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La Dama y el Unicornio: El estilo millesfleurs

El llamado Museo Cluny o Museo Nacional de la Edad Media es un espacio consagrado al arte y la Historia del medievo francés. Su edificio de estilo cluniacense fue construido durante el siglo XIII sobre las antiguas termas romanas de París como sede del hospicio-residencia de los abades de Cluny. En 1843 se abrió por primera vez al público como museo estatal gracias a Alexandre du Sommerard y la donación de su gran colección de obras medievales y renacentistas.

A pesar de encontrarse a la sombra del gran Museo del Louvre, este palacio situado entre las populares vías del Boulevard Saint-Germain y el Boulevard Saint-Michel, en pleno corazón del Barrio Latino, alberga hoy una de las joyas más preciadas de la Historia del arte: el ciclo de tapices de la Dama y el Unicornio, obra cumbre del estilo millesfleurs.

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Sala de la Dama y el Unicornio en el Museo Cluny

En total son seis tapices, que por su calidad técnica y detalles representados en vestidos y peinados, se considera obra de finales del siglo XV. Los seis se encuentran estrechamente relacionados con el ciclo de la Caza del Unicornio, ambos de finales del medievo, y realizados probablemente en los Países Bajos por lissiers bruselenses. Por aquel entonces la ciudad brabantina era la capital del arte del tapiz y su gremio era el más poderoso de la ciudad con sede en la Grand Place junto al mercado de tejidos.

La tapicería europea se inicia precisamente en la Edad Media. El gusto por colgar tejidos en muros es de origen oriental y llegará a occidente con las Cruzadas a través del puerto veneciano. El estilo millefleurs o mil flores, se relaciona precisamente con el arte persa y mogol. Si comparamos la miniatura del Shah nama de Mir Sayyid Ali de 1533 o la de Bijapur de La dama alimentado a un pájaro de principios del XVII con los tapices de la Dama y el Unicornio nos daremos cuenta del habitual juego de miradas entre Oriente y Occidente. En este momento el continente americano ya era conocido, las principales rutas marítimas asiáticas se estaban estableciendo y los viajes comerciales de artesanos y obras eran muy habituales. El momento álgido para el arte del tapiz vino de la mano del Gótico Internacional (1380-1450), lo que supuso la cohesión estilística en Europa y la difusión de un gusto cortesano tal y como aparece en estos tapices.

La pintura del Gótico Internacional se desarrolló a mediados del siglo XV tras la crisis del siglo pasado. Corte y nobles mostraban su gusto por el lujo y el arte en orfebrería y artes suntuarias. También se desarrollaron miniaturas de gran detallismo y minuciosidad como en el Libro de Horas de los hermanos Limbourg para el Duque de Berry. Las damas representadas en estos tapices denotan ese gusto miniaturista que se relaciona con los cinco sentidos: un tema de gran refinamiento y simbolismo, cuya tradición continuó en tablas como las de Jan Brueghel de Velours en el Museo del Prado.

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“El Gusto”, la Dama y el Unicornio. Siglo XV-XVI. Museo Cluny, París, Francia

Muy probablemente el artesano que recibió el encargo de la familia le Viste fuera francés, aunque los tapices fuesen realizados en los Países Bajos. Jean le Viste era el único varón con derecho a utilizar el escudo de armas de su familia: un escudo con tres medias lunas que aparece profusamente en todos los tapices para dejar clara su posición dentro de la Corte. Se sabe que los tapices pasaron a su hija Claude como dote. De ahí el tema de la Dama y el Unicornio con seis mujeres (o puede que la misma) de rostro y porte individualizado en donde prima la representación de la belleza idealizada. El unicornio aparece como acompañante en todos los tapices junto a la dama y sus doncellas. Este animal mitológico fue descrito de manera grotesca por Plinio el Viejo en su Historia Natural y gozó de gran popularidad en bestiarios medievales. Su imagen se asoció con el tiempo a la pureza de espíritu con claras connotaciones cristianas, ya que era un animal que solo se dejaba atrapar por doncellas vírgenes. Su cuerno se creía que poseía poderes mágicos: purificaba las aguas y era objeto de deseo por los grandes coleccionistas de todos los tiempos.

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“À mon seul désir”, la Dama y el Unicornio. Siglo XV-XVI. Museo Cluny, París, Francia

La lectura habitual que se hace de este ciclo comienza con “À mon seul désir” y todas las connotaciones propias del amor cortesano de esta frase. La dama flanqueada por el unicornio y el león recoge unas joyas del cofre que le tiende su doncella. La composición se encuentra enmarcada por una tienda militar rodeada de animales, flores y árboles frutales. Se piensa también que podría representar el momento en que la dama deja sus joyas en el cofre debido a su deseo de abandonar las riquezas terrenales tras la captura del unicornio. El siguiente es el Oído: el unicornio se gira cautivado por la melodía del órgano portátil de la dama. Seguidamente tenemos el Gusto: aquí da de comer a un periquito ante la atenta mirada de su hambriento perro faldero. A continuación, el Olfato: la dama se encuentra trenzando una guirnalda de flores mientras un mono roba aviesamente el resto de las flores del cesto, por otro lado la Vista, es representada por el espejo que sostiene la dama. Aquí el unicornio queda seducido ante su propia vanidad y ella logra por fin acariciarle. Finalmente, el Tacto. En este tapiz el unicornio ha quedado sometido a la dama quien agarra firmemente su cuerno y porta el escudo del comitente.

Un ciclo mítico, y puede que también teológico, que sentaría las bases de los complejos mensajes neoplatónicos en torno a la belleza suprasensible, y que por poco estuvo a punto de desaparecer roído por las ratas que poblaban el castillo de Boussac, lugar donde Prosper Mérimeé inspector de monumentos históricos los volvió a descubrir en 1841.

A día de hoy los tapices de la Dama y el Unicornio no han perdido ni una pizca de su magia. Obra central de la colección del Museo Cluny, continúan fascinándonos por su enigma y refinada belleza.

Vía| Chevalier, Tracy. La Dama y el Unicornio. Madrid: Alfaguara, 2003. Freeman, M. B. The Unicorn Tapestries. NY: The Metropolitan Museum of Art, 1976

Más información| Eco, Umberto. Historia de la Belleza. Barcelona: Lumen, 2004

Imagen|Musée de Cluny, GustoÀ mon seul désir

En QAH| Laviana Fontana, entre lo sagrado y lo profano

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