Economía y Empresa 


La economía de la política

En la década de 1950,  un hecho llamó fuertemente la atención del economista James Buchanan, algo le produjo una gran extrañeza. Su disciplina dedicaba muchísimo esfuerzo a estudiar el funcionamiento del mercado, pero ninguno a explicar las decisiones políticas. Y ello, a pesar de que la maquinaria del Estado manejaba casi tantos recursos como el sector privado. Si la economía era capaz de determinar la conducta de consumidores o productores, ¿por qué no usar su potente instrumental para analizar el comportamiento de los dirigentes políticos?

Buchanan

Why good intentions are not enough

 

La economía convencional basaba su análisis en las motivaciones de consumidores, inversores o empresarios, todas ellas forjadas en la fragua del propio interés. Pero la visión que tenía del gobierno era muy distinta: un ente benevolente, generoso, neutral, siempre en pos del bienestar general. Quizás olvidaba que los políticos son personas, exactamente iguales a los agentes privados. ¿No perseguirían también su propio interés? Había nacido la Public Choice, o teoría de la toma de decisiones públicas, una nueva rama de la economía gracias, entre otros, al esfuerzo de Buchanan.

Estudiaron los sistemas de votación y sus problemas. Mostraron los débiles incentivos que tenía cada elector para informarse y depositar su sufragio concienzudamente por esa enorme desproporción entre los elevados costes de obtener la información relevante y los escasos los beneficios de un voto individual responsable. Un solo voto no tenía repercusión alguna sobre el resultado final.

Una de las líneas más sugerentes de este programa de investigación fue la teoría de la “búsqueda de rentas no competitivas” (rent-seeking). Dado que las decisiones de los gobernantes pueden beneficiar enormemente a ciertos sectores, algunos grupos de presión, especialmente empresariales, mostrarían una gran inclinación a gastar considerables recursos a fin de obtener el favor de los gobernantes. Una simple regulación que dificulte el acceso de los competidores al mercado, un trato fiscal ventajoso, unas ayudas generosas a una industria concreta o una contrata pública en condiciones provechosas, constituyen pequeñas y discretas decisiones que proporcionan a los destinatarios enormes beneficios, no ganados mediante el ingenio y la competencia sino a través del favor y el privilegio. De ahí su carácter de renta económica no competitiva.  Se explican así los lobbies, o grupos de presión empresarial, tan activos en el entorno de la política, a veces con gran éxito.

Y, en contra de lo que consideraba la economía más clásica, la regulación pública de los mercados podría no buscar siempre la eficiencia sino otros objetivos algo menos altruistas. Un organismo público, con capacidad de establecer normas de funcionamiento en un sector económico podía ser capturado, esto es, dominado por los grupos interesados en una regulación favorable.

Buchanan y los suyos mostraron que la política también podía ser explicada con los instrumentos propios de la economía. O al menos en parte.

Vía| James Buchanan

Imagen| Mercatus

En QAH| Entrevista a Carlos Rodríguez Braun

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