivilad física puede incrementar la autoeficacia y la autoestima e inducir la activación cortical, lo que redunda en una mejora de la atención (Mendoza, 2014).

Todas estas mejoras a nivel cognitivo se traducen en un mejor afrontamiento de las actividades escolares y en un aumento de la eficacia en el trabajo. En este mismo sentido, varios estudios llevados a cabo por el departamento de educación de California en los EEUU (Dwyer et al, 2001; Dwyer et al, 1983; Linder, 1999; Linder, 2002; Shephard, 1997 y Tremblay et. al, 2000; citados por Ramírez, Vinaccia y Suárez, 2004) ponen de manifiesto la necesidad de dedicar más horas de Educación Física en los centros escolares, debido a sus beneficios académicos. Todas estas investigaciones, y muchas otras, evidencian la existencia de una relación positiva entre la práctica regular de ejercicio físico y el rendimiento académico de los escolares. Sin embargo, tal y como advierten diversos neurocientíficos, que el ejercicio físico pueda mejorar nuestra capacidad de aprendizaje no significa que sea la panacea. La gran complejidad de las funciones cerebrales hace que resulte imposible achacar un único factor a la modulación del cerebro. La genética y/o lo mucho o poco que hagamos trabajar a nuestras neuronas también podrían resultar determinantes. Por tanto, de poco servirá realizar mucho ejercicio si después no estimulamos nuestro cerebro lo suficiente o viceversa.

Como podemos observar, existen suficientes indicios como para empezar a pensar en una Educación Física multidimensional con una fuerte influencia en factores que no habían sido considerados tradicionalmente. A decir verdad, ya hace miles de años los griegos advirtieron sobre una posible relación entre el ejercicio físico y una buena salud mental (“Mens sana in corpore sano”), aunque no había podido ser demostrada empíricamente hasta ahora. Teniendo en cuenta los resultados de todos estos estudios, en los que queda manifiestamente evidenciada la influencia del ejercicio regular sobre aspectos fisiológicos, sociales, psicológicos y cognitivos, la actividad física en edades escolares debería ser estimulada y potenciada no sólo por los mismos maestros de Educación Física, sino también por el propio sistema educativo y el resto del profesorado interesados en el desarrollo de una educación integral de los más jóvenes.

Vía| Ramírez, W., Vinaccia, S., Suárez, G. R. (2004). El impacto de la actividad física y el deporte sobre la salud, la cognición, la socialización y el rendimiento académico: una revisión teórica. Revista de estudios sociales, págs. 67-75.

Más información| Sáenz-López, P. (1999). La importancia de la Educación Física en Primaria. Apunts: Educación física y deportes, nº 57, págs. 20-31; Márquez, S. (1995). Beneficios psicológicos de la actividad física. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, nº 1-2, págs. 185-206; Carrasco, L., Torres, G. (2000). El entrenamiento de fuerza en niños. Apunts: Educación física y deportes, nº 61, págs. 64-73; Gutiérrez, M. (1995). Valores sociales y deporte. Madrid: Gymnos; Giménez, F.J. (2003). El deporte en el marco de la educación física. Sevilla: Wanceulen; Mendoza, R. (2014). Apuntes inéditos de la asignatura “Programas para el fomento de la actividad física y el deporte”. Grado de Ciencias del Deporte. Universidad de Huelva.

Imagen| Educación Física, Actividad cerebral

En QAH| ¿Influye el ejercicio físico en el rendimiento académico?, ¿El deporte favorece la adquisición de valores?, Inteligencia Corporal-Kinestésica

 

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