Economía y Empresa 


La Doctrina de las Letras Reales

En una de las obras fundamentales de la ciencia económica, La Riqueza de las Naciones, su autor Adam Smith propuso la teoría del crédito comercial, o de las <<real bills>>, la doctrina de las letras reales.

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Así, como pudo observar Adam Smith en los importantes mercados de letras de cambio de Manchester y Lancashire en la década de 1770, las <<real bills>> o <<bills of exchange>> podían circular como dinero entre los inversores, financieros, Bancos y empresarios sin ningún problema, siempre que tuviesen “dos buenas firmas” y un vencimiento inferior a 91 días. Respecto de las dos firmas, se hacía referencia a la solvencia del librador del efecto, pues se esperaba que estuviese firmada por los dos principales socios de la empresa o sociedad obligada a su pago. También cabe suponer que podría ser la firma del comerciante y de un avalista de reputada solvencia.

Por supuesto, las letras debían financiar mercancías de primer orden, esto es, mercancías que satisficiesen necesidades primarias, como trigo, queso, cebada, carne, aceite o licores. Se entendía que durante un ciclo de tiempo inferior a 91 días estos bienes siempre serían finalmente vendidos a los clientes finales, pues cubren necesidades básicas del ser humano. Así, incluso en una situación de guerra o desastre natural, estos bienes siempre tendrían una venta asegurada en un período inferior o igual al vencimiento del efecto.

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Los Bancos, prestamistas y financieros de la época no tenían problema alguno en adquirir a los empresarios y mercaderes dichas letras, ofreciéndoles por tanto la financiación de circulante necesaria a cambio de un tipo de descuento determinado. A corto plazo los Bancos equilibraban su pasivo circulante (depósitos a corto de sus clientes) con estos activos. Dado que el desequilibrio en el corto plazo es lo que más facilmente puede llevar a un Banco a la quiebra, el Balance del Banco era tan bueno como lo era la calidad de las letras que financiaba.

La doctrina de las letras reales fundamenta que un Banco solvente operará solamente con coeficiente de reserva del cien por cien, y prestará solamente a corto plazo los depósitos recibidos a corto plazo. Todo lo contrario que nuestro sistema de Banca actual.

Por último, las letras financieras, que financiaban operaciones de medio y largo plazo, o refinanciaban otras letras u obligaciones de pago, no gozaban de ninguna manera de la liquidez atribuida a las letras reales.

Más información | thedailybell

Imagenes | wikipedia, studypoints

En QAH| Letras de Cambio y Caballeros Templarios, Deuda pública a corto plazo: las Letras del Tesoro.

 

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