Historia 


La batalla de Rivoli (14 y 15 de enero de 1797)

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Napoleón en Rivoli.  Obra de Felix Philipoteaux.

Si en un primer momento, Francia buscó en la campaña italiana debilitar a sus enemigos en el sector del Rhin, obligándoles a enviar tropas al otro lado de los Alpes, para finales de 1796 se encontraba tan exhausta que sólo buscaba la paz. La multiplicidad de frentes, tanto externos como internos, así como la larga duración de la guerra, la estaban llevando al límite de sus recursos.
Sin embargo, el plenipotenciario del Directorio, el general Clarke, concluyó las negociaciones cuando los austríacos exigieron poder abastecer la sitiada plaza de Mantua mientras las mismas estaban en curso.
En Italia, el general en jefe austríaco, D’Alvintzi, seguía recibiendo reemplazos hasta conseguir una fuerza de 45000 hombres. Sus ejes de ofensiva seguían los cursos de los ríos Adigio, Brenta y Chieses. Ante los mismos, Napoleón situó sus fuerzas en La Corona, Rivoli y el Adigio: la división de Joubert se desplegó en La Corona y Rivoli, Augereau quedó al sur de la localidad de Ronco y el general Rey lo hizo en el lado occidental del lago Garda. El cerco de Mantua quedó a cargo del general Sérurier.
El 8 de enero, D’Alvintzi comenzó a moverse y el primer en chocar con él fue Augereau. El 11, Massena, que había quedado en Verona estaba siendo también atacado. Sin embargo, Bonaparte esperaba saber cuál era el ataque principal antes de hacer nada.

Clarke

General Henri Jacques Guillaume Clarke.

Los austríacos habían lanzado un ataque múltiple: Bayalitsch con 6200 hombres avanzaba sobre Verona, Provera con 9000 sobre Legnano y el propio Alvintzi con 28000 buscaba aplastar a Joubert. Pronto se vio claro que el principal eje de ofensiva pasaba por Rivoli.
Ante esta situación, Joubert recibió órdenes de resistir y Massena, Rey y Víctor lo hicieron de acudir en ayuda del primero. El propio Napoleón se dirigió allí dejando a 3000 hombres en Verona.
Tras el éxito inicial en La Corona, Alvintzi retrasó el golpe de gracia sobre Joubert, lo que dio tiempo a las fuerzas del pequeño corso a reforzar la posición y estabilizar el frente.
El plan de batalla austríaco se estructuraba en torno a seis columnas: tres de ellas debían tomar la zona norte de la planicie de Trombalore, donde se desplegaban los franceses. No dispondrían de artillería por lo accidentado del terreno. Dos más desbordarían por este y el oeste, cayendo sobre la retaguardia gala. La sexta y última, con toda la artillería, debía tomar la garganta de Osteria en el centro del dispositivo. La coordinación de todo ello era sumamente compleja y se demostró excesiva para el general austríaco.
Nada más llegar el 14 de enero, Bonaparte se dio cuenta de la importancia de la localidad de San Marco y ordenó a Joubert enviar una semibrigada para recuperarlo.
La batalla comenzó al despuntar el día. Joubert avanzó con 10000 hombres y 18 cañones sobre las tres columnas que se acercaban por el norte. Pese a tener un buen comienzo, la demibrigade 85 se disolvió y huyó obligando al recién llegado Massena a enviar una de las suyas para apuntalar el flanco izquierdo, dejando el resto cerca de Rivoli como reserva.

Rivoli

Mapa de la batalla de Rivoli.

En el centro, mientras tanto, los austríacos ocuparon los accesos a la garganta de Osteria, y por la retaguardia la columna de Lusignan, que había desbordado a los franceses por el oeste, apareció de repente al sur de Rivoli cortando la línea de refuerzos y retirada gala. Así, se envió urgentemente a la demibrigade 18 a abrirla de nuevo: los austríacos, hostigados por Massena y por la semibrigada de Víctor que aparecía por el sur, cayeron prisioneros.
Al oeste del Adigio, la última columna fue detenida por 100 hombres que se atrincheraban en el monte Pastello.
En el centro, el combate decisivo estaba teniendo lugar en torno a Osteria y San Marco. Napoleón dedujo que las columnas enemigas del norte estarían demasiado cansadas, así que trasladó parte de sus unidades en esa zona al centro para reforzar a las que allí estaban comprometidas. Destrozadas por las descargas artilleras de metralla que hicieron explotar dos carros de munición al recibir un disparo fortuito, los extenuados austríacos se vieron obligados a retroceder cuando 500 infantes y los jinetes de un regimiento de la reserva cargaron sobre ellos.

Resuelto ese problema, se trasladaron al norte todas las unidades disponibles y atacaron a los recién reagrupados austríacos. Es entonces cuando llegó la semibrigada de Rey que terminó de envolver el ala derecha enemiga. Vencido el norte, los franceses volvieron su atención a los flancos.
A las cinco de la tarde, la victoria de Napoleón era absoluta, así que delegó el mando en Joubert y Rey, y volvió con las tropas de Massena y Víctor hacia Anghiari, sobre el Adigio, para contrarrestar el peligro creado por la fuerza del austríaco Provera sobre el sitio de Mantua.
Al día siguiente continuó la batalla: las tres columnas centrales habían huido hacia La Corona sólo para encontrar que los pasos habían sido tomados por los franceses de Murat y Vial. La única salida que les quedaba era la huida individual.

Jooubert

Joubert.

En dos días, Austria dejó 11000 prisioneros y 3000 muertos o heridos. El resto se retiró desordenadamente.
Al sur, Provera llegó hasta Mantua y atacó a los sitiadores que se encontraban bien atrincherados. Por su parte, Würmser, al mando de la guarnición, organizó una salida para contactar con las fuerzas de socorro, pero ninguna de las dos logró romper el cordón profiláctico francés.
Napoleón llegó a marchas forzadas cogiendo a Provera entre dos frentes y obligando a éste a rendirse junto a sus 6000 hombres.
La clave del éxito de las operaciones había sido la movilidad y el uso de las líneas interiores del despliegue francés. Durante las mismas destacó por encima de los demás Massena, que obtendría el título de Duque de Rivoli por su actuación (incluso estuvo a punto de ser capturado cuando lideraba el avance hacia el norte para tapar la brecha que había dejado la semibrigada 85 en el flanco izquierdo galo).
El 2 de febrero Mantua caía en manos de Francia. El pequeño corso concedió el honor de recibir la rendición al general al mando del sitio, Sérurier, y a Würmser el de abandonar la ciudad como un hombre libre con todos los honores militares.

En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris.

Vía| Guío Martín, Javier J.: La primera campaña italiana de Napoleón (1796-1797). HRM Edicione, Zaragoza 2015.

Para saber más| Chandler, David: Las campañas de Napoleón. La esfera de los libros, 2015.

Imágenes| Napoleón en Rivoli, Clarke, mapa Rivoli, Joubert.

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