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La dualidad del mercado de trabajo (I)

Cuando cualquiera de nosotros se intenta informar –probablemente con gran pesar- de la situación del empleo en España, es muy posible que entre los principales problemas que detectan la mayoría de los analistas haya leído en multitud de ocasiones la expresión “dualidad del mercado de trabajo”. ¿En qué consiste esta dualidad? ¿Es ella la causa o la consecuencia de nuestros problemas? Son estas preguntas a las que voy a tratar de dar respuesta con esta serie de tres artículos. En este primer artículo vamos a definir que dos tipos de trabajadores nos encontramos en el mercado laboral actual.

En primer lugar hay que intentar dejar claro el concepto. La dualidad hace referencia a la radical diferencia de estatus entre dos tipos de trabajadores fundamentalmente: aquellos que tienen un empleo fijo y llevan muchos años trabajando en la misma empresa y aquellos que, o bien tienen un contrato temporal, o bien se han incorporado muy recientemente al mercado de trabajo.

Dos tipos de trabajadores

Los trabajadores del primer tipo gozan, a ojos de los demás, de una situación “privilegiada”, pues sus salarios no se suelen ver tan afectados (o si lo son, al menos parten de una situación mejor), es mucho más difícil despedirlos y si tienen que abandonar la empresa lo hacen en condiciones mucho mejores que los trabajadores del segundo tipo. Éstos, en cambio, tienen un salario mucho más bajo por regla general y son los primeros a los que se mira cuando hay que reducir plantilla.

La Dualidad del Mercado de TrabajoLa citada situación resulta sin duda familiar a mucha gente pero, ¿Cuál es el origen de tal dualidad? La respuesta está –en parte- en la legislación laboral, concretamente en el Estatuto de los Trabajadores, que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo y diversificando su regulación.

Los trabajadores del primer tipo llevan trabajando mucho más tiempo que los segundos, y comenzaron a hacerlo en un momento en que la indemnización por despido era más alta de lo que es actualmente. A partir de la última reforma laboral, se ha pasado de 45 días por año trabajado en caso de despido improcedente de un trabajador indefinido a 33 días. Eso significa que si un trabajador indefinido es despedido de este modo la empresa le tendrá que abonar 45 días por cada año que ha prestado servicios. A partir de 2012 sin embargo esa cifra fue reducida a 33 días, por lo cual el cálculo deberá tener en cuenta esa diferencia, y computar 45 días durante los años de vigencia de la legislación anterior y 33 días durante la vigencia de la actual norma.

Visto lo anterior, es fácil imaginar la diferencia entre despedir a un trabajador con 15, 20 o 30 años de antigüedad y despedir a uno con 2 o 3 años, al menos en términos económicos.

Cuando nos ponemos a analizar los contratos de duración oficinadeterminada la diferencia es aún más importante, pues un trabajador temporal no sólo tiene derecho a una menor indemnización sino que, lógicamente, los 12 días por año trabajado a que tiene derecho (para contratos celebrados desde el 1 de enero de 2015), se multiplican por el tiempo que dura el contrato, que es mucho menor.

Así pues tenemos, desde el punto de vista del coste económico de la extinción, una diferencia radical. Hay unos trabajadores consolidados a los que es muy caro despedir y otros trabajadores con poca antigüedad o con contratos muy precarios de los que cuesta muy poco prescindir.

 

Via|Público, Expansión, eldiario.es, foessa, Público, elmundo.es, Ministère de Travail

Imágenes|fábrica, oficina

Más información| canalceo.com, elpais.comatlantico.fr

En QAH| ¿Es el mercado laboral español apto para jóvenes?, ¿conviene ajustar el salario a la productividad del trabajador?

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