Especial Crisis Económicas de la Historia, Historia 


La crisis de los tulipanes. Cuando una flor costaba más que una casa

Holanda. Pleno siglo XVII. El salario anual de un artesano normal alcanza aproximadamente los doscientos florines en el mejor de los casos. Por otro lado, el precio de cuarenta bulbos de tulipán asciende a cien mil. Esta locura económica se conoce hoy en día como tulipomanía o crisis de los tulipanes. Lo que podríamos considerar la primera gran burbuja especulativa de la Historia.

En el año 1573, Maximiliano II de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, nombró médico de la corte al flamenco Carolus Clusius. Aprovechando que el galeno no sólo era diestro en la medicina, sino que sabía de horticultura hasta el punto de ser uno de los botánicos más influyentes de su época, el emperador le puso además al frente del proyecto de restauración y ampliación de los jardines imperiales de Katterburg, en Viena, que en un futuro acabarían rodeando el maravilloso palacio Schönbrunn, considerado por muchos como el Versalles vienés. Clusius viajaría por todo el mundo estudiando la vegetación y llevándose a la corte del emperador las más hermosas plantas que adornarían los jardines. Fue así como introdujo en el corazón de Europa el que actualmente es uno de los símbolos de Holanda, el tulipán, llegado desde Turquía, donde ya se utilizaba para decorar las residencias de los sultanes.

La exclusividad de esta flor exótica hizo que se convirtiera en un atributo propio de la nobleza. El tulipán representaba la riqueza, el poder, al estar sólo al alcance de las clases más ricas, quienes podían permitirse comprar un producto único, especial. Tener un tulipán significaba ser dueño de algo que muy pocos podían poseer, lo que otorgaba supremacía. Se convirtió en un objeto de deseo, y ello fomentó que su valor se disparara en una época en la que los Países Bajos experimentaban un próspero crecimiento económico gracias al comercio.

Semper Augustus. Acuarela anónima. Siglo XVII.

Semper Augustus. Acuarela anónima. Siglo XVII.

A la exclusividad de los tulipanes debido a su remoto origen, se sumaba el singular proceso de cultivo que cada planta llevaba detrás. Además, los tépalos podían sorprender con hermosas combinaciones de formas y colores debidas únicamente al capricho de la naturaleza, ayudado según algunos estudios por un inesperado virus, lo que acrecentaba el valor de la planta de manera totalmente exagerada en algunas ocasiones. El precio de un tulipán estándar rondaba los mil florines, mientras que los considerados especiales se llegaron a vender por hasta seis mil. Destacó la venta de un tipo de tulipán que por estimado llegó incluso a recibir nombre. Fue en el año 1635 cuando un tulipán de la especie Semper Augustus se intercambió por una de las más lujosas mansiones del centro de Ámsterdam. No menos extraordinarios son los episodios que el polifacético escritor escocés del siglo XIX, Charles Mackay, recoge en su obra Extraordinary Popular Delusions And The Madness Of Crowds, de 1841. Delirios Populares Extraordinarios Y La Locura De Las Masas se ha convertido en un clásico de las finanzas, y entre otros muchos relatos salpicados de humor, Mackay explica la crisis holandesa de los tulipanes mediante anécdotas como la que cuenta que un marinero se comió un tulipán valorado en tres mil florines al confundir las raíces del mismo con una cebolla. Al ser sorprendido por el dueño del caro manjar, fue denunciado y condenado a medio año de prisión.

Cierto o no del todo, no deja de ser una planta, y la floración del tulipán estaba sometida a un determinado calendario. Es por ello que surgió la especulación de este producto, pasándose a vender el propio bulbo de la planta previamente al verdadero nacimiento de la misma. También existían los denominados derechos de entrega, por los cuales el productor se comprometía a entregar el tulipán una vez floreciese. Surgió así un verdadero mercado de futuros. Poco a poco fueron sustituyéndose los cultivos de diferentes productos por los del exótico tulipán. Incluso trabajadores que nada tenían que ver con la agricultura o la horticultura abandonaban sus empleos para dedicarse al nuevo negocio emergente. Patrimonios enteros se sacrificaron por la inversión en tulipanes, esperándose beneficios desorbitados que parecían plenamente seguros. La fiebre se contagió por todos los lugares y parecía que nada podía salir mal.

Sátira de la Tulipomanía. Brueghel el Joven. 1640.

Sátira de la Tulipomanía. Brueghel el Joven. 1640.

La burbuja estalló a principios del año 1637. De manera alarmante, por vez primera no se logró vender un lote exclusivo de gran valor, y fue la señal que los más avispados especuladores interpretaron como el final de la tulipomanía. Con la misma rapidez que cuando se despertó el interés, creció el miedo a las pérdidas. Los tulipanes parecían perder su reconocimiento como tesoros vegetales y surgió el pánico ante la necesidad de vender el producto que tanta inversión había supuesto, con el mayor beneficio posible. Los productores sufrieron enormes pérdidas y los compradores que habían pagado por adelantado tuvieron que hacer frente a la compra de un producto cuyo precio en el momento en que lo recibían estaba ridículamente por debajo de lo que habían abonado en el trato previo.

A pesar de las nuevas normativas creadas por el gobierno para intentar poner remedio a esta crisis, no pudo evitarse que el país cayera al abismo de una importante depresión económica. Sin duda, Mackay definió bien en el título de su obra este tipo de situaciones tan repetidas a lo largo de la Historia. Una auténtica locura de masas.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Economipedia

Imagen| Acuarela, Cuadro

En QAH| ¿Cuál fue la primera gran burbuja especulativa?

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