Especial II Guerra Mundial, Historia 


La actitud de Franco durante la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 comenzaba el conflicto bélico más letal de la historia del ser humano. La Segunda Guerra Mundial llevó a la mayoría de los países del globo a inmiscuirse en los asuntos europeos y pocos fueron los estados que quedaron al margen de tal contienda. España declaró su neutralidad el 4 de septiembre pero esa imparcialidad no fue tan oficial como se pretendió anunciar cuando Franco aprobó un decreto ordenando a los españoles “la más estricta neutralidad”.

Portada de La Vanguardia el 5 de septiembre del 39. España declara su neutralidad.

Portada de La Vanguardia el 5 de septiembre del 39. España declara su neutralidad

El régimen dictatorial simpatizaba sobremanera con las potencias del Eje y la política exterior española fue variando a lo largo del conflicto según los acontecimientos de la guerra. Esta entrada presenta la actitud cambiante de España, y por tanto de Franco, durante la Segunda Guerra Mundial en materia internacional.

España optó por la neutralidad debido al desgaste que supuso la Guerra Civil y la necesidad de una reconstrucción vital del país. El coronel Juan Luis Beigbeder, Ministro de Asuntos Exteriores a principios de la guerra, además afirmaba que el conflicto europeo no afectaba directamente a la nación española.

La estricta neutralidad se mantuvo durante los diez primeros meses de la guerra aunque España mostraría siempre una actitud parcial no oficial pues era común permitir a alemanes e italianos navegar por las aguas españolas o surcar los cielos pertenecientes a la nación franquista sin que hubiera intención alguna de que esto no fuera así. El embajador inglés en Madrid se quejaba al Ministro de Asuntos Exteriores español sobre la permisividad de las autoridades del Régimen en materia de la libre circulación de unidades militares del Eje. El acercamiento español al bando alemán alcanzaba tal magnitud que cuando eran navíos y aviones franceses e ingleses los que atravesaban las fronteras españolas estos eran internados, es decir, se requisaba la embarcación o el aeroplano en particular y se detenía a los militares aliados. De hecho, estaba prohibida en España la entrada de civiles que pertenecieran a países del bando de los aliados que estuvieran en edad de combatir.

Cuando en 1940 la guerra se muestra totalmente favorable a los alemanes, se une Italia al bando del Eje y se toman los Países Bajos y Francia, Franco opta por cancelar la neutralidad y declara España como no beligerante. El 12 de junio el Consejo de Ministros español anunciaba:

Extendida la lucha al Mediterráneo por la entrada de Italia, en guerra con Francia e Inglaterra, el Gobierno ha acordado la no beligerancia de España en el conflicto”.

La no beligerancia significaba que España se abstenía provisionalmente de participar en la guerra y mantenía relaciones con los estados beligerantes de Alemania e Italia como si estos no formaran parte del conflicto. Este cambio diplomático no es otra cosa que la oficialización de la situación española desde el inicio de la contienda. Los hechos relatados anteriormente sobre la ayuda proporcionada a las potencias del Eje en la Península, se multiplican ahora al igual que las quejas de la embajada británica en Madrid. Los buques de apoyo alemanes permanecieron en puertos como Vigo, Cádiz y Las Palmas durante dos o tres años, suministrando recursos a los submarinos nazis. En cuanto a los aviones que sufrían un aterrizaje forzoso, si eran alemanes o italianos se repatriaban con celeridad para continuar haciendo la guerra en otros cielos europeos, si eran de la Francia libre o británicos, estos eran internados hasta el final de la guerra.

La Embajada Británica también denunciaba que las autoridades franquistas habían permitido a las potencias del Eje la creación, en Andalucía y el norte de África, de una amplia red dedicada al sabotaje de buques ingleses. Esta red se valía también de multitud de espías que también trabajaban contra EEUU e incluso los italianos tenían un asentamiento militar en la ciudad de Ceuta.

La actitud diplomática española fue tan voluble durante los años de la Segunda Guerra Mundial que el Ministerio de Asuntos Exteriores fue ocupado por cuatro hombres dependiendo de los intereses de Franco en la contienda. Si la guerra empezaba con el militar Beigbeder como ministro, la no beligerancia española significó la entrada en el Ministerio de Serrano Suñer (17 de octubre de 1940), cuñado de Franco y miembro importante de la Falange Española. Es en estos años cuando a Franco le interesa mostrarse más fascista que nunca de cara al público internacional. El 23 de octubre de 1940 se produciría la famosa reunión entre Franco y Hitler en Hendaya.

Hitler y Franco en Hendaya (Francia).

Hitler y Franco en Hendaya (Francia)

La entrevista pretendía acercar posturas entre España y Alemania si la primera decidiera entrar en guerra definitivamente. Los alemanes consideraron que las exigencias franquistas tras una supuesta victoria del Eje (devolución de Gibraltar, entrega del Marruecos francés, parte de Argelia y Camerún etc.) eran desorbitadas y no se consiguió llegar a un acuerdo importante. Esta fue la fecha donde la cercanía entre las potencias del Eje y España se encontró en su punto álgido y a partir de aquí las relaciones fueron quedando en un punto muerto, más aún cuando en el verano de 1942 se filtró la noticia de la operación de desembarco aliado en el norte de África y Franco empezó poco a poco a alejarse de Hitler y Mussolini y a mostrar una actitud más neutral. Las dificultades bélicas que empezaba a sufrir Alemania en 1943 hicieron que Hitler desestimara definitivamente la participación española para no tener que defender otro frente y en octubre de ese año España volvía a la neutralidad inicial.

Propaganda anticomunista del Régimen franquista

Propaganda anticomunista del Régimen franquista

Serrano Suñer había dejado de ser Ministro de Asuntos exteriores en septiembre del 42, reforzando la idea de Franco de alejarse poco a poco de las potencias del Eje, su puesto sería ocupado por un militar (Francisco Gómez-Jordán Sousa) y el Régimen franquista fue sustituyendo a los falangistas por militares y posteriormente por miembros de la Iglesia. Con la vuelta a la neutralidad, Franco quiso vender que España abogaba por la paz y se despegaba de nazis y fascistas para, en los últimos años de la guerra, defender su actitud anticomunista atrayendo las simpatías de estadounidenses, británicos y franceses.

Se podría afirmar que este movimiento diplomático franquista al final de la guerra contribuye en parte a que Franco se mantuviera en el poder en España tanto tiempo con el beneplácito de los aliados que vieron con buenos ojos mantener una dictadura que no se inmiscuiría en asuntos internacionales durante unos cuantos años.

 

Vía| Morcillo Rosillo, Matilde, Violación de la neutralidad de España durante la Segunda Guerra Mundial, Estudios Humanísticos. Historia. ISSN 1696-0300, Nº 12 2013 , págs 289-307; Morales Lezcano, Victor, Neutralidad y no beligerancia española en la Segunda Guerra Mundial. Revista de Estudios Internacionales. ISSN 0210-9794, Nº 4 1983, pág 109.

Imágenes| Portada, Hendaya, Propaganda.

En QAH| Especial 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial

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