Patrimonio 


La dama de oro

Gustav Klimt, Retrato de Adele Bloch-Bauer (1907). Neue Galerie, Nueva York.

Gustav Klimt, Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907). Neue Galerie, Nueva York.

Gustav Klimt (1862-1918) es una figura fundamental en el arte de finales del siglo XIX, un artista capital de la Secesión Vienesa, cultivador de una pintura decorativa y ornamental que se haría reconocida a lo largo y ancho de Europa. Con el reciente estreno de la película La dama de oro (Simon Curtis, 2015), que gira en torno a la obra Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907), el artista austriaco y su característica pintura dorada han vuelto a ponerse levemente de actualidad, aunque aquí sólo nos centraremos en el citado retrato, el cual es considerado como una de las cumbres de toda la obra de Klimt.

Adele Bloch-Bauer (1881-1925) fue una gran mecenas cultural en los primeros años del siglo XX en Viena. Pertenecía a una rica familia de banqueros austriacos judíos, y a los 18 años casó con Ferdinand Bloch, magnate azucarero, también judío, de otra destacada familia vienesa, por lo que a su alrededor terminaron aglutinándose dos de los linajes más respetados de todo el Imperio Austro-Húngaro. No obstante, a pesar de la alta posición social de su familia, o precisamente por ello, no pudo acceder a la universidad, por lo que optó por formarse a sí misma: leía en alemán, francés e inglés, y se convirtió en la anfitriona de un importante salón cultural, además de apoyar el sufragio femenino. Por su salón pasaron eruditos e intelectuales de la talla de Gustav Mahler, Stefan Zweig y Otto Wagner. No resulta, pues, extraño que una de las musas de Klimt fuese precisamente esta mujer.

El retrato fue encargado en 1903 por Ferdinand Bloch. Klimt estuvo ocupado en su realización hasta 1907, aunque fue compaginándolo con otras obras, como el Friso Stoclet. Buena parte de la complejidad y laboriosidad de este gran lienzo (138 x 138 cm.) se debe al minucioso tratamiento de la superficie en relieve, conformada en base a láminas de pan de oro y yeso para los intrincados motivos decorativos. Adele aparece envuelta en un manto dorado, repleto de detalles que remiten a modelos arcaicos, primitivos, de raíz micénica y egipcia, pero ante todo, bizantina. En el centro del lienzo, justo debajo de sus brazos, aparecen las iniciales “A” y “B”, que identifican a la modelo. Los elementos naturalistas (el rostro y las manos) ocupan una mínima parte de toda la composición; se trata de un retrato elegante, exquisito, hierático, que podría relacionarse con los iconos bizantinos y rusos, así como con la divinidad de la que éstos se revestían.

Fotografía de Adele Bloch-Bauer.

Fotografía de Adele Bloch-Bauer.

En un testamento que poseía más validez personal y sentimental que legal, Adele Bloch-Bauer afirmó que donaba su retrato, junto con otras obras, al Österreichische Galerie Belvedere de Viena (conocida como Galería Belvedere) tras la muerte de su marido, la cual acaeció a mediados de la década de 1940. Sin embargo, debido a la intromisión de los nazis en el hogar de los Bloch-Bauer, el retrato terminó formando parte de esta colección antes de lo debido. Aquí estuvo colgado hasta que en los albores del siglo XXI la sobrina de Adele, Maria Altmann, decidió recuperarlo como herencia y legado de su tía. Tras varios años de litigio consiguió su propósito, y actualmente esta obra se conserva en la Neue Galerie de Nueva York desde el año 2006. En esta misma galería se está celebrando una exposición titulada Gustav Klimt and Adele Bloch-Bauer: the woman in gold, coincidiendo con el estreno de la película arriba citada, y que podrá visitarse hasta el 7 de septiembre de 2015.

 

Vía| Babelia El País, CAMPS, Teresa: Klimt, Grandes Maestros de la Pintura. Ed. Sol 90, Barcelona, 2008.

Más información| La Nueva España, ArteHistoria, Neue Galerie

Imagen| Retrato de Adele Bloch-Bauer I, Fotografía de Adele Bloch-Bauer

En QAH| 1900 y el ascenso del arte expresivo (I): Gustav Klimt

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