Coaching y Desarrollo Personal 


La adrenalina, las 10.000 horas y el miedo a hablar en público

En este mundo de ruido más que de información, el que haya un sitio que intente desde la cercanía y sin ningún atisbo de esnobismo, acercar temas más o menos complejos a cualquiera que tenga interés me parece muy loable. Por eso, QAH me parece una interesantísima iniciativa, no sólo por el objetivo, sino por la gente que hay detrás del proyecto. Estoy encantado de poner mi granito de arena para que todos podamos aprender algo nuevo cada día, y espero con este primer escrito, cumplir con el nombre de QAH.

La adrenalina, las 10.000 horas y el miedo a hablar en público

Llevo unos cuantos años hablando y escribiendo de forma habitual de cómo hablar en público. No es que lo haga de forma profesional, ya que hasta ahora lo he hecho por “amor al arte”. Eso sí, me lo tomo muy en serio, y creo que mis audiencias también. Y es que, cómo leía el otro día no recuerdo dónde, ya nos vamos dando cuenta en este país de que hablar bien en público es una habilidad muy importante, y que es una habilidad que se puede aprender y no coto sólo de los talentos naturales. Todos los que habláis en público sabéis que tener la audiencia interesada en lo que vas a contar hace todo mucho más fácil.

Y la verdad, es que nunca he tenido ninguna queja sobre mis audiencias. Casi siempre doy este tipo de charlas a jóvenes emprendedores. Esos chicos son verdaderas esponjas, y muy importante, todos ya tienen claro que saber hablar en público es algo que han de dominar si quieren ser exitosos. El nivel de atención e interés está siempre por las nubes, lo cual hace mi parte del trabajo muy sencillo, y sobre todo, muy gratificante.

Sin embargo, el otro día me enfrenté a una audiencia un poco diferente. Primero, era un grupo un poco mayor de lo normal (estas sesiones son más potentes con grupos de menos de 10 personas, y esta era de más de 20), y segundo, eran más jóvenes de lo normal, en concreto, estudiantes universitarios, en su mayoría de los primeros años.

Vaya por delante que creo que la charla les interesó, y yo me lo pasé muy bien con ellos, pero con una diferencia fundamental con mis audiencias habituales, la gran mayoría de ellos no consideraban que hablar en público fuera algo importante para su futuro, y unos pocos, tenían verdadero pavor a hablar en público. De hecho, estaban allí prácticamente obligados por la directora del colegio (por cierto, me quito el sombrero por su dedicación) para que pudiera superar sus miedos.

En mis charlas hablo de lo importante que es tener el nivel adecuado de tensión a la hora de dar una presentación, es tan malo estar demasiado relajado como demasiado nervioso. Para ilustrarlo, hablo de la adrenalina, y cómo esta hormona es una ventaja evolutiva que tenemos los mamíferos por el control que ejerce sobre el efecto huida (entre otras cosas). De hecho, en una charla unos días después, me advirtieron sobre hablar de este tema delante de médicos, así que pongo aquí el enlace a la wikipedia para no meter la pata.

Malcom Gladwell habla en su libro Outliers (curiosamente, libro que me regaló junto a Tipping Point, también de este autor, la directora del colegio al acabar la charla) de la regla de las 10.000 horas. En mis charlas, utilizo algún vídeo suyo, y hablo de este regla para intentar explicar que en esto de hablar en público, no hay milagros. Básicamente esta “regla” dice que para ser realmente bueno en algo hay que practicar algo, en este caso, hablar en público, 10.000 horas. Vaya por delante que en estas reglas hay poco de ciencia y mucho de aspiración, aunque Malcom intente respaldarla con ciertos estudios. Pero el mensaje es muy claro, practicar, practicar, practicar (otra cosa que suelo repetir mucho en mis charlas).

Pero claro, para esos estudiantes totalmente aterrorizados con hablar en público (por cierto, a pesar de que juraron y perjuraron que no saldrían a hacer ninguna presentación, lo hicieron, y muy bien) no es ningún consuelo decirles que necesitan 10.000 horas de vuelo para poder controlar sus nervios y hacer unas presentaciones excelentes.

Pero en realidad, incluso la gente que no ha presentado nunca, ha vivido experiencias que le pueden ayudar a modular los nervios. Experiencias sobre las que podemos apoyarnos para manejar ese momento de mariposas en el estómago. Deporte, actuaciones musicales, teatro, exámenes, o cualquier otra situación estresante, son vivencias que podemos recuperar para controlar los nervios antes de una presentación. De la misma manera que fuimos capaces de controlar los nervios antes de meter aquella canasta, relajarnos un poco antes de un examen importante, o conseguir centrarnos antes de salir a un escenario a representar una obra de teatro, podremos hacerlo para una presentación. Obviamente, no es lo mismo, y para preparar bien la presentación, tendremos que hacer muchas otras cosas. Pero si nos centramos exclusivamente del estrés de enfrentarte a una audiencia, y de encontrar ese punto dulce de nervios, ni mucho, ni poco, todos tenemos ya vivencias en las que hemos pasado por situaciones de nervios similares.

Así que si sufres de glosofobia (obviamente, en casos extremos habrá que buscar soluciones más extremas) te recomiendo que intentes revivir experiencias estresantes en tu vida que fueras capaz de manejar, e intentes recuperar las sensaciones con las que controlaste el estrés. Esas sensaciones, esos resortes mentales, te ayudarán también en esa próxima presentación. Y no sólo eso, ese contador de horas de vuelo se puede ir llenando con horas de experiencias parecidas. Busca situaciones estresantes con las que practicar. Si piden voluntarios para algo que te genere nervios, da un paso adelante. Si en tus aficiones hay situaciones que te pueden colocar delante de mucha gente, búscalas, no las rehúyas en busca de una falsa comodidad. Todas esas de vuelo “adyacentes” te ayudarán el día que tengas que deslumbrar a tu audiencia.

*Las opiniones reflejadas en los escritos del Autor no representan necesariamente las de Intel Corp., siendo aportadas de forma exclusivamente personal.

Imagen| Hablar en público

RELACIONADOS