Salud y Deporte 


La actividad como herramienta para combatir la depresión

El principal problema que aparece cuando sufrimos síntomas depresivos, es la disminución drástica de actividades en nuestra día a día.  En estos casos lo que suele ocurrir es que ante la aparición de sentimientos de tristeza y desánimo, comúnmente tendemos a evitar cualquier tipo de actividad dando un tiempo para que este malestar desaparezca.

 Esta hipótesis no es muy acertada, ya que a la larga hace que el problema se mantenga y desarrolle. Albert Ellis (1962), postula en su teoría ABC algunas pistas para entender que ocurre durante los episodios depresivos.

Según esta teoría:

A: Es el acontecimiento activador, un suceso real y externo que se le presenta al sujeto

B: Son pensamientos que la persona utiliza como respuesta a A, es la valoración que hace el sujeto del suceso acontecido.

C: Es la consecuencia emocional o conductual del sujeto

Por tanto ante una situación específica, contamos con una serie de pensamientos en los cuales hacemos una valoración de la situación acontecida. Automáticamente esta valoración hace que nos sintamos de una determinada manera experimentando una emoción u otra y llevándonos, en consecuencia, a emitir o no una conducta.  En este esquema hay un claro modulador, nuestro pensamiento, que además está claramente influido por nuestro sistema de creencias.

Efectivamente, en función de nuestro sistema de creencias y los pensamientos que se deriven del mismo, ante acontecimientos similares podríamos experimentar emociones totalmente opuestas. Cuando nuestro sistema de creencias elabora pensamientos negativos, desadaptativos o no realistas tendemos a evitar cualquier tipo de actividad, esto nos provoca malestar a corto plazo, pero además limita nuestra actividad de tal modo que cada vez experimentamos menos situaciones placenteras permitiendo que cada vez “B” esté formado por más pensamientos negativos. En este caso “C” traerá progresivamente más sintomatología depresiva, asociada a tristeza, desánimo, falta de interés por todo…….

Teniendo en cuenta todo esto, podemos observar como disminuir el nivel de actividad, produce un mantenimiento de la depresión a través de un círculo vicioso. El bajo estado de ánimo lleva a no hacer actividades, y esta falta de activación produce aún más síntomas depresivos.

Por ello, es muy importante incrementar el nivel de actividad para poder mejorar el estado de ánimo. Las actividades a realizar se deben ir realizando de manera moderada y ajustándolas al momento actual.

La clave está en cambiar la estrategia, quizá pueda requerir de un poco de esfuerzo realizar algunas actividades en esos momentos en que tenemos un estado de ánimo tan bajo, pero si planificamos las cosas bien y definimos de forma adecuada un planning semanal de actividades estaremos en el camino correcto.

Via| Reazziona

Imagen| Albert Ellis ABC

Más información| Reazziona

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