Historia 


La Agogé: La máquina de crear hombres (II)

Los niños eran educados para prescindir de toda superficialidad al vestir o con respecto a la estética, de forma que llevaban el pelo rapado y solo cuando alcanzaban la edad de efebos podían tener una larga y cuidada cabellera; así mismo, iban descalzos para endurecer sus pies y piernas hasta que alcanzaban los 12 años que se les permitía llevar el himatión o manto de lana. Posteriormente, a los niños que se les confeccionaba una túnica corta para vestir que se denominaba quitón, aunque de hecho, pasaban la mayor parte de su tiempo desnudos, sudorosos y mugrientos ya que rara vez se les dejaba bañarse. Respecto a su alimentación, las raciones de comida eran reducidas al mínimo imprescindible para sobrevivir y eran obligados a robar en los casos de más extremo racionamiento para poder mantener la vida. Si eran sorprendidos robando, los jóvenes espartanos eran severamente castigados mediante punición física que iba desde las palizas a las torturas de la más compleja índole, no por el hecho de robar, sino por la torpeza de haber sido atrapados en el acto. Las comodidades les estaban prohibidas y por ello debían dormir sobre un lecho de cañas cortadas a mano, sin herramientas, en el río Eurotas.

A los 7 años los niños eran separados de sus familias para instruirse en la Agogé

A los 7 años los niños espartanos eran separados de sus familias para instruirse en la Agogé

A pesar de la lacónica y ermitaña vida que llevaban, los niños contaban con servidores que les atendían, generalmente solo para sanarles las numerosas heridas que se infligían, salvo durante la prueba de la Krypteia –en la que eran abandonados en el campo para dar caza a los ilotas más fuertes, para robarles la comida y probar su valor en combate–. Al llegar a los 15 años, ya eran considerados efebos y se dejaban el pelo largo propio de los soldados, limpio, cuidado y perfumado con aceites. La tradición espartana rezaba que el pelo largo hacía a los soldados hermosos más bellos y a los ya feos más temibles.

La dialéctica y la retórica eran virtudes que se enseñaban esmeradamente en ciudades como Atenas, Tebas o Corinto, sin embargo, muy al contrario en Esparta se esperaba la máxima economía expresiva del lenguaje, esto es: el laconismo. El laconismo era y sigue siendo una forma de expresarse de forma proverbial en concisión, brevedad y solidez, utilizando el menor número de palabras posible, evitando dar rodeos o artificios lingüísticos y con un afilado y mordaz ingenio. Destacan ejemplos a lo largo de la Historia aunque posiblemente el más famoso es el de Dienekes en la Batalla de las Termópilas, cuando un oficial persa utilizó una larga y ostentosa hipérbole para exagerar el número de los arqueros de Jerjes I diciendo que sus flechas nublarían al mismísimo Sol, a lo que el espartano simplemente respondió: pues lucharemos a la sombra.

La agogé no era una cuestión únicamente estatal o gubernativa, era una práctica común interiorizada en la sociedad civil, de forma que cualquier ciudadano podía castigar físicamente o azotar a un infante que cometiera un error o incumpliera la disciplina de su instrucción; la propia sociedad velaba por que la agogé se cumpliera lo más exquisitamente posible. Hasta los 20 años el estado asumía la tutela del niño y a partir de esa edad eran integrados en las unidades militares espartanas en régimen de acuartelamiento permanente como soldados.

Cualquier momento del entrenamiento de la agogé era cruel, sádico y brutal, sin embargo, por encima de todos ellos destaca el ritual del apaleamiento como forma de doblegar la debilidad de los niños espartanos. El lugar del apaleamiento solía encontrarse situado en un bosque cercano a la ciudad aunque medianamente apartado al que sin embargo cualquier ciudadano espartano estaba invitado a ir a observar el ritual. Se escogía un árbol de profundas raíces y tronco firme y robusto y a él se ataba una cadena con una larga vara de madera en los extremos. Aleatoriamente se escogía a uno de los aspirantes que se cogía de la vara mientras era apaleado seguidamente por dos de sus compañeros, otros dos lo sujetaban por si se desmayaba por el dolor. La paliza se realizaba con cañas de bambú debido a las propiedades de su madera: dolía, picaba y desgarraba la piel. Si el dolor hacía mella en la fortaleza del muchacho y se caía, sus dos compañeros le sujetaban para que pudiera seguir siendo apaleado. A pesar de su barbarie y salvajismo, el “ejercicio” tenía una finalidad clara y concisa:

  • Para el apaleado: aprender a aguantar y soportar mejor el dolor, no darse por vencido.
  • Para el que golpeaba: no detenerse ni vacilar en el ataque incluso cuando se veía el sufrimiento y el daño que se estaba infligiendo al enemigo.
  • Para el que sujetaba: aprender a ver sufrir y morir a sus compañeros y amigos pero no vacilar en continuar con la misión o las órdenes de sus superiores.
En la Krypteiam los niños eran abandonados en el campo para que sobrevivieran por sus propios medios

En la Krypteia los niños eran abandonados en el campo para que sobrevivieran por sus propios medios

Quizá lo más sorprendente de la práctica es que no se trataba de un castigo disciplinario ejemplificante, sino de un mero ejercicio habitual y aleatorio aunque si bien también era aplicado a los niños que eran sorprendidos robando comida. Por último, impresiona igualmente que una vez retirados de la penitencia con el cuerpo demacrado, los niños rara vez eran curados salvo que su vida se encontrara en grave peligro en ese instante. Es importante recordar que el ejercicio no se detenía hasta que el infante soltaba la vara y que sus amigos no podían detener la ceremonia hasta que el apaleado se soltara; pero si éste decidía no hacerlo, se continuaba con la ceremonia hasta arrebatarle la vida. Plutarco relataba casos de jóvenes espartanos que murieron apaleados por la arrogancia de no sucumbir al dolor y soltar el palo delante de sus camaradas aun cuando sus compañeros les recomendaban que así lo hicieran.

Todo este duro entrenamiento y disciplina hacía de los espartanos los guerreros más eficaces y temidos de toda Grecia y posiblemente los mejores combatientes de toda la Antigüedad; es por ello que la agogé, como sistema instructivo, es la máquina de crear hombres.

Vía|Thomas R. Martin: An Overview of Classical Greek History from Mycenae to Alexander, disponible en Persesus Project

Imágenes|Separación, Lobo

En QAH|La Agogé: La Máquina de crear hombres (I); Agogé: La educación espartanaEsparta: Los outsidersEsparta, ¿el ejército más disciplinado y temible?

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