Cultura y Sociedad, Historia 


La Constitución de Cádiz y la Independencia Hispanoamericana

La Constitución de Cádiz de 1812, conocida popularmente como la Pepa, está muy ligada al ámbito colonial hispánico. Desde el primer artículo se atisba  el interés en transformar el imperio colonial para hacerlo en general más viable, “La nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios”.

Desde un principio la Constitución se desarrolla en un marco de legalidad absoluta con el poder de las Cortes legítimas como aval, debido a la abdicación “voluntaria” y simultánea de Carlos IV y Fernando VII y a la imposición por parte del invasor francés de José I Bonaparte como rey llegando a España con la Constitución de Bayona bajo el brazo. Este texto fue el verdadero desencadenante del primer brote independentista americano, ya que algunos sectores de la sociedad, sobre todos los criollos burgueses de origen español, como el mítico y popular Bolívar que fue uno de los aristócratas más ricos de Venezuela, aprovecharon el vacío de poder en la metrópoli para declarar su independencia. De esta época datan el famoso Grito de Dolores del cura Hidalgo en México o la discutida independencia de Argentina, que se plantea volver al redil colonial pocos años después debido al clima de violencia que sufría el nuevo país.

En este contexto de convulsión colonial, se aprueba la Constitución de Cádiz. A sus sesiones acuden varios diputados americanos, algo insólito en la época. Estos representantes de la tendencia autonomista superaban a los independentistas. Su objetivo principal era introducir más representatividad y libertad para la población americana en general, que sufría una clara desigualdad a manos de los españoles peninsulares, que eran enviados desde la metrópoli para gobernar, por la desconfianza que mostraba la Corona hacia los mismos americanos.

Pero durante las sesiones hubo acalorados debates protagonizados por los diputados americanos que pedía una organización provincial más acorde con la realidad americana y no como solicitaban los peninsulares que querían basarse en los Virreinatos o Capitanías Generales (instituciones de gobierno enormes, en esta época había cuatros virreinatos: el de Nueva España, Perú, Nueva Granada y Rio de la Plata, además de las Capitanías Generales de Chile y Guatemala). La solución a este conflicto fue la de dejar para una ley posterior la organización administrativa del nuevo estado español y sus colonias.

Otro tema que levantó ampollas en las reuniones constituyentes fue el relativo al censo electoral. Hay que tener en cuenta que la población americana no española: indios, negros y sus mezclas (zambos, mulatos, mestizos…) era mayoritaria, siendo además muy levantisca contra el poder blanco en general. Por tanto no se les debía dar poder político porque podían ir en contra de los intereses metropolitanos. Finalmente la solución fue la de reconocerles los derechos civiles pero no los políticos.

Podemos decir como conclusión que el proceso de independencia no fue favorecido por esta Constitución, al contrario llegó a suavizarlo en cierto punto, evitando más conatos de rebeldía. La Constitución de Bayona y la restauración de Fernando VII en el trono fueron los causantes de la mayoría de las independencias americanas, salvo excepciones, como la de México que se produjo oficialmente con la instauración del Trienio Liberal (1820-1823) debido al carácter absolutista de la aristocracia hacendística mexicana.

Con respecto a la Constitución, ”la Pepa”, de tendencia revolucionaria para la época, no habría que olvidar sus defectos, como el relativo a la catolicidad del Estado, prohibiéndose las demás religiones debido a la presencia mayoritaria de religiosos durante las sesiones de Cortes. También hay que destacar el complicadísimo sistema electoral, haciéndose casi inviable en la época.

Tal vez por estos defectos nunca llega a tener una vigencia completa; solo la tuvo en los años de la guerra contra Napoleón, siendo abolida a la llegada de Fernando VII,  vuelve a estar en vigor durante el Trienio Liberal, y más adelante, en 1836, pero debido a su difícil aplicación se aprueba rápidamente otra Constitución en 1837. Tal vez hay que considerar a “la Pepa” una Constitución de escaparate, realizada por gente inexperta pero con unas ansias de libertad enormes.

 

Via|Comisióm Nacional para la Conmemoriación de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas

Más Información|Enciclopedia Libre Universal en Español

Imagen| WikipediaEnciclopedia Libre Universal en Español

 

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