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La Cripta de los Capuchinos de Roma: cuando la Muerte se hace decorativa

Nombrar Roma es evocar ruinas esplendorosas de tiempos pasados, fastuosas iglesias donde los dorados y el mármol se dan la mano con grandes obras de arte y calles abarrotadas donde cruzar se puede convertir en un deporte de riesgo. Sí aplicamos el zoom al mapa de Roma y vemos la vía Véneto, el glamour y el lujo de las décadas doradas en las que las estrellas de Hollywood gozaban de la dolce vita se siente aún en sus aceras.

En la Iglesia de la Inmaculada, cuya fachada no nos llama mucho la atención si ya hemos visto muchas otras en Roma, se encuentra uno de los lugares más curiosos e insospechados de toda la Ciudad Eterna: la Cripta de los Capuchinos, instaurada en 1631 a partir del traslado de los monjes a esta nueva sede y con diferentes remodelaciones hasta 1870. Todo ello ha dado como resultado un lugar que, cuanto menos, produce asombro.

Con un pequeño donativo se accede a este lugar, donde la humedad y un olor un tanto peculiar son señas de identidad. Una vez se accede, lo que el visitante tiene la oportunidad de ver es una serie de decoraciones en muros y techos con huesos humanos de los frailes de la orden, pero no colocados de cualquier manera, sino formando esmeradas composiciones que a veces llegan a lo grotesco.

El recorrido se hace a través de un pasillo y a la izquierda de éste van quedando las diferentes dependencias de la cripta, las cuales reciben diversos nombres y tienen diferentes decoraciones. Desde huesos que sirven para enmarcan obras pictóricas a pelvis que se colocan con gran maestría para formar las lámparas que penden del techo, la cripta es un muestrario de inventiva y reciclaje de restos óseos. También hay calaveras por doquier que sirven de marco para fingidas o reales hornacinas que albergan los cuerpos completos de otros monjes con sus hábitos, ya se encuentren estos tumbados o en una nada agradable posición erguida. Esferas de huesos, estrellas con un contenido alegórico o cráneos “alados” – las alas se forman con omóplatos- se dan la mano de frisos de vértebras, adornos de mandíbulas y curiosas uniones de huesos para formas los símbolos de la Pasión de Cristo o el escudo franciscano. En la última sala, un esqueleto completo colgado del techo ha sido aderezado con huesos ajenos a él para formar una balanza y una guadaña en cada una de sus desnudas manos.

El mensaje de la cripta está claro, es conciso y no deja lugar a dudas: todas esas cuencas de ojos vacías, esas mandíbulas que ya no acarician más palabras y todas esas manos que ya no sienten son el “memento mori” que nos sirve para estar despiertos, meditar sobre la vida y aprovecharla al máximo, antes de que la guadaña siegue el césped de nuestra vida.

Si el mensaje es demasiado profundo, también se puede tomar la cripta como un pequeño museo de los horrores, algo curioso, una lección de anatomía humana por un precio módico o para coger alguna idea para decorar el salón.

Vía| Cappuccini

Más información| RomaSegreta.it

En QAH|El reposo eterno de los dictadores

Imagen| Wikipedia

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