Historia 


La Armada española en el siglo XIX: de la crisis al relanzamiento

La situación de la Armada española tras la Guerra de Independencia era cuanto menos crítica. La Hacienda española estaba gravemente dañada tras las últimas décadas de conflictos y la propia Guerra contra Napoleón. Por esta razón a la llegada de Fernando VII no se esperaba mejora alguna, quedando la Armada a la deriva durante dos décadas.

Fernando VII "el deseado"

Fernando VII “el deseado”

Ante esta perspectiva es de suponer que la política naval fue nula en la primera mitad del XIX. Los problemas sociopolíticos españoles derivaron en una desatención de otros aspectos como la política exterior, dejando de lado la recuperación de prestigio o posición respecto al resto de potencias. La sucesión de levantamientos y pronunciamientos liberales, junto a las políticas de represión de Fernando VII frenaron los estadios de desarrollo español por no ganar un gobierno que diera estabilidad al país. Esto formó parte de los motivos por los que se desatendió a la Armada, que por falta de dinero y medios echó a perder sus instalaciones y medios, ocasionando ruina y penurias entre oficiales y gente de mar, así como en las maestranzas. Para ejemplificar lo que planteamos, destacaremos que los informes de la década de los 30 del XIX, indican como en el Arsenal de Cartagena se inundaron los diques de carena por falta de mantenimiento.

Arsenal de Cartagena en el siglo XIX - Fuente: www.regmurcia.com

Arsenal de Cartagena en el siglo XIX – Fuente:       www.regmurcia.com

Tras las regencias de María Cristina y, tras la revolución del 1840, la del General Espartero, llegó al trono en 1844 Isabel II siendo apenas una adolescente. La situación interna de España seguiría siendo agitada, mostrándose la Reina como una dirigente influenciada por las decisiones que manasen de quien estuviera al cargo del Congreso. Además hay que tener en cuenta el deterioro socioeconómico de los conflictos armados internos, como era el caso de las  Guerras Carlistas.

En contraposición a décadas anteriores, las líneas generales de progresistas, moderados y liberales tuvieron un carácter más unificado a la hora de plantear la necesidad de relanzar a España hacia la modernidad y la recuperación de una posición en el panorama exterior. Sin embargo recordamos, que este hecho no libró al país de seguir sufriendo periódicamente golpes de estado, siendo conocido el reinado de Isabel II como la época de los “espadones”, refiriéndose con ello a las figuras militares que se rebelaban para imponer una de las posturas en el gobierno. O’Donnell, Narváez, etc., son algunos de los ejemplos que marcan la representación de posturas más progresistas o moderadas. Ante estos golpes la Reina pactará un determinado gobierno, viendo así varias etapas dentro del reinado: la Década Moderada (1844-1854), el Bienio Progresista (1854-1856) o el Bienio Moderado (1856-1858). A pesar de la agitación sociopolítica, el reinado de Isabel II y sus gobiernos, fueron conscientes de la necesidad de levantar el país hacia la modernización, incentivando medidas económicas que permitieron además de la recuperación, la construcción de infraestructuras y medios productivos que impulsaron la industrialización española. Los gobiernos de la Unión Liberal de las décadas de los 50-60, fueron los artífices del impulso definitivo a una Armada que se incorporaba a los planes de mejora del país.

Isabel II de España

Isabel II de España

La recuperación económica y la bonanza de mediados del XIX en España facilitaría la toma de medidas en cuanto a la Armada, iniciándose hacia la década de los 50 un relanzamiento de la política naval en España a través del impulso de personajes como Mariano Roca de Togores, Marqués de Molins y Ministro de Marina en los años 50, el cual mandó recabar información y proyectar las mejoras que habían de acometer para relanzar a la Armada después de casi 50 años de desidia absoluta. Las primeras fases de este proceso modernizador se resumieron en la actualización de los arsenales. El de Cartagena por ejemplo, vio cómo se proyectaban nuevas gradas de construcción, con varaderos de ferrocarril e incluso la construcción de diques flotantes. Estos hechos se encuadraron en el gobierno de la Unión Liberal, los cuales querían dar impulso la política de construcción naval moderna que debía venir con el proceso de industrialización español. También proyectó la construcción de navíos más modernos y adaptados, planteándose varias fragatas de hélice y a vapor. Se llegaron a realizar las fragatas de la clase Reina, Villa de Madrid y Concepción, entre otras, que portaban motores importados del extranjero por ser España aún incapaz de construirlos. Los navíos derivados de esas clases junto con los últimos modelos de navíos de línea (véanse los casos del Isabel II y el Francisco de Asís), también portaron ya carronadas, viendo un avance en la artillería naval. Más tarde se comprarían navíos a Inglaterra y Francia, llegando las primeras fragatas blindadas, como la Numancia. El plan del Marqués de Molins dejaba a la Armada a la altura de la nueva industrialización que desarrollaba el país.

Fragata blindada Numancia, construida en La Seyne, Francia

Fragata blindada Numancia, construida en La Seyne, Francia

La industrialización en España se dio gracias a la entrada de capitales ingleses y franceses, y en materia de construcción naval permitirían a mediados del XIX la introducción del vapor a la navegación, hecho que provocaría la adaptación de los nuevos sistemas proyectados en los arsenales al desarrollo de navíos con estas características nuevas. Se contrataron ingenieros de caminos que proyectasen las obras, y se contrataron también ingenieros y técnicos extranjeros para las nuevas construcciones y para que enseñasen a los trabajadores españoles de las maestranzas a usar las nuevas técnicas industriales y los nuevos medios, muchos de los cuales se compraron en Inglaterra. Se dio por lo tanto impulso a la Armada a través de la industrialización española, encaminándola a la modernización junto al resto del país.

El rearme se efectuaría incentivando la construcción naval, pero también con la compra de vapores al extranjero. Sin embargo estos procesos descritos, tuvieron un freno a partir del Sexenio Liberal y la nueva crisis económica que la siguió. No sería hasta la Restauración que veríamos un nuevo impulso a la política naval, consecuencia de un acuerdo no escrito entre los partidos turnistas en considerar estas políticas como ejes esenciales para la defensa de las posesiones ultramarinas y el mantenimiento del prestigio exterior.

Muestra de ello es la proyección y construcción en la década de los 90 de los diques secos de Cádiz y Cartagena, los cuales darían trabajo en el sector de la construcción a un alto número de personas. Era la muestra de que el sector naval en España volvía a suponer un activo importante en la economía y la sociedad de una buena parte del país, manteniéndose un nivel de normalidad en la Armada y lo que le rodeaba que se alejaba de la dura situación del primer tercio del siglo, a pesar de las pérdidas de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en el 1898.

Vía | BERNECKER, Walther L. España entre tradición y modernidad. Política, economía y sociedad (siglos XIX y XX). Madrid: Siglo XXI, 2009

FERNÁNDEZ DURO, C., Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón – Tomo VIII, Madrid, Museo Naval, 1972

RODA ALCANTUD, Cristina. Historia y obras hidráulicas en Cartagena en los siglos XVIII y XIX: ingeniería naval en el Arsenal militar. Revista murciana de antropología. 2007, nº 14, p. 425-440

RODA ALCANTUD, Cristina. La Base Naval de Levante y la Industria Naval en el contexto político, económico y social de la Región de Murcia. En: NICOLÁS MARÍN, María Encarna (coord.). Historia contemporánea de la Región de Murcia. Murcia: Universidad de Murcia-Servicio de Publicaciones, 2014, pp. 79-105

Imagen | Fernando VII, Arsenal de Cartagena en el XIX, Isabel II, Fragata Numancia

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