Coaching y Desarrollo Personal 


La conversación ordenada: clave de la inteligencia colaborativa

Para poder colaborar con inteligencia, se requiere que las personas se hablen, se entiendan, tengan un conocimiento compartido y deliberado en conjunto. En otras palabras: tengan una conversación inteligente.

Se dice que “hablando se entiende la gente”, pero no siempre es así. Depende de cómo y para qué se hable.

Las palabras son un vehículo privilegiado del pensamiento, pero no siempre expresan lo que se desea decir; con frecuencia los que hablan atribuyen a las palabras distinto sentido, o éstas no agotan el sentido se desea decir. También existen una serie de dinamismos emocionales que subyacen al discurso oral, tales como el deseo de sobresalir, el ansia de poder, la simpatía o la aversión personal, el temor al rechazo, etc. Estas emociones rara vez se explicitan y sin embargo inciden fuertemente en el desarrollo del diálogo.

Además, hay una enorme cantidad de mensajes no verbales que matizan, ocultan, o sesgan el sentido de lo que se está diciendo de palabra: tono, mirada, cadencia, postura corporal…

Los humanos tenemos muchos modos de usar la palabra, pero no todos ellos son adecuados para una actuación inteligente y compartida. Menos aún para la toma de decisiones y la gestión de retos complejos.

Es frecuente que las personas se interrumpan entre sí, intercalen hilos de conversación paralelos, y hablen sin pensar, usando frases de moda, oídas o leídas al vuelo en algún medio de comunicación, sin plantearse si son acertadas o equivocadas e incluso si coinciden con lo que ellas mismas piensan.

Aprender a argumentar es una forma de aprender a pensar, y sobre todo de aprender pensar ordenadamente con otros.

Comunicar versus Discutir

Comunicar versus Discutir

Es bueno distinguir algunos términos que solemos confundir.

  • Discutir consiste en que cada persona habla para vencer a los demás con sus palabras. La discusión no suele basarse en auténticos argumentos, sino en afirmaciones más o menos cargadas de emotividad. En la discusión, conceder a otros la razón es asumir el rol perdedores, por lo que todos intentan a toda costa prevalecer sobre el resto. Incluso aunque no se caiga en el insulto -la forma más pobre y estéril de discutir- rara vez se llega a obtener un resultado útil para la acción, y con frecuencia se desemboca en ruptura entre las personas.
  • Debatir es una forma más avanzada de diálogo porque se basa en argumentos de razón, pero aquí también existe el deseo de vencer a los otros. Es frecuente que en los debates las personas simplemente se turnen para expresar sus opiniones sin escuchar en profundidad las de los demás. Los debates permiten conocer lo que cada uno piensa, pero tampoco suelen desembocar en una visión compartida ni menos aún en decisiones consensuadas.
  • Deliberar es buscar entre todos la mejor opción o la visión más completa y adecuada posible, integrando lo que de valioso tienen las aportaciones de los demás. En la deliberación no se busca doblegar a los otros ni vencerlos, sino construir conjuntamente un conocimiento más completo. La deliberación requiere que todos escuchen, que expresen adecuadamente sus opiniones, y que valoren con libertad lo que los demás dicen. No existe aquí el concepto de “perdedores” porque al final todos ganan. Las conclusiones no necesariamente integran con igual peso lo que todos dijeron, pero favorece que cada uno pueda expresarse y contribuir al conjunto.

Cuando se delibera para tomar decisiones, la visión compartida genera una mayor cohesión del grupo y facilidad para la implementación de lo que se decide emprender.

¡Ojalá nos enseñaran desde niños a hablarnos, a escucharnos, a deliberar juntos! Tendríamos una herramienta vital para poder afrontar los enormes retos que el entorno nos plantea.

Vía| Leticia Soberón

Imagen|DiscutirInteligencia comunicativa

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