Historia 


La campaña de Aníbal en el Duero

Son cuatro las fuentes que nos hablan de la campaña militar que Aníbal dirigió hacia el Duero poco después de tomar el mando de las tropas cartaginesas en Iberia. Estas cuatro fuentes podemos dividirlas en dos grupos, situando por un lado a Polibio y Tito Livio, que se centran en los hechos, y por otro a Plutarco y Polieno, que narran de una forma bastante novelesca el valor de las mujeres de la ciudad de Helmantica durante el asedio a la ciudad por parte de las tropas cartaginesas. A partir de aquí, las hipótesis que han intentado explicar la aventura anibálica en unas tierras tan alejadas de la zona de influencia directa cartaginesa han sido muchas y de muy diversos tipos.

Guerrero de Osuna: escudo céltico y espada falcata

Guerrero de Osuna: escudo céltico y espada falcata

En primer lugar nos encontramos con teorías que hablan de un intento por parte del Bárquida bien de mostrar su poderío militar, bien de intentar someter a aquellas tierras que, parece ser, llevaban a cabo incursiones frecuentes en los territorios periféricos a la zona de dominio directa cartaginesa. Muchos han hablado de una necesidad de Aníbal por conseguir botín y mercenarios, argumentando que ambas cosas eran necesarias para llevar a cabo sus propósitos belicistas contra Roma. Es muy posible que la obtención tanto de botín como de mercenarios no fuera la causa principal de la campaña, sino que supusiera un beneficio adicional, algo que sumado a otros intereses dotaba a la campaña de un significado bastante más amplio.

Lo que está claro es que Aníbal fue capaz de llegar hasta el Duero en busca de algo en concreto, por lo que merece la pena descubrir qué sería aquello que tenían los vacceos que requiriera llegar hasta tan lejos para hacerse con ello. Según A. Domínguez Monedero, lo que buscaban los cartagineses en la meseta no sería sino el suministro regular de trigo vacceo, necesario para llevar a cabo la importante campaña que Aníbal ya habría decidido hacer hacia tierras itálicas. Se trataría de tierras ricas en cereal, motivo más que suficiente para que Aníbal se desplazara hacia tierras meseteñas de manera consciente, buscando el poder abastecerse del grano vacceo de cara a su inmediata aventura itálica. En el caso de que ésa fuera la causa principal de la campaña hacia la meseta, se nos plantea un nuevo dilema: ¿qué camino tomaron los cargamentos de cereal vacceo hacia el centro de abastecimiento cartaginés? El propio A. Domínguez Monedero nos da la respuesta: a través del valle del Duero, vía Zamora, Simancas, Roa, Osma, lugar éste donde abandonaba el valle para internarse hasta Numancia, desde donde iniciaba el paso del Sistema Ibérico a través del puerto del Madero, para llegar hasta Tarazona, desde donde seguiría el valle del Ebro hasta Zaragoza, siguiendo eventualmente hasta la desembocadura del río”.

Lucha de guerreros, Obulco, con espada meseteña

Lucha de guerreros, Obulco, con espada meseteña

Pero, ¿quién fue el encargado de descubrir a Aníbal la existencia de estas tierras meseteñas ricas en cereal? La clave podemos encontrarla en el matrimonio de Aníbal con Imilce, princesa oretana de Cástulo, en el período de tiempo que transcurre entre la campaña contra los olcades, en el 221 a. C., y la otra contra los vacceos, ocurrida al año siguiente. Parece aceptable que fuera por medio de aquellos oretanos por los que llegaran hasta el sureste las noticias de la existencia del pueblo meseteño. Los motivos que tenemos para dar credibilidad a esta afirmación nos los brinda la arqueología, por la que sabemos de la existencia de contactos entre la Meseta y el Alto Guadalquivir desde el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro. Lo más probable es que la presencia de mercenarios meseteños en Oretania no fuera extraña, sino que llegaran hasta estas tierras dispuestos a prestar sus servicios a la clase dominante que controlaba los focos mineros de Sierra Morena. A este respecto hemos de tener en cuenta los  relieves de Osuna y las esculturas de Obulco (Porcuna, Jaén). Con respecto a los primeros, decir que pertenecen probablemente a un monumento situado en la acrópolis de la ciudad y destruido durante las guerras entre César y Pompeyo. Los sillares de dicho monumento se reutilizarían para la construcción de una muralla, y en ellos se han documentado elementos que responden a modelos meseteños: podemos identificar guerreros con parafernalia de guerra procedente de la meseta, como puede ser la caetra, una especie de escudo redondo de pequeñas dimensiones, un gran escudo que podría pertenecer a la cultura de la Tène o un casco, probablemente de origen lusitano, de cuero y cimera. Con respecto a las esculturas de Obulco, fechadas en el siglo V a. C., decir que se trata de un conjunto de figuras que fueron despedazadas ya en la antigüedad, muy poco tiempo después de su creación. Lo que es característico de estas figuras vuelve a ser la representación de parafernalia militar meseteña. Así nos encontramos, entre otros personajes representados, a algunos guerreros, los cuales van armados con el armamento típico de los pueblos de la Meseta: caetra, espada de antenas, falera, cinturón con placa ancha y rectangular… Se ha llegado a pensar que podría tratarse de una representación de los mercenarios que, de manera habitual, se aventurarían hacia el sur peninsular en busca de trabajo para las élites que dominaban el negocio metalífero de Sierra Morena.

Así las cosas, es bastante probable que fueran las gentes que habitasen estos lugares, concretamente los oretanos, los que se encargaran de transmitir a los cartagineses de Aníbal la riqueza cerealística de las tierras del centro peninsular, tierras con las que mantenían una estrecha relación desde hacía bastante tiempo. De este modo, bien en el invierno del 220 a. C., bien con anterioridad, las estrechas relaciones entre cartagineses y oretanos dieron sus frutos en la famosa campaña de Aníbal en el Duero.

Con respecto al itinerario que Aníbal siguió para adentrarse en territorio vacceo, dos son las alternativas principales, aunque el recorrido aceptado habitualmente es el que A. Schulten propuso: desde Cartago-Nova se encaminaría hacia la zona oriental de Sierra Morena, que bordearía por el norte, enlazando con el Guadiana en Oretania. Seguiría este río hasta la zona de la actual Mérida, donde enlazaría con el camino que posteriormente sería conocido como Vía de la Plata, camino de Helmantica, a la que llegará a través de la Sierra de Gredos, cruzada por el corredor del río Alagón.

Moneda hispano-cartaginesa del tipo a la hallada en Salamanca

Moneda hispano-cartaginesa del tipo a la hallada en Salamanca

Un segundo itinerario sería un camino en diagonal, con dirección sureste-noroeste, atravesando los territorios olcade y carpetano, para llegar hasta Helmantica desde la zona de Toledo. Hasta allí llegaría bien por el Tajo hasta Talavera de la Reina, bien hasta Talavera la Vieja, enlazando bien con la Vía de la Plata hacia el norte, bien bordeando por el este la Sierra de Gredos, para acceder a la Meseta Norte por el este de la provincia de Ávila y superar las sierras abulenses alcanzando por el este Helmantica.

En cuanto al regreso de la Meseta, el itinerario que Aníbal pudo seguir se nos antoja más fácil de dilucidar: si a su vuelta se encontró con un ejército heterogéneo de olcades, carpetanos y helmanticenses que se había salvado cuando el sitio a su ciudad, es de suponer que usó el camino diagonal noroeste-sureste atravesando la franja carpetana, llevándose a cabo el enfrentamiento entre el ejército cartaginés y este conglomerado de indígenas en algún vado sobre el Tajo.

Dicho todo esto, hemos de reconocer que, desde un punto de vista arqueológico, la única prueba fehaciente que tenemos de la veracidad de la existencia de la campaña de Aníbal en el Duero es una moneda cartaginesa de la serie VIII (de época anibálica) que fue hallada en la ciudad de Salamanca, junto al Tormes.

Vía| DOMÍNGUEZ MONEDERO, A. (1986) “Las campañas de Aníbal contra los vacceos: sus objetivos y su relación con el inicio de la II Guerra Púnica”, Latomus 45; GARCÍA-GELABERT PÉREZ, M. P. / BLÁZQUEZ MARTÍNEZ J. M. (1987-1988) “Mercenarios hispanos en las fuentes literarias y en la arqueología” Habis 18-19; SÁNCHEZ MORENO, E. (2000) “Releyendo la campaña de Aníbal en el Duero (220 a. C.): La apertura de la meseta occidental a los intereses de las potencias mediterráneas”, Gerión 18, SCHULTEN, A. (1935) Fontes Hispaniae Antiquae. Fascículo III.

Imagen|Guerrero de Osuna, Guerreros de Obulco, Moneda hispano-cartaginesa

En QAH|Imperialismo Cartaginés en la Península Ibérica, Los Bárquidas en la Península Ibérica: Aníbal Barca, Caminos prerromanos: origen de la Vía de la Plata

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