Cultura y Sociedad, Historia 


La batalla de Muret: La oportunidad perdida de Pedro II de Aragón

 

La Historia es muchas veces utilizada, manipulada y corrompida con fines políticos. Con la llegada de determinadas efemérides o con ciertos intereses se exalta con entusiasmo algunos episodios históricos dotándolos de un peso y simbolismo a veces o por el contrario ignorando deliberadamente otros.

En septiembre con motivo de la Diada en Cataluña se conmemora la fecha de 1714, donde conmemoran su victoria ante las tropas francesas y lo ensalza como un triunfo de lo “catalán” sobre lo “extranjero”, pero olvidan o parecen querer recordar con menos fuerza otro episodio acaecido casi 500 años antes, la batalla de Muret;  en ella Las tropas del rey francés y algunos cruzados vencieron al rey Pedro II (que murió en la contienda), truncando el avance del reino aragonés más allá de los pirineos

Pero antes de cargar con las tropas, recapitulemos un poco que provocó esta contienda.  Lo primero sería explicar quién era Pedro II y que se le perdió más allá de los pirineos.

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Pedro II de Aragón

Pedro II recibió la corona de Aragón de su padre, Alfonso II, y con ella las aspiraciones de los condados catalanes en el sur de Francia (no en vano Alfonso II era hijo de Petronila de Aragón y Berenguer IV, conde de Barcelona) , así que por este linaje Pedro recibía territorios a ambos costados  de los Pirineos así como el Rosellón, la Cerdeña y la Provenza. Como parecía no tener suficiente se unió en sagradas nupcias con María de Montpellier, obteniendo de este matrimonio, el condado del mismo nombre, y algunos territorios de la zona conocida como Occitania.

Estos condados occitanos serán relevantes por dos hechos, el primero es que la gran mayoría pertenecían ahora a miembros de la familia de Pedro II (entre ellos, su cuñado Raimundo Roger) y el otro factor importante es que esta zona se convirtió en una plaza fuerte de los cátaros.

Es en este momento donde Francia entra en el tablero de juego y es que durante gran parte del siglo XII y XIII, el catarismo fue una de las herejías más perseguidas en Francia. Aquí sería un buen momento para recalcar que la religión ha sido más de una vez (y esta no parece una excepción) la excusa para justificar una guerra promovida por cualquier otro motivo, por inmoral o peregrino que fuese. Pues bien, el monarca de Francia, a la sazón Felipe II, decidió utilizar la caza de los cátaros como excusa para realizar una partida por la zona y fortalecer su posición en ella. Esta intervención se vio arropada por el papa, Inocencio III, que no tuvo mejor ocurrencia que proclamar una llamada a la Cruzada contra los cátaros (1209). Esto le propició a Felipe II la justificación moral que su guerra necesitaba.

Pero la Santa Sede no permitió que Felipe II hiciera de su capa un sayo y librase una “guerra santa en nombre de Dios” sin vigilar la pureza de la acción, por ello se envió desde Roma a dos representantes; Arnaldo de Amalric, inquisidor de probada dureza; y a Simón de Monfort, un perro de la guerra que atendiese la parte más terrenal de la batalla. Es importante la presencia de Simón por que, por cuestiones de otra índole, era el custodio del hijo de nuestro Pedro II, el futuro Jaime I el Conquistador.

Ahora sí, con todos estos ingredientes ya tenemos pastel, la batalla de Muret.

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Batalla de Muret

En 1213 en Muret, los cruzados (en nombre de Felipe II) estaban sitiados por las tropas occitanas; Monfort, líder de los cruzados, había acordado una tregua con Pedro II, ratificada en un pacto de matrimonios entre sus hijos (en virtud de este acuerdo era por lo que el hijo de Pedro II, Jaime, estaba tutelado por Simón). De este modo Pedro II aseguraba su posición más allá de los Pirineos. Pero los señores occitanos temían que el Papado y el rey de Francia interviniesen a favor de Monfort, por lo que buscaron aliarse con un rival de peso, y Pedro II llegaba como cacareado campeón de Las Navas de Tolosa (1212), era el candidato perfecto.

Pedro II se presentó en Muret dispuesto a aplastar a las tropas cruzadas de Monfort  en batalla campal, desoyendo el consejo de su cuñado (el antes citado Raimundo) que prefería agotar a los cruzados prolongando el asedio.

En el otro bando Monfort era consciente de que jugaba en desventaja numérica, y que su mejor baza era romper el cerco de la ciudad y cargar contra las tropas enemigas a campo abierto.

De madrugada Monfort cargó con sus guerreros tomando por sorpresa al bando occitano, que nada pudieron hacer para parar la marea cruzada.  Simón sabia además que en inferioridad no le convenía alargar la contienda durante horas, si no que la efectividad de su maniobra relámpago dependería de lograr un golpe de efecto, matar a Pedro II.

Según cuenta la leyenda la batalla de Muret finalizó con uno de los episodios más increíbles de la historia, Pedro II había intercambiado su armadura con otro caballero. Este fue encontrado y aniquilado,  cuando los cruzados comenzaron a cantar la derrota del rey aragonés este se despojo de la armadura que le disfrazaba gritando “Yo soy el Rey”…

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Simón de Monfort

Con Pedro II muerto, el bando occitano se vino abajo, las tropas aragonesas volvieron con el rabo entre las piernas, y Jaime (heredero de la Corona) estaba en manos de Simón de Monfort, flamante vencedor de la contienda. La victoria cruzada fue total, reorganizándose políticamente el territorio, dejando completamente fuera a la Corona de Aragón y truncando completamente las aspiraciones del reino de una expansión transpirenaica. Su cómoda posición de vencedor, le permitió hacerse con gran parte de la Occitania, y no soltó a Jaime hasta que una bula papal en 1214 le obligó a ello.

Una vez en casa Jaime I se hizo con la Corona de Aragón, y en cuanto pudo intento extender sus dominios, pero lanzándose hacía el Mediterráneo, nunca mirando más allá de los Pirineos.

Teniendo en cuenta que la zona conocida como la Occitania es el origen de multitud de los elementos que hoy integran lo que algunos denominan “espíritu catalán” (no en vano, el catalán deriva de un dialecto occitano) habría que preguntarse a aquellos que ven en la derrota borbónica de 1714 el hito del nacimiento de una nación fuerte, que hubiera ocurrido si las tropas cruzadas hubieran caído en Muret, y Pedro II hubiera podido extender su corona más allá de los Pirineos, con la Occitania como núcleo duro de un nuevo reino mayor y sin duda mucho más fuerte. Pero eso, como dice el narrador de Conan el bárbaro, es otra historia.

 

Via| ABC

Imagen| Pedro II de Aragón, Simón de Monfort, Batalla de Muret

En QAH| Doña Petronila de Aragón, Se cumplen 800 años de la decisiva batalla de Las Navas de Tolosa

 

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