Cultura y Sociedad 


La crítica de cine: mutación 2.0

Hitchcock

En los últimos doce años las cifras de asistencia al cine y los lectores de prensa escrita han caído en picado, al tiempo que la penetración de Internet y las ventas de publicaciones especializadas ascienden. El público sigue consumiendo cine, pero ahora lo hace a través de más medios que las salas: desde el DVD al streaming  o los torrent, pasando por el pay per view o los festivales online.

¿Se trata del fin del cine tal y cómo lo conocemos?

Por su accesibilidad e interactividad, el cine es más popular y diverso que nunca. El abaratamiento de la producción de contenidos gracias a la tecnología digital, así como la diversificación del consumo, convierten en obsoleto el trabajo de los críticos, que no dan abasto para semejante demanda de información. Así nacen nuevos actores que luchan por la atención del lector-espectador. Los periodistas ya no deciden qué es importante.

Esa desconfianza se debe a que muchos críticos ven demasiadas películas, y con el paso de los años pierden la perspectiva. De este modo se generan, paradójicamente, críticos de cine a los que, en el fondo, no les gusta el cine. A la desconfianza fruto de la banalización de los contenidos y la ausencia de materiales propios (debido a la generalización de los press books) se suma la pertenencia a grupos multimedia con intereses en la producción y distribución cinematográfica. También proliferan los pseudocríticos que ejercen solo para ser invitados a pases de películas productoras…

En contraposición a esta postura, el crítico Tomás Fernández defiende la honradez de su oficio al asegurar que “es muy poco o nada glamuroso, o mucho menos de lo que pueda parecer visto desde fuera.”

Si bien toda crítica debe constar de información, análisis, interpretación y evaluación, la mayoría de quienes la ejercen se limitan al mero comentario y a la repetición de fórmulas manidas o prejuicios. La crítica especializada también adolece de estas deformaciones, y la independencia se ve amenazada por la autocensura. El modelo enunciativo tradicional también ha entrado en crisis. Internet mezcla los géneros periodísticos, y la crítica debe experimentar con esas fusiones.

En este contexto afloran herramientas 2.0 que afectan al desarrollo de la crítica cinematográfica en los medios tradicionales: la conversación como base de toda relación comunicativa implica un contacto más cercano entre el crítico y su interlocutor; una verdadera democratización de la comunicación. La crítica se ve obligada a competir con nuevas herramientas.

Sitios como Metacritic.com se han convertido en referencia mundial al combinar críticas de usuarios y grandes profesionales. Los blogs permiten publicar contenidos en la red con conocimientos técnicos mínimos. Los periodistas deben aprovechar estos nuevos formatos para fidelizar a su audiencia.

Las redes sociales dinamizan comunidades alrededor de un producto audiovisual. Cambian el modo en que consumimos y nos relacionamos, ya que el usuario busca la información de sus amigos por encima de la crítica especializada. Twitter es el nuevo boca a oreja del mundo 2.0. Su alcance ha generado páginas de crítica amateur, como Fflick, que publica críticas en tiempo real mostrando al usuario qué están diciendo las personas que sigue sobre las diferentes películas “del momento”. En definitiva, estas herramientas han hecho del consumo de cine una actividad más social.

En lugar de lamentar la pérdida inevitable de una forma de hacer crítica cinematográfica, profesionales y empresas deberían implicarse en una labor de asunción, formación y desarrollo del nuevo paradigma. Porque hay mucha sobreabundancia informativa y poco conocimiento, la labor del periodista de selección y jerarquización es más importante que nunca. Como apunta el crítico argentino Diego Battle, “el cinéfilo conoce el 1% de la crítica digital que se realiza. Pero si conoces un crítico que te da confianza, lo sigues”.

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Vía| El País

Más información| Blog de cine, Alt1040Nación Red

Imagen| Hitchcok

Vídeo| Youtube

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