Jurídico 


La (confortable) compartimentación del Mal

¿Puede administrarse justicia en el epicentro de la iniquidad? ¿Cabe hablar de márgenes legales en el corazón del Mal? ¿Tiene sentido trazar itinerarios procesales sobre un lecho de infamia, tortura y opresión?

Estas contradicciones se han manifestado invariablemente cada vez que se acude a sistemas judiciales operantes en el marco regímenes totalitarios: del principio de culpabilidad de Vyshinski al Volksgerichtshof de Freisler; del realismo político de  Carl Schmitt- «El Führer no es ningún órgano de Estado, sino el juez supremo de la nación y el legislador supremo»– al unicismo fascista de Gaspare Ambrosini; de la complacencia banal con el poder militar de los magistrados argentinos Rolando Carrizo Elst, Luis Francisco Miret o Guillermo Max Petra Recabarren, a la complicidad militante de Marcelino de  Ulibarri o de Antonino Tringali Casanova al frente del Tribunal de represión de la masonería y el comunismo y del Tribunale speciale per la sicurezza dello Statu respectivamente, en fin, de la leyes antisemitas del ministro de Justicia Barthélemy durante el Régimen de Vichy a los Asesores del Pueblo, elegidos por la Comisión permanente de la Asamblea Suprema del Pueblo que, en número de dos, asisten al juez en todos los procesos  que se sustancian en Corea del Norte desde la Constitución de 1972.

Por todo ello, no se entiende bien el aura de heroicidad y audacia que sobre el juez de la SS Georg Konrad Morgen se viene asumiendo desde hace décadas ¿Tiene algún sentido evaluar su labor instructora de ilícitos penales comunes de los jerarcas de la Lager-SS cuando simultáneamente se estaba clasificando, gaseando e incinerado a cientos de miles de judíos de manera impune? ¿Puede analizarse cabalmente la actuación jurisdiccional de Morgen en un contexto de genocidio extático? ¿Son admisibles planteamientos relativistas en el marco de la Shoa?

Como no podía ser de otra manera, la organización dirigida por Heinrich Himmler, muy tempranamente -1933- creó su propio entramado legal y jurisdiccional especial, depositando la sustanciación de los asuntos que afectaren a su personal en manos del Hauptamt SS Gericht o Departamento Legal de la SS, que además de redactar sus propios códigos normativos, administraba tanto los tribunales como los Konzentrationslager (KL). Para ello disponía de un cuerpo de jueces, fiscales y personal funcionario, sometidos no al imperio de la ley del Reich, sino a las particulares disposiciones que regían las SS. Dirigida por el SS-Obergruppenfürher Paul Scharfe, se estructuraba en cuatro departamentos –Amtsgruppe– con sede en el número 10 de la Karlstraße de Munich: Amt I, asuntos jurídicos (SS-Oberführer Dr. Reinecke); Amt II, organización, personal y aspectos disciplinarios (SS-Obersturmbannführer Hinderfield); Amt III, indultos y ejecución de sentencias (SS-Sturmbannführer Burmeister) y AMt IV, oficina de enlace (SS-Obersturmbannführer Dr. Krause). El Hauptamt SS-Gericht coordinaba asimismo los treinta y ocho tribunales regionales de las SS repartidos por Alemania y los territorios anexados:

  • SS- und Polizeigericht: Enjuiciamiento de delitos menores y leves cometidos por oficiales de las SS y hombres alistados.
  • Feldgerichte: Consejo de guerra para el enjuiciamiento del personal militar de la Waffen SS acusados de violar el código penal militar de las Fuerzas Armadas alemanas.
  • Oberstes SS- und Polizeigericht: Corte Suprema para el enjuiciamiento de delitos graves y también cualquier infracción cometida por Generales de la SS.
  • SS- und Polizeigericht z.b. V.: Órgano especial dentro de la propia singularidad de las SS, encargado de hacer frente a cuestiones muy sensibles que se quisiera mantener en secreto incluso de la propia SS.

151006_BOOK_morgen-nazi-id-card.jpg.CROP.promovar-mediumlargeLicenciado por la Universidad de Frankfurt y egresado de la Academia de Derecho Internacional de Hague, al joven  Morgen le sorprende la invasión de Polonia como juez de la localidad de Stettin. Reclutado por la Waffen-SS, y tras un breve periodo de instrucción, es desmovilizado en marzo de 1940, siendo adscrito como juez en el SS- und Polizeigericht de Cracovia, en donde pronto adquiere notoriedad al frente del juzgado, investigando casos de corrupción que afectaban al personal de la SS, alcanzando incluso al intocable Hermann Fegelein o al mismísimo Freidrich Wilhelm Kruge, lo que le acarreó su encuadramiento en la SS Division Wiking para combatir en el frente este, mortífero destino del que fue exonerado al ser reasignado al ReichsKriminalPolizeiAmt (RKPA) para investigar delitos financieros, con el grado de Oberstrurmfuhrer. Y es que el verano de 1942 supone un punto de inflexión en el desarrollo de la guerra. Las estrecheces en la vida diaria del común de los alemanes, comienzan a ser cada día más apreciables y en esa tesitura, Himmler no podía permitir conductas deshonrosas o directamente corruptas de sus cuadros de mando, altamente perjudiciales para la moral de la población. De esa forma, el mundo de la Lager-SS se vio sacudido aquel verano de la mano del equipo especial de investigación que el Reichsfhürer-SS puso a disposición del juez Morgen quien, a partir de entonces y hasta 1944, investigó, procesó e incoo expedientes de expulsión a comandantes de campo y autoridades de la talla –orgánica- de Alex Piorkowski (Dachau), Hans Loritz (Orianenbürg), Adam Grünewald (Herzogenbüsch), Karl Künster (Flossenbürg), Karl Otto Koch –y su diabólica esposa Ilse- (Buchenwald), Hermnan Florstedt (Majdanek), Christian Wirth (Aktion Reinhard Lager), Amon Göth –el inolvidable Ralph Fiennes de La lista de Schindler– (Plaszòw) o Maximilian Grabner, Gerhard Paliztsch y Hans Aumeier (Auschwitz) .

El juez Morgen cumplió a la perfección el rol que le asignó Himmler: el de implacable perseguidor de conductas que pudieran ensuciar el buen nombre y el «virtuoso» uniforme de los miembros de la Lager-SS. Las condenas en la mayoría de los casos fueron ridículas cuando no virtuales, confirmado la función eminentemente simbólica y propagandista de esa labor purgativa. Las testificales que Morgen evacuó una vez terminada la guerra como testigo de la acusación en los juicios de Núremberg, de la SS-WVHA y en el conocido como Segundo Juicio por Auschwitz celebrado en Frankfurt en 1965, no fueron sino el blanqueamiento de un sepulcro ineluctablemente manchado por una condescendencia con la más abyecta inmoralidad normativa,  injustificable como ser humano e inadmisible como jurista, en la que se reprochaba y perseguía la malversación de menaje de cocina al tiempo que se justificaban los experimentos médicos con prisioneros a cargo de Josef Mengele.

* Nota bene: agradecer, una vez más, la clarividencia lingüística del Doctor Muñoz de Baena, siempre exacto y ajustado. Suyo es el título de esta pieza.

Vía| Raúl C. Cancio

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