Historia 


La carrera del algodón en la antesala de la Revolución industrial

La Revolución Industrial del siglo XIX fue el motor, del mayor cambio de la historia de la humanidad. Hay que mencionar además, que de su mano llegaron el liberalismo económico y posteriormente la sociedad de masas, aunque hay que reconocer la dificultad de asignar el binomio causa-consecuencia entre todo lo suscrito. Pero lo cierto es que entre todos cambiaron el rumbo de la historia económica definitivamente.

El triunfo de los nuevos planteamientos filosóficos del siglo XVIII de Joseph Wright

El país que la llevó a cabo en primer término fue Inglaterra. Pero esto no fue cuestión de casualidad. Este país realizó todos los cambios económicos necesarios, para convertirse en protagonista. Conviene subrayar, que antes de la pre revolución industrial acometida durante  en el siglo XVIII había acabado con el sistema gremial procedente de la Edad Media. Dicho sistema que fijaba precios, consumo, cuotas de producción e incluso calidad del producto, era el mayor enemigo para la llegada del liberalismo económico. Está doctrina económica se impuso definitivamente en siglo XVIII, para acabar con las anquilosadas estructuras económicas y laborales. Todo ello, junto a una sociedad más evolucionada políticamente y con mayor mentalidad comercial, convirtieron a Inglaterra en el banco de pruebas de la Revolución Industrial.

Los protagonistas serán los investigadores e inventores que recibirán el apoyo económico del liberalismo. Así mismo destacar a la burguesía industrial, que arriesgó su capital para la implantación del sistema de fábricas. Dicho sistema acabó en gran parte con la deslocalización del proceso productivo, con el consecuente abaratamiento de costes, aunque sobre las negativas mejor no hablar. En cuanto a los inventos el principal fue la máquina de vapor, y en cuanto a los nuevos productos fueron muchos, pero volviendo al título, yo me quedó con uno de los más importantes el algodón.

Si antes del siglo XVIII, la confección textil estaba prácticamente copada por la lana, con la inclusión de algunos productos secundarios como el lino, la seda o el propio algodón. Tras dicho siglo, este último se impondrá como el principal producto manufacturado de la industria de los tejidos. Conviene subrayar que sus características de dureza y ligereza, esta última muy adecuada para la exportación a las colonias, fueron las culpables de este protagonismo.

Durante todo el siglo XVIII se asistió a una carrera de estímulos. Cuanto más rápidas eran las máquinas de tejer, más hilo necesitaban. A su vez, cuanto más hilo se producía, más rápidas tenían que ser las máquinas de tejer. Este será uno de los motivos de la aparición  de los inventos textiles más importantes del siglo XVIII, y que además vendrán de una serie de personajes marcados por la desgracia.

La lanzadera de volante de John Kay en 1733.

Supuesto retrato de John Kay

John Kay nació en 1704 en el Condado de Lancashire. Hasta la llegada de su invento los tejidos eran más estrechos, o bien necesitaban dos operarios para hacerlos más anchos. El aparato que inventó John Kay era muy sencillo, cuatro rodillos que se movían de lado a lado por una especie de raquetas. Ahora bien, tras dicho invento un hombre solo podía hacer los tejidos más anchos, y además con el doble de velocidad.

Las consecuencias tuvieron un doble sentido: Por un lado la mayor producción textil, y por consiguiente la mayor demanda de hilos. Pero por otro lado, el exilio en Francia de John Kay perseguido a muerte por el resto de tejedores. Pese a lo cual, su invento revolucionó la industria textil al ser rápidamente copiado.  Todo ello mientras nuestro personaje moría en la completa miseria, y sin poder hacer nada por reclamar la patente de su invento.

La Spinning-Jenny de James Hargreaves en 1765.

James Hargreaves también nació en el Condado de Lancashire. A sí mismo, su invento también revolucionó la producción de algodón, en especial, el sistema de hilado. Todo ello a pesar de su extraordinaria sencillez. Una rueda vertical y girada por una sola persona,  frente a la cual se colocaban varios hilos, que se iban enrollando en los ovillos correspondientes.

Modelo de la spinning jenny en un museo de Wuppertal, Alemania

Nuevamente este nuevo invento volvió a levantar las iras de los luditas, nombre por el cual se conocía a los contrarios al progreso industrial. De modo que un día el taller de James Hargreaves amaneció en llamas, viéndose en la obligación de emigrar, en este caso a Nottingham. Pero su invento había vuelto a poner las bases para que otros se aprovecharan del tirón. En este caso Richard Arkwright y Samuel Crompton que sobre el diseño de la Spinning-Jenny llevaron las máquinas de hilar a todos los rincones de Inglaterra. Mientras, otro de los grandes protagonistas de los inventos del siglo XVIII moría en la miseria.

Ahora nuevamente la piedra estaba en el tejado de los tejedores, el mercado de hilo se saturó hasta la llegada del siguiente de los inventos.

El Telar mecánico de Edmund Cartwright en 1785.

Edmund Cartwrigth

La historia de Edmund Cartwright es de las más curiosas. Nacido en el Condado de Nottighamshire y estudiante de teología en Oxford, en la cual acabará convertido en sacerdote anglicano. Su destino le llevará a ejercer dicha profesión en una pequeña parroquia local. En ella conocerá a Richard Arkwrigth (uno de los que estaba haciendo fortuna con la Spinning-Jenny). Precisamente de esta amistad y de su paso por Oxford será donde nazca su interés por los inventos. En definitiva 1785 fue el año en que el primer telar mecánico vio la luz.

Solo unos años después y mientras los franceses estaban con su Revolución Francesa de 1789, el telar mecánico incorporó el gran invento de la Revolución Industrial. Indiscutiblemente, la unión entre este y la máquina de vapor disparó la producción textil en Inglaterra.

Richard Arkwrigth, el único que hizo fortuna.

Una de las figuras más controvertidas de este siglo XVIII en Inglaterra,  ya que ha pasado a las historia como el “aprovechado de turno”. Conviene aclarar la dificultad por patentar los inventos. En vista de esto Richard Arkwrigth, gracias a la fortuna que iba amasando, los hacía suyos y los mandaba mejorar. Así se convirtió en uno de los hombres más ricos de Inglaterra y nombrado Sir por parte de Jorge III. Aunque evidentemente sin dinero no había inventos, pero sin ideas tampoco.

 En conclusión, la unión de hombres como Richard Arkwrigth, Edmund Cartwright, James Hargreaves y John Kay, entre otros muchos, será la protagonista de la antesala de la Revolución Industrial. A pesar de la oposición de los luditas, que cometerán uno de sus atentados más importantes contra el progreso, en las instalaciones de Richard Arkwrigth en 1793. Justo un año después de la muerte del mismo, su fábrica con más de 400 telares mecánicos ardía una noche.

La fábrica de RICHARD ARKWRIGTH convertida en Museo Textil

Todo ello no impidió, que el algodón que salía de los telares mecánicos, sustituyera a la lana como principal producto textil de la Revolución Industrial. En otras palabras, si a principios del siglo XVIII las manufacturas de algodón no llegaban ni al 1% de las exportaciones de Inglaterra, un siglo después suponían un 39%. De esta manera los productos textiles ingleses, mucho más ligeros y económicos inundaron Europa y las colonias británicas repartidas por el mundo.

Visto desde el punto de vista del siglo XXI, resulta llamativo ver como el mundo se movía al revés: Inglaterra producía y las colonias consumían, hoy producen las colonias y consume Inglaterra.  A pesar de los cual el dinero sigue estando en el mismo lugar.

En colaboración con QAH | caminandoporlahistoria.com

Bibliografía | Luis Antonio Ribot García, La Edad Moderna. Siglos XV a XVIII, Ed. Marcial Pons, 2016

Más Información | cottontimes

Imágenes: commons.wikimedia

En QHA | grandes filósofos de la historia karl marx

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