Coaching y Desarrollo Personal 


La adolescencia, diana de las drogas

Cambios corporales, aparición de vello en varias partes del cuerpo, la primera regla (“menarquia”) o las primeras eyaculaciones son algunos de los cambios que sufren nuestros hijos en la adolescencia. Pero, ¿son estos los únicos?

La adolescencia es definida como la etapa fronteriza entre la edad adulta y la infancia. Esta se caracteriza porque el individuo no solo experimenta cambios físicos que afectan a la percepción de sí mismo (autoconcepto), sino que también sufre cambios psicológicos.

Por un lado, desarrollan una inteligencia más formal caracterizada por la capacidad de abstraer y realizar análisis sistemáticos. Esto es lo que les permite tener una visión más crítica del mundo, el cual será percibido como injusto. Comienza así la etapa de “rebeldía contra el sistema”.

Por otro lado, experimentan cambios repentinos de humor  (de origen principalmente hormonal), así como la necesidad de diferenciarse de sus padres y adquirir identidad propia.

El grupo como facilitador de la identidad.

El grupo, creador de identidad.

Este proceso se encuentra en los grupos, quienes marcan cómo hay que vestir, pensar, comportarse, etc. Por ello, los grupos pueden ser tanto un factor de riesgo  (factor facilitador) como de protección (factor inhibitorio) frente la realización de determinadas conductas de riesgo como el consumo de drogas.

Sin embargo, este no es el único factor que influye en el consumo de sustancias. Existen otros como los de carácter individual (baja autoestima, baja tolerancia a la frustración,…), los de carácter social (disponibilidad de sustancias, publicidad, cultura…) y los relacionales  (familia, escuela e iguales).

Dentro de estos últimos, la familia tiene un papel fundamental no solo para la prevención sino también para detectar los primeros “consumos”.

¿Cómo detectar el consumo en los hijos?

Por un lado, el consumo de drogas tiene asociado un conjunto de efectos que pueden observarse directamente en el consumidor. Por lo general los efectos son:

-Sedación, somnolencia y enlentecimiento general (drogas sedantes).

-Sensación de mayor rendimiento físico (drogas estimulantes).

-Alteración de la percepción, atención, memoria y razonamiento (drogas perturbadoras).

Por otro lado, también podemos observar una serie de cambios en nuestros hijos:

-Cambios en el aspecto físico: enrojecimiento de ojos, ojeras persistentes…

-Cambios en los hábitos de higiene y en la alimentación.

-Alteraciones en el rendimiento académico debido al absentismo o desmotivación.

-Cambios en la comunicación familiar: por lo general, suelen retraerse y emplear mentiras para justificar su comportamiento.

-Alteraciones del sueño.

-Incremento de las necesidades económicas.

En este punto conviene recordar la necesidad de no precipitarnos  y realizar falsas atribuciones. Por ello, es conveniente consultar con un especialista nuestras percepciones.

¿Cómo actuar si hay evidencias de que consume? Siguiendo la línea propuesta por Matellanes (1999), en este caso deberemos concienciarle del problema y buscar juntos una solución. Para ello se propone:

-Plantear de forma abierta el problema y mantener una actitud positiva de diálogo.

Actitud positiva de diálogo.

Actitud positiva de diálogo.

-Conservar el rol del adulto que rechaza las drogas.

-Informarle de nuestro conocimiento sobre las mismas y las consecuencias de su
consumo. No conviene exagerar  pues perderíamos credibilidad.

-Buscar ayuda profesional para iniciar un tratamiento de apoyo.

¿Cuáles son los tipos de tratamiento? En la actualidad existen: Centros Ambulatorios, Hospitales de Día, Comunidades Terapéuticas, Unidades de Desintoxicación y Programas de mantenimiento con metadona.

A pesar de la existencia de una gran variedad de recursos para el tratamiento de las drogadicciones, tenemos que tener en cuenta que parte de su eficacia depende de la familia. Esta será la que proporcione mayor información a los profesionales y la que facilitará que el drogodependiente acepte íntegramente el tratamiento.

En conclusión,  ustedes, las familias, pueden “prevenir y curar”.

Vía| Matellanes Matellanes, M. (1999). Cómo ayudar a nuestros hijos frente a las drogas. Barcelona: EOS

Más información| Municipal, C.S. (s.f.). Protocolo de actuación ante una situación de consumo: padres-hijosAlicante

Imagen| Actitud de los padres, Adolescencia y drogas, Grupo

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