Cultura y Sociedad, Historia 


La Conferencia de Múnich de 1938: La última oportunidad para la paz

Mapa de Checoeslovaquia, en el que se ve destacado la región de los Sudetes

Mapa de Checoeslovaquia, en el que se ve destacado la región de los Sudetes

Este 28 de septiembre se cumplen 75 años de la celebración de la Conferencia de Múnich, que supuso la última oportunidad de evitar que la Segunda Guerra Mundial estallara, como finalmente sucedió, un año después. La razón principal de esta reunión era la de llegar a un acuerdo entre las principales potencias europeas ante la problemática territorial que expuso Alemania, ya que reclamaba la soberanía de la región de los Sudetes, perteneciente a Checoeslovaquia, con el pretexto de que la mayoría de la población de esta región era de origen alemán.

En un principio Checoeslovaquia rechazó de plano esta anexión, ya que suponía una merma de  su territorio. Además la región fronteriza de los Sudetes ofrecía una holografía defensiva ideal para los checoeslovacos, que se verían indefensos militarmente si cedían esta región, como posteriormente se pudo constatar. Por otro lado la región de los Sudetes era una de las más desarrolladas industrialmente, por lo que disminuiría la capacidad económica de Checoeslovaquia.

A esta conferencia asistieron los jefes de Gobierno francés e inglés, Daladier y Chamberlain respectivamente,  junto a los dictadores de corte fascista, Hitler y Mussolini. Sorprende que Checoeslovaquia no fuera invitada a la reunión, lo que demuestra la nula importancia internacional que tenía el país. El impulsor y organizador de esta conferencia fue Mussolini, claro aliado de Alemania y con unas relaciones excelentes con los gobiernos democráticos, que en esos años le tenían en alta estima, a pesar de su cuestionada guerra en Etiopia en 1935.

Fotografía de los firmantes de la Conferencia de Múnich. De izquierda a derecha: Mussolini, Hitler, Daladier y Chamberlain

Fotografía de los firmantes de la Conferencia de Múnich. De izquierda a derecha: Mussolini, Hitler, Daladier y Chamberlain

El principal objetivo de Gran Bretaña y Francia era la de contentar a Hitler, para que no volviera a causar más problemas que desembocasen en otra guerra mundial, el principal terror de los gobiernos democráticos. Esta política aliada recibe el nombre de “apaciguamiento” y con el tiempo será un autentico fracaso. Este comportamiento no nació en la Conferencia de Múnich, sino que venía fraguándose desde hace bastante tiempo en el seno de los gobiernos aliados. Como ejemplo se puede citar la creación por parte de Gran Bretaña en 1936 del Comité de No Intervención con respecto a la Guerra Civil española, y que englobaba a las principales potencias europeas anteriormente mencionadas, junto a la Unión Soviética. Finalmente este Comité resultó un fracaso, ya que solo cumplió con sus mandatos Gran Bretaña.

La razón principal de esta reclamación germana está basada en uno de los puntos de la política nazi más importantes, el de reunificar en un gran Estado Alemán a toda la población de cultura y lengua alemana, dispersada  por la desmembración que sufrió el país tras la Primera Guerra Mundial. Entre otros territorios, Alemania perdió parte de Prusia Oriental, germen de la nación alemana, que pasó a manos de Polonia, también sufrió la desmilitarización y ocupación del margen izquierda del Rhin, por otro lado las regiones de Alsacia y Lorena, conquistadas en la guerra germano-francesa de 1870, volvieron a la soberanía francesa.  

Poco antes de la Conferencia de Múnich, Alemania había demostrado su feroz política exterior con la anexión de Austria, en marzo de 1938. Esta anexión o Anschluss de Austria fue la culminación del constante acosamiento que realizaron los nazis contra el gobierno austriaco semifascista del general Dolfus, que murió asesinado el 25 de julio de 1934 a manos de los nazis austriacos financiados por sus vecinos germanos.

 Alemania llegaba a Múnich con esta carta de presentación. Posiblemente los acontecimientos de Austria hicieron ver a los gobiernos democráticos que era mejor contentar a Hitler antes que lanzarse a una nueva guerra mundial, esperando que sus ambiciones se apagaran con nuevas adquisiciones territoriales, irrelevantes para los aliados.

El primer ministro británico Neville Chamberlain en su recibimiento heroico en Londres, esgrimiendo el compromiso firmado con Hitler

El primer ministro británico Neville Chamberlain en su recibimiento heroico en Londres, esgrimiendo el compromiso firmado con Hitler

Como conclusión decir que Múnich fue el culmen de la política del apaciguamiento. Hitler se comprometió por escrito a no solicitar más reclamaciones territoriales, evitándose la guerra mundial. Esta promesa fue expuesta a la opinión pública británica y francesa como un gran triunfo de la diplomacia aliada, pero pronto descubrieron que Hitler no tenía palabra y en marzo de 1939 Alemania invadió el resto de Checoeslovaquia. Esta acción indignó a los británicos y franceses, los cuales prometieron iniciar una guerra si Hitler atacaba cualquier otro país, como sucedió con la invasión de Polonia, aliado importantísimo para los gobiernos democráticos. La época de la diplomacia había muerto en Múnich y muy pronto en Europa volverían a escucharse tambores de guerra.

 

Vía| Historia Siglo 20

Imagen| Mapa de los Sudetes, Firmantes de Múnich, Chamberlain

Vídeo| El Ultimátum de Hitler

En QAH| Se cumplen 80 años del ascenso de Hitler al poder (I): La victoria mediante las elecciones, Se cumplen 80 años del ascenso de Hitler al poder (II): El despedazamiento del Estado democrático, El incendio del Reichstag, la excusa de Hitler

 

RELACIONADOS