Neurociencia 


La cognición social: aspectos evolucionistas

El concepto de cognición social está “de moda” y hoy en día son muchos los artículos y textos que se están publicando sobre este “nuevo invitado”. El ser humano es por naturaleza social y como señala Balzac “la soledad es maravillosa siempre que tengas alguien a tu lado que te lo recuerde”

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Para Elkhonon Goldberg la cognición social se encuentra estrechamente relacionada con la supervivencia, ya que, para tener éxito en una interacción con otros miembros del grupo, no sólo debemos planificar un plan de acción propio, sino que también debemos tener una idea de los deseos y planes de los demás. Suponemos que cuando la tierra se fue desertizando los bienes comenzaron a ser limitados, lo que llevaría a que varios individuos compitieran por un mismo bien. De este modo, no sólo era necesario prever las consecuencias de las propias acciones, sino que también comenzó a ser importante prever las consecuencias de las acciones de los demás, para anticiparnos a ellos. Daniel Dennett ha llamado a esto la inexcusable competitividad en el mundo de las cosas vivas. Para Dennett la tarea que afronta cualquier organismo puede considerarse como una especie de versión del juego infantil del escondite: buscamos lo que necesitamos y nos escondemos de aquellos que necesitan lo que tenemos. Para ello, debemos saber qué es lo que necesitamos (algo muy sujeto a diferencias individuales) y debemos conocer lo que otros desean (para lo cual debemos crearnos una teoría de la mente del otro). Este es el origen adaptativo de la cognición social.

En el siglo XIX, el psicólogo Franz Brentano dividió el universo en dos tipos de entes: los que poseen intencionalidad y los que no. Los primeros tienen iniciativa, poseen fines y necesidades; los segundos sólo obedecen a las leyes físicas. Los humanos somos, para Dennett, sistemas intencionales. La característica fundamental de la actitud intencional es la de tratar a una entidad como un agente -atribuyéndole creencias y deseos- para tratar de predecir sus acciones. Así, los seres humanos acaban ordenando el mundo en dos clases diferentes, lo que Daniel Dennett ha denominado psicología popular y física popular. Las personas con afectación de la cognición social serían buenos físicos populares (sistematizadores) y malos psicólogos populares (empatizadores) por un déficit en dicha cognición social.

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Por lo tanto, la capacidad de intuir los estados mentales de otras personas ocurre fundamentalmente en las interacciones sociales. Desde un punto de vista evolucionista, la eclosión de la teoría de la mente iría unida a la capacidad de engaño, para así confundir al otro sobre mis pensamientos y deseos, lo que me permitirá lograr o acceder a lo que deseo. Algunos autores, como los estudiosos del autismo Christopher Frith y su esposa Uta Frith, y posteriormente Elkhonon Goldberg, han afirmado que este es un atributo específicamente humano. No obstante, tanto estudios clásicos  como trabajos recientes muestran que al menos los chimpancés parecen compartir esta capacidad con el hombre. Por tanto, podemos deducir que la teoría de la mente se halla presente en algunos primates no humanos, aunque no haya alcanzado la complejidad de nuestra especie.

El ser humano ha basado su éxito evolutivo en el desarrollo de su cerebro, un cerebro que aprende y se modifica a sí mismo cada día. Pero, ¿qué hace que nuestro cerebro sea tan eficaz? Tal vez podíamos señalar algunos hitos que nos confieren esta capacidad inusitada para aprender: la imitación, la predicción, la capacidad de hacer simulaciones dentro de nuestra propia cabeza y nuestro gran cerebro social.

Por tanto, una de las características evolutivas esenciales del ser humano es la capacidad para interactuar socialmente. Así, al igual que ocurre en otros primates, las capacidades sociales constituyen una de las funciones que en mayor medida determinan el éxito en la adaptación. Sin embargo, las capacidades, o, mejor dicho, las conductas sociales, no son exclusivas de los primates; desde insectos hasta aves, múltiples especies manifiestan conductas de interacción.

El interés por los fenómenos sociales ha provocado a lo largo de la historia el desarrollo de disciplinas de conocimiento propias, que tratan de describir y explicar la naturaleza social del hombre a distintos niveles. Como parte del desarrollo natural del conocimiento, la Neurociencia se ha incorporado a estas disciplinas que contemplan lo social como objeto central de estudio, en su caso, desde el interés por las bases cerebrales de la conducta social.

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El término “cognición social” se ha definido, en un sentido amplio, como aquellos aspectos de la vida mental que permiten y forman la experiencia social. La cognición social puede definirse como un proceso neurobiológico, psicológico y social, por medio del cual se perciben, reconocen y evalúan los eventos sociales, para construir una representación del ambiente de interacción de los individuos y posteriormente generar el comportamiento social. Se relaciona con aspectos que van desde la percepción social (estadio inicial que evalúa las intenciones de los demás a través de su conducta –dirección de la mirada y movimiento corporal–) hasta el estilo atribucional (cómo se explica la conducta de otras personas) o la empatía(no saber cómo se siente otro sino sentir como se siente). Así, la cognición social debe entenderse como la habilidad de construir representaciones de las relaciones entre uno mismo y los otros, y de usar flexiblemente esas representaciones para guiar el comportamiento social.

Actualmente, la cognición social es un campo de estudio que carece de modelos teóricos completos, holísticos y detallados. Por un lado, existe un buen número de trabajos experimentales que investigan sobre procesos discretos que se engloban bajo la cognición social (como el reconocimiento de expresiones faciales o la imitación) y, por otro, existen algunas propuestas generales de qué debiera incluir un modelo de cognición social. Mientras que los primeros carecen de la articulación en un sistema explicativo general, las segundas carecen de la concreción y especificidad necesarias para resultar modelos teóricos sólidos. En cualquier caso, existe un acuerdo en que la cognición social es un sistema de procesamiento de información que se nutre de múltiples funciones más básicas para dar como resultado la conducta social .

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