Cultura y Sociedad 


Kurt Vonnegut, el bombardeo de Dresde y un viaje a Tralfamadore

Un 16 de noviembre de 1973, un decepcionado Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922 – Nueva York, 2007) escribe una airada carta a Charles McCarthy, director del Drake High School en Dakota del Norte:

«Deduzco (…) que usted me imagina, así como a otros escritores, como una especie de rata que disfruta de ganar dinero a base de envenenar la mente de los jóvenes (…) Yo he criado a seis hijos, tres propios y otros tres adoptados. Todos son buenas personas (…) Soy veterano de la infantería de combate de la Segunda Guerra Mundial, y estoy condecorado con el Corazón Púrpura. Todo lo que tengo lo he ganado a base de trabajar muy duro. (…)
Si se tomara usted la molestia de leer mis libros, y de comportarse como lo hacen las personas educadas, sabría que no son eróticos, ni defienden violencia de ningún tipo. En ellos se reclama que la gente sea más amable y responsable de lo que acostumbra. (…)
Si usted y su junta están aún convencidos de poseer conocimiento y madurez para el ejercicio de la educación de jóvenes en una sociedad libre, deberían admitir que lo que les enseñan es una lección podrida; cuando denuncian y, de seguido, queman libros… libros que ni siquiera han leído (…)»

Y concluye:

Again: you have insulted me, and I am a good citizen, and I am very real.

Kurt Vonnegut.

En efecto, en 1973, Bruce Severy, un joven profesor de literatura en ese instituto eligió la novela semi-autobiográfica de Vonnegut, Matadero Cinco (Slaughterhouse-Five, or The Children’s Crusade) como lectura de apoyo para sus clases. Sus alumnos estaban encantados, pero no así el director del centro, Charles McCarthy (ignoro si tendría parentesco alguno con el senador republicano Joseph McCarthy, desafortunadamente famoso por su pertinaz “caza de brujas” promovida por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, entre los años 40 y 50 del siglo XX; pero resulta curiosa la coincidencia en el apellido) consideró lo más apropiado quemar los treinta y dos ejemplares de la novela en el horno de la escuela. Sí: quemar.

Matadero Cinco fue publicada por primera vez en 1967, precisamente en una época en la que resonaba en el consciente colectivo el sentimiento antibelicista generado por la Guerra de Vietnam, y enseguida se situó en el “top ten” de la lista de los libros más vendidos de The New York Times. A pesar de ello, y de estar considerada una de las mejores novelas modernas, paralelamente ha estado (y parece que aún está) prohibida en muchas escuelas y bibliotecas del mundo, por quienes consideran obsceno el contenido de la novela.

En 1945, un joven Kurt Vonnegut, soldado de infantería de EE. UU. en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, es destinado junto a su escuadrón a la ciudad alemana de Dresde. “Muchachos –cuenta Vonnegut que les arengó el oficial británico al mando- esta tarde partiréis hacia Dresde (una bonita ciudad, creo). No tenéis que preocuparos por los bombardeos; Dresde es una ciudad abierta. Está indefensa, y no tiene industrias de armas ni concentraciones militares de importancia” (En realidad, Vonnegut quedó aislado de su regimiento tras la Batalla de las Ardenas, y vagó en solitario hasta ser hecho prisionero por las tropas alemanas. Fue encerrado junto a otros prisioneros en la nave de un matadero, de ahí el título de la novela).

Como es sabido, del 13 al 16 de febrero de 1945, la ciudad fue aniquilada por los bombardeos aéreos de las tropas aliadas (la RAF y la USAAF, concretamente), convirtiéndose después en uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial. Unas 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios ocasionaron una tormenta ígnea, cuyo devastador efecto quedó inmortalizado gráficamente por Richard Peter.

De hecho, causó un gran malestar entre los círculos intelectuales británicos. El mismo Winston Churchill tenía reparos respecto al ataque: “Pienso que ha llegado el momento de replantearse la cuestión de bombardear las ciudades alemanas con el mero propósito de propagar el terror (…)”, escribe al General Ismay, jefe del Estado Mayor Británico.

En tono de ciencia-ficción, Vonnegut narra en Matadero Cinco los acontecimientos de los que fue testigo en Dresde.

«Como sabrá, procedo de un planeta ocupado en matanzas sin sentido desde el origen de los tiempos. Yo mismo he visto los cadáveres de colegialas que fueron hervidas vivas por mis propios paisanos, orgullosos de luchar en la pura maldad de aquel momento (…) Y yo mismo me he alumbrado en la prisión con velas fabricadas con la grasa de seres humanos que fueron descuartizados por los padres y hermanos de esas colegialas. ¡Los terrícolas debemos de ser el terror del Universo!»

Billy Pilgrim, el protagonista de la novela, alter ego del propio Vonnegut, es un optometrista capaz de viajar en el tiempo, gracias a la facultad que recibe de los habitantes de otro planeta, Tralfamadore, que también ha podido visitar, y capaz a su vez de contar de forma punzante, a la vez amarga y divertida, el choque entre la inocencia más pura y el apocalipsis de la guerra. Infinitamente desencantado con la humanidad y consigo mismo, expresa su decepción con una mezcla de humor negro y profunda desesperanza. Su particular odisea (obsérvese que ‘pilgrim’ significa ‘peregrino’ en inglés) por el tiempo le hace reflexionar sobre las terribles experiencias de la guerra y las sombras más tenebrosas de la condición humana. Su oficio de optometrista tampoco parece casual: es el profesional encargado de diagnosticar, prescribir, compensar y tratar las anomalías las anomalías refractivas, binoculares, motoras y sensoriales de la vista; si bien es difícil hacer ver la realidad a quien no quiere… ‘I was there’, repite mientras yace convaleciente en el hospital, letanía que será el lema inconsciente de toda su vida: su viaje en el tiempo es imaginario, pero cierto como la peor de las pesadillas. ‘I was there’. Despectivamente, le diagnostican ecolalia, un trastorno del lenguaje en el que el afectado repite involuntariamente una palabra o una frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia, como el eco. Pero Billy sabe que su enfermedad mental no está bien diagnosticada ni puede ser tratada, porque todas las causas de su enfermedad pertenecen a la cuarta dimensión, y los médicos tridimensionales de la Tierra son incapaces de percibirlas, ni siquiera pueden imaginarlas.

Es la lesión que causan los recuerdos: esos viajes que, con mayor o menor frecuencia, todo ser humano hace en el tiempo.

La portada completa de Matadero Cinco, lleva el siguiente texto como rúbrica:

«Un germano-americano que actualmente vive en cómodas circunstancias en Cape Cod [fumando mucho], quien, como Soldado de Infantería Americana ‘Hors de combat’, como prisionero de guerra, testigo del bombardeo de Dresde, Alemania, “La Florencia del Elba”, hace mucho tiempo, sobrevivió para contar la historia. Esta es una novela de alguna forma al estilo telegráfico y esquizofrénico de los cuentos de Tralfamadore, de donde vienen los platillos volantes. Paz».

Finalmente, veintitrés años después, los americanos oyen hablar del bombardeo de Dresde. Intolerable y descorazonador para el carácter biempensante de parte de la sociedad –no sólo- americana. Mejor, prohibir libros, o quemarlos…

So it goes.

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(*) En 1972, George Roy Hill dirigió la adaptación al cine de ‘Matadero Cinco’, con guion de Stephen Geller, e interpretada por Michael Sacks, Ron Leibman y Valerie Perrine. La película ganó premios como el Premio Hugo (otorgado por la Convención Mundial de Ciencia Ficción a las mejores obras y logros en ciencia ficción o fantasía), el Premio Saturno (otorgado por la Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror de EE. UU.) y el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes de ese mismo año.

Y en 2006, el alemán Roland Suso Richter dirigió ‘Dresde’ (Dresden, es su título original, que también suele ser llamada ‘Dresde: el inferno’), basada en este mismo episodio de la II Guerra Mundial.

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Lamentablemente, en la actualidad, Dresde está siendo cuna del movimiento ‘Pegida’ (“Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”, en alemán: Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes), un movimiento que por sí mismo no necesita extranjeros para manifestar su odio hacia ellos – en Sajonia no ha habido nunca inmigrantes, pero es un bastión tradicional de la ultraderecha alemana-, y que se manifiesta cada lunes contra lo que consideran un abuso del derecho de asilo y la amenaza a la cultura alemana…

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Vía: Vonnegut, Kurt: Slaughterhouse-Five, or The Children’s Crusade

Imagen: Richard Peter: “Dresde tras el bombardeo vista desde lo alto de la torre del ayuntamiento”.

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