Patrimonio 


“La chiquita piconera”, Romero de Torres

Hijo del pintor Rafael Romero Barros, Julio Romero de Torres, nació en Córdoba en 1874, en una vivienda anexa al Museo de Bellas Artes del que su padre era conservador y director. Está considerado como el más popular de los representantes del regionalismo pictórico andaluz y uno de los retratistas más cotizados de España e Hispanoamérica.

588613_1

´Autorretrato de joven´, de Julio Romero de Torres. Hacia 1895.

Al igual que sus otros dos hermanos, Rafael y Enrique, comenzó su aprendizaje bajo las órdenes de su padre en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba. De él heredó el gusto por el realismo, como refleja en muchos de sus paisajes y bodegones. Vivió intensamente la vida cultural cordobesa de finales del siglo XIX y su afán por aprender lo llevó a compartir desde muy joven todos los movimientos artísticos dominantes de esa época. En 1906 marchó a Madrid, para documentarse y satisfacer su inquietud renovadora. Después realizó viajes de aprendizaje por Italia, Francia, Inglaterra y los Países Bajos.

Dos etapas se dan en su pintura: durante la primera, anterior a 1907, recibe las influencias de las corrientes pictóricas de finales del siglo XIX, como son el realismo social, el impresionismo y el modernismo simbolista. En las obras posteriores a esa fecha, se empieza a hacer patente el estilo personal e invariable que le hizo famoso, sacado de un profundo estudio de Rafael y Leonardo, que tanto le entusiasmaron a raíz de su viaje a Italia.

Las características principales de su obra pueden resumirse en simbolismo, precisión de forma y dibujo, luz suave en ropajes y carnes, artificiosidad de escenarios, dominio de la morbidez, gran capacidad para representar la figura humana y paisajes que refuerzan el simbolismo, donde la realidad se convierte en alegoría.

A raíz del lienzo titulado “Musa gitana” el pintor adoptó una línea nacionalista y folclórica, atenta a la poética andaluza y centrada, principalmente, en el retrato de la mujer del Sur. Es un estilo en el que predomina la mezcla del retrato realista con un cierto aire idealista que sitúa a sus figuras en un  halo intemporal, como si pretendiera hacer de las características físicas de la mujer andaluza un arquetipo universal de la belleza femenina.

"La chiquita piconera". Julio Romero de Torres, 1930.

“La chiquita piconera”. Julio Romero de Torres, 1930.

Entre enero y febrero de 1930 Julio Romero de Torres concluye “La chiquita piconera” uno de sus cuadros más hermosos y la obra más famosa del pintor. En este bello retrato el maestro legó para la posteridad, la inquietante mirada de la bellísima y solitaria joven inclinada sobre el brasero de cobre, un ideal de belleza plasmado en una sola mujer, mezcla de pasión y frialdad,  dulzura y desencanto, de nostalgia y presencia.

La escena se desarrolla en el interior de una humilde habitación, con una joven sentada en una silla de enea que se adelanta sobre un brasero, sosteniendo en su mano derecha una badila de cobre con la que mueve el picón. A  través de una  puerta abierta contemplamos el fondo, con el paseo de la Ribera, el río Guadalquivir, el Puente Romano y la Calahorra bajo un cielo oscuro, de anochecer. El hombro desnudo, el incipiente nacimiento de los pechos y las bien torneadas piernas abiertas de la joven embutidas en medias de seda presionadas por ligas de color naranja constituyen la oferta de la muchacha para brindar su joven cuerpo a cambio de alguna moneda que la libere de su humilde condición. La modelo que posó para este cuadro fue María Teresa López, de padres cordobeses y argentina de nacimiento que con 14 años ya era modelo del pintor.

Esta obra es el auténtico testamento pictórico de Romero de Torres al mostrar en ella toda su concepción de la pintura y el arte. De técnica casi fotográfica en el tratamiento de los planos, la modelo mira penetrante, no al infinito, sino de una forma directa y próxima, convirtiéndose en un cuadro expresionista ya que Romero de Torres nos transmite algo más que el placer de contemplar un bellísimo y original retrato; nos muestra el sufrimiento y la penuria de una joven que no duda en dedicarse a la prostitución para salir de su delicada situación. Se expone en esta obra todo el arte del genial pintor cordobés que falleció en Córdoba, la ciudad que lo vio nacer, al atardecer del 10 de mayo de 1930, a los 55 años.

Tras su muerte, la estela de un arte inmortal en un estilo único y la presencia casi perenne de esos profundos ojos negros, que ya pertenecen a la memoria colectiva de la ciudad.

Vía| CordobesIlustres ArteEspaña Tuitearte ArteHistoria

Más Información| Diario Córdoba  La Opinión de Málaga

Imagen | Tuitearte,  Andalucía Virtual , Autorretrato.

RELACIONADOS