Economía y Empresa 


La economía de Juego de Tronos o qué hacer para crecer

Los que hemos descubierto la gran literatura fantástica de Juego de Tronos a través de la no menos magnífica serie de televisión, y además miramos el mundo con ojos económicos, no podemos dejar de hacernos una pregunta. ¿Cómo es posible que reinos como Poniente, Invernalia y demás, no avancen en más de mil años?  ¿Qué elementos socioeconómicos impiden el avance de una sociedad a largo plazo?

En referencia a esto, hace poco leí un magnífico artículo publicado en la prensa digital y escrito por Kike Vázquez y que a su vez se deriva de un post que un economista, Ray Dalio, había publicado recientemente. De ambas lecturas se extrae una conclusión muy sencilla, simple pero potente, y fácil de entender por todo lector. El crecimiento económico a largo plazo, es decir, el único que permite la mejora de las condiciones de vida, sólo es posible por el avance de una variable, la productividad.

En la Economía del Crecimiento se nos explica que a largo plazo (30, 50 ó 1000 años) el crecimiento sólo es posible si se acumulan tres factores: capital físico, capital humano y tecnología. El primero posee fuertes rendimientos decrecientes, es decir, invertir cada vez más en capital físico implicará cada vez menor rentabilidad. En otras palabras, cuando se ha acumulado demasiado capital (alcanzado punto de saturación), aumentar más el stock generará menor crecimiento. El capital físico es una condición necesaria aunque no suficiente para el crecimiento sostenido a largo plazo. Que se lo digan a los ex-jerarcas de la ex-U.R.S.S., que en 1989 era el país del Mundo con mayor dotación de capital por trabajador  y sin embargo escasamente productivo. En segundo lugar, el capital humano, posee menores rendimientos decrecientes, por lo que su saturación está aún lejos de alcanzarse y además posee una ventaja, es fuertemente complementario al tercer factor, la tecnología. Ésta última no muestra rendimientos decrecientes a largo plazo, por lo que es su mejora continua junto con el capital humano lo que asegura un crecimiento sostenido a largo plazo. En resumen, los avances de la humanidad a largo plazo se sostienen en una acumulación de tecnología impulsada por los avances en capital humano.

Sólo en aquellas épocas donde la tecnología desapareció o se “olvidó” la humanidad involucionó. Por ejemplo, la llamada edad oscura de Gran Bretaña, después de la retirada del Imperio Romano a principios del siglo V. También, en el resto de Europa, la Edad Media fue, en parte, una regresión tecnológica. El invención de la imprenta y la aplicación del método científico  a partir de Galileo impulsaron el conocimiento y los avances tecnológicos y, en definitiva, el desarrollo de la humanidad. Los países que apostaron por facilitar o impulsar estos avances tomaron ventajas sobre el resto, aumentaron su calidad de vida e, incluso, dominaron económica y políticamente a los demás. No olvidemos que entre Lepanto, 1571 y Viena 1683, las naciones occidentales cada vez más modernas terminan por imponerse a la amenaza turca, representativa de una sociedad anclada aún en las tradiciones que impedían el desarrollo y cuya decadencia no finaliza hasta su “occidentalización” después de la I Guerra Mundial.

Una sociedad que no posee incentivos para la educación, la investigación, la innovación y el desarrollo es una sociedad estancada. Así pues, una sociedad inmovil por mil años es muy mala noticia. A nuestra escala, los mil años de estancamiento de Poniente se pueden traducir a 15 ó 40 años de escaso crecimiento. Si un país quiere crecer de forma sostenida en las siguientes décadas debe hacer lo imposible para generar los incentivos necesarios que mejoren la productividad a largo plazo. Todo lo demás vendrá con el crecimiento. Esto tan sencillo es, en definitiva, muy complejo de hacer. Aunque no imposible. Sólo hace falta voluntad e interés.

Vía| El Confidencial, Bridgewater

Imagen|

En QAH| Ritmo del crecimiento económico

 

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