Historia 


La educación en la República de Corea: de la tradición a la tecnología

Hasta finales del siglo XIX, el conocido por los occidentales como “Reino Ermitaño” permanecería herméticamente cerrado al exterior, manteniendo sus estructuras tradicionales en un país eminentemente rural y atrasado. Aunque otros países habían conseguido anteriormente sortear o forzar el aislamiento coreano, serán los japoneses los que consigan finalmente inmiscuirse de lleno en sus asuntos internos tras la firma del Tratado de Shimonoseki de 1895. La presión japonesa motivó la aplicación de un plan de reformas de corte occidental que supusieron el fin a las distinciones de clases de la rígida sociedad tradicional y la abolición del tradicional sistema de exámenes de acceso a la administración, en torno al que se había estructurado la alta educación hasta entonces. Esta injerencia inicial pasaría a convertirse en una ocupación de facto tras la firma del tratado de Portsmouth de 1905, que instituía a Corea como un protectorado bajo autoridad nipona. La nueva economía que los japoneses tenían en mente se guiaba por los principios capitalistas de la época y buscaba transformar la vieja Corea de agricultores en una nación de ciudadanos que suministraran alimentos y materias primas con los que sostener el acelerado crecimiento industrial japonés.

Edificio de la gobernación japonesa en Seúl antes de ser demolido en 1996.

Inicialmente, parte de la élite coreana percibió con buenos ojos la ocupación japonesa ya que les brindaba una oportunidad inmejorable para transformar el país siguiendo el modelo nipón que tan buenos resultados había cosechado. El resultado fue una amplia participación de colaboracionistas con el dominio extranjero que ayudaron a que los planes de modernización se llevaran a cabo, en especial a partir de la anexión plena del territorio bajo autoridad japonesa a partir de 1910. El nuevo estatus se tradujo en una reforma completa del sistema educativo. Bajo auspicio de los japoneses, se implantó un modelo de corte occidental con nuevos propósitos: como había venido sucediendo en otros países, la educación había de ser ante todo uniformadora y adoctrinadora, sustituyendo la vieja idea de armonía confuciana por la de lealtad patriótica. Se extendió la educación primaria con la intención de crear un corpus de ciudadanos afines a la nueva organización estatal del país y fieles a su ideología (con especial énfasis tras el reforzamiento del militarismo japonés). La educación superior se centraría en formar a los nuevos administradores y oficiales que habían de colaborar en el buen funcionamiento de la nueva estructura productiva coreana. Las letras y las artes en las que se centraba el estudio para los exámenes de acceso tradicionales dieron paso a la revalorización de las ciencias y la técnica propias del desarrollo económico moderno, construyéndose escuelas técnicas y universitarias.

Mujer en las ruinas de Seúl durante la guerra

Tras la Guerra de Corea y la separación por el paralelo 38 en 1953, el gobierno de la República de Corea se encontró al frente de una nación completamente destrozada, con un tejido industrial casi inexistente y una ausencia de las infraestructuras más básicas. Además de la imperiosa necesidad de atender a la recuperación económica del país, el nuevo gobierno precisaba también elaborar una nueva identidad nacional. Así, comienzan los programas de recuperación del patrimonio nacional dilapidado durante el periodo colonial, así como la apertura de centros de estudio sobre la cultura coreana. Aunque las formas de gobierno, organización, e incluso, de modelo educativo seguirían los mismos principios, se intentaba que diferenciar la nueva realidad propiamente coreana del periodo colonial japonés, así como un distanciamiento del régimen comunista del norte.

Aunque la influencia occidental llegaba ahora directamente del exterior – en especial de Estados Unidos – Japón continuaba siendo el principal referente de los surcoreanos. Además de su menor distancia cultural, los japoneses habían desarrollado tempranamente un tejido industrial a partir de una estructura social y económica similar, y mucho más adelante, una exitosa recuperación tras la destrucción de la guerra. Se entiende así que durante el proceso de industrialización llevado a cabo durante el mandato del general Park Chung-hee, además de los fondos y apoyo estadounidenses, se buscara también la colaboración con los japoneses, que enviaron técnicos, instructores y especialistas. Tanto es así que los coreanos consiguieron emular e incluso competir con los japoneses en industrias que también habían sido claves en el desarrollo nipón, como la metalurgia y la construcción naval. Ante la pobreza en materias primas del país, los coreanos optaron por la vía de la mejora técnica. Corea asumió desde muy pronto que la educación era fundamental para transformar tanto la sociedad como la economía y desde el comienzo de la recuperación, el modelo iría tornándose cada vez más academicista. Al igual que había sucedido en Japón, tras el desarrollo de una industria pesada el crecimiento vendría de la mano de una industria exportadora, en especial de productos tecnológicos. Esto planteaba la necesidad de reforzar la formación de la mano de obra y mejorar la investigación en vistas a optimizar productos y procesos, con un crecimiento de la escolarización enormemente acelerado.

Samsung es sin duda una de las empresas de alta tecnología surcoreana más conocida. En la fotografía una de sus novedades: el nuevo Samsung Galaxy S6 Edge.

El despegue económico se convertiría en Corea del Sur un motivo de orgullo y un símbolo nacional en sí mismo. La propia economía del país depende cada vez más del mantenimiento de un avanzadísimo sector industrial de alta y muy alta tecnología. El mensaje nacional enardecía los antiguos principios tradicionales en un constante énfasis en la educación, ahora dirigida a sostener el crecimiento económico. La crisis de los años 80 supuso una adaptación al sistema a una nueva realidad social en la que habían crecido las clases medias y la población urbana, ahora partícipes de la riqueza nacional, lo que se tradujo en un reajuste democratizador de la educación para asegurar su alcance a cualquiera sin importar su origen. La nueva formación se orientaba ahora a una realidad económica mundial en que se precisaban estudiantes mucho más dinámicos, y el modelo se adaptó en consecuencia fomentando un aprendizaje mucho más flexible, con una especial atención a las competencias, las lenguas y las tecnologías.

Sin embargo, en un país de tan alta densidad demográfica en el que la educación no sólo ha mejorado, sino que se ha extendido enormemente, esto dio lugar a que con el tiempo surgieran mecanismos de diferenciación. En primer lugar ha dado lugar a un sistema extremadamente competitivo, en el que ciertamente se valoran los méritos y el esfuerzo, pero en el que la presión académica es enorme. En segundo lugar, una diferenciación económica estableciendo jerarquías entre alumnos según su asistencia o no a centros prestigiosos cuyo acceso viene determinado principalmente por la capacidad económica de las familias (en cierto modo, un retorno al antiguo elitismo educativo). Es por ello que actualmente se ha abierto un debate en torno a las deficiencias del sistema educativo coreano y sus altos costes sociales: altísimos costes económicos para las familias y con unos estudiantes con altísimas tasas de estrés, alcoholismo, suicidios, depresiones, etc.

Con todo, hemos de recordar en todo caso lo vertiginoso que ha sido el cambio en Corea del Sur, que ha pasado de ser una de las regiones más pobres del planeta tras la guerra a formar parte de las más ricas. No es de extrañar por tanto que, en un país en el que el principal motor de crecimiento es la industria tecnológica, muchas voces califiquen los desequilibrios del sistema y sus fallos como males necesarios. Asimismo, la convulsa situación política en la que se encuentra la región sirve de apoyo para los sectores reacios a adoptar cualquier solución que pueda desembocar en un decrecimiento, ya que la economía de Corea del Sur es en realidad su principal defensa contra amenazas exteriores. En todo caso cabría preguntarse si en estos momentos de cambio económico a nivel mundial este planteamiento educativo no acabará por imponerse en occidente.

Vía| CHOI, A. Crecimiento y desigualdad en la República de Corea en la década de 1990 en Estudios actuales sobre Corea, IX Seminario Internacional sobre Corea, Centro Español de Investigaciones Coreanas, 2010, 187-214.

DONEMECH, A. “Una introducción al pensamiento coreano: tradición, religión y filosofía” en Sociedad, economía y política en Corea, Segundo Simposio Internacional sobre Corea, Madrid: Centro Español de Investigaciones Coreanas, 2001, 19-43.

GARCÍA, M.J. & ARECHAVELETA, C. “¿Cuáles son las razones subyacentes al éxito educativo de Corea del Sur?” en Sociedad Española de Educación Comparada, 18, 2011, 203-224.

LEE, J. “Fiebre educativa y educación superior en Corea del Sur” en Revista electrónica de Investigación Educativa, 8 (1), 2006.

Imágenes| Aula de escuela de la República de Corea (portada), Edificio de la gobernación japonesa en Seúl, Mujer en las ruinas de SeúlSamsung Galaxy S6 Edge

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