Cultura y Sociedad, Patrimonio 


La Biblioteca Medicea Laurenciana

Ricetto o vestíbulo

Florencia, inicios del siglo XVI, el Renacimiento se muestra en todo su esplendor en una ciudad donde el arte y la cultura se han convertido en su argumento fundamental, estimulado por la poderosa e influyente familia Medici, quienes desde el siglo precedente motivan y patrocinan todo tipo de expresión artística. En 1519 Giulio dei Medici, que posteriormente se convertirá en el Papa Clemente VII,  decide financiar una biblioteca que permitiese albergar el rico patrimonio literario de la familia, ésta se situará en una de las salas del claustro de la basílica familiar de San Lorenzo, obra de Brunelleschi (de ahí el nombre de Laurenciana, en cambio Medicea es debido a sus promotores). En este entorno el encargado de llevarla a cabo será Miguel Ángel Buonarroti que, gracias al mecenazgo de los Medici, volverá a su ciudad para realizar varios trabajos tras su éxito en Roma, recién finalizados los frescos de la Capilla Sixtina.

Miguel Ángel se encuentra con una estructura prestablecida donde inserir su edificio, partiendo del renacentista Claustro dei Canonici. Concibe la biblioteca como un recorrido de sensaciones entre espacios a diferentes niveles que parte de la tranquilidad del gran patio de San Lorenzo hasta la inspiradora sala de lectura, pasando por el genial vestíbulo como punto de inflexión:

Directamente desde el claustro llegaremos al llamado Ricetto, vestíbulo de acceso a la biblioteca. Se trata de un espacio cuadrado de dimensiones reducidas pero con gran altura, dando lugar a un ambiente alto y estrecho donde las paredes  se presentan ricamente ornamentadas, tratadas como si fuesen fachadas externas. Los elementos arquitectónicos vienen utilizados por su valor plástico, como una gran escultura, donde en su parte más alta la decoración es aún más intensa, coincidiendo con las únicas entradas de luz de la estancia, inalcanzable para el espectador, aumentando así su sensación de angustia. Dentro de todo este escenario, el espacio en planta viene literalmente invadido por la escalera que nos lleva a la siguiente sala, de formas curvas y elementos caprichosos, que desparramada por el vestíbulo nos invita directamente a tomarla. El Ricetto es concebido como una introducción oscura a la luminosidad de la sala de lectura.

Tras las escaleras aparece un largo y diáfano espacio rectangular articulado con pilastras entre las que se abren grandes ventanas que iluminan homogéneamente todo el ambiente, bajo las cuales se disponen los pupitres de lectura también diseñados por Miguel Ángel. Finalmente hemos llegado a la sala de lectura, un conjunto armónico de elementos que inspiran calma y tranquilidad invitándote sin reparos al estudio y la meditación. Sensación que viene reforzada gracias al intencionado contraste entre este espacio, pausado y ordenado y el del Ricetto, tenso y comprimido.

Sala de lectura

Es una realización arquitectónica donde se busca la sorpresa, la inquietud, el desconcierto y el desequilibrio. La secuencia de sensaciones contrapuestas aumenta, incrementando así los efectos sensoriales buscados por Miguel Ángel para cada ambiente: el espíritu de calma será mayor cuando previamente hemos sentido el efecto contrario. Además aquí el artista alcanza un nivel máximo de imaginación, virtuosismo, invención y novedad al utilizar de forma inteligente y creativa los elementos y estructuras clásicas de la arquitectura, considerándose esta obra uno de los inicios de la llamada arquitectura manierista.

Después de un lento progreso de los trabajos (entre otros motivos debido a la vuelta a Roma de Miguel Ángel en 1534, el cual acepta seguir las obras a distancia) la biblioteca abrirá sus puertas en el año 1571, muerto ya su creador. Desde entonces, el único añadido al conjunto será en el siglo XIX, cuando se añade una nueva estancia a continuación de la Sala de Lectura llamada la Tribuna Elci.

Desde su inauguración se ha mantenido y aumentado con extremo cuidado la colección medicea, dando lugar a un catálogo de importancia y valor excepcional debido al número de manuscritos, la antigüedad de éstos y sobre todo a su valor filológico. Tiene en su interior alrededor de 566 incunables, 126.527 libros del siglo XVII a la actualidad y 2.000 papiros entre otros documentos, que aún hoy están disponibles para la consulta de cualquier investigador.

Vía| artedeMiguelAngel architetturaquattrocentocinquecento

Más información| Biblioteca Laurenciana Basílica de San Lorenzo YouTube: Biblioteca Laurenziana video-análisis

Imagen| Ricetto  Sala de lectura 

En QAH| Miguel Ángel en la Villa Farnesina; La Tumba de Julio II.

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