Historia 


La Edad Media vista desde el Romanticismo

La Edad Media siempre ha sido una época inspiradora; castillos, caballeros y doncellas aún siguen rellenando páginas de novelas y cuentos de ficción, trasladándonos a una época un tanto alejada de su realidad histórica. Pero este fenómeno no es propio de la época actual, y si hay un periodo histórico que destaque por su admiración a los siglos medievales, ese es el siglo XIX, más concretamente encuadrado dentro del movimiento socio-cultural conocido como Romanticismo.

El siglo XIX fue una época muy convulsa política y socialmente hablando. Los nuevos estados nacían dentro de la vieja Europa y cada uno, en un ejercicio de legitimación, revisó minuciosamente su pasado para escoger elementos que conformaran lo que sería su identidad nacional. Si en el Renacimiento se echaba la vista hacia el mundo clásico, para los románticos la Edad Media sería el espejo ideal donde mirarse. De esta época destacaban los valores de honor, religiosidad más íntima, amor cortés, etc., junto con la belleza de las formas del arte gótico. De igual modo comenzaron a recuperarse las viejas historias derivadas del folklore y la cultura popular de cada territorio -de quien los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen son buenos ejemplos- así como su pasado más épico, por lo que se recurrió a las viejas religiones y a ejemplares literarios que reforzaran ese carácter – El anillo de los Nibelungos en Alemania, el Kalevala en Finlandia o la Materia de Bretaña en Francia y Gran Bretaña-, además de dignificar figuras de gobernantes antiguos convertidos en héroes patrióticos, como pudieran ser Vercingetórix o Carlomagno en Francia. Todo este proceso dio lugar a una reconstrucción histórica un tanto idealizada y sesgada, pues todos los elementos que hemos nombrado fueron conformándose sin tener en cuenta el contexto histórico del que provenían, creando a su vez una nueva imagen de la Edad Media.

god_speed!-large

“God Speed!”, Edmund Blair Leighton, 1900. Colección privada

En el contexto cultural es, quizás, donde mejor podemos ver esa influencia: el arte y la literatura son amplios ventanales desde donde observar esta Edad Media romántica, desde el gótico occidente hasta el exótico oriente. Y es que la cuna del Sol siempre ha despertado curiosidad en el individuo occidental, quien ubicaba en esas tierras el lujo, lo desconocido y la exuberancia. En España, al igual que en otros países europeos, también comenzó a reivindicarse el pasado medieval, incluyendo en esa visión la arquitectura islámica –aunque con muchas matizaciones, puesto que el término mudéjar aún sigue haciendo sangrar las heridas de muchos académicos-. Estas influencias tan variopintas resucitaron la maravilla, es por ello que gracias al siglo XIX, la imagen prototípica de la Edad Media se parece más a un relato maravilloso que a lo que realmente fue. Las tradiciones locales recuperaron las antiguas creencias y tradiciones, muy arraigadas en los núcleos rurales, donde la Naturaleza se conformaba como refugio de espíritus y demonios comarcales, conformándose como fondo y contexto de muchas obras pictóricas y literarias, sobre todo en aquellas de corte terrorífico, como “Los ojos verdes” de Bécquer, “Carmilla” de Sheridan Le Fanu o “El gran dios Pan” de Arthur Machen. Los paisajes de lo maravilloso, por tanto, se componían de una naturaleza indómita –bosques espesos, aguas oscuras, cielos tormentosos- y restos de grandes construcciones que evocaban un pasado glorioso, como abadías en ruinas –muy destacadas en la pintura de Friedrich- y castillos abandonados. Pero la Edad Media no sólo aparece como un recuerdo memorable, ya que, sobre todo en la pintura, podemos encontrar escenas de recreación basadas en la Edad Media; esta tendencia está muy ligada a los prerrafaelitas, entre los que podemos encontrar a John William Waterhouse, Edmund Blair Leighton o Edward Burne-Jones, entre muchos otros.

La Edad Media romántica, por tanto, selecciona su pasado y lo idealiza, creando reinos de bruma maravillosa y recuperando antiguos valores. La maravilla y la religión convivirán conjuntamente en las numerosas producciones culturales de la época, evocando una Edad Media fantasiosa que permaneció vigente durante muchos años.

Vía| ARGULLOL, R.: La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico. Barcelona: Destino, 2000./ SAN MARTÍN BASTIDA, R.: “De Edad Media y Medievalismos: Propuestas y perspectivas” en Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica. Vol.22, 2004. 229-247

Imágenes|  Edmund Blair Leighton

RELACIONADOS